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El Aguador.

Por:Gilberto Guerrero López.:

Mariposas lo acompañan
por las calles empedradas
de un Grullo multicolor
de tejados con enjaule
de carrizos y de otates
protegiendo del calor,
son los techos de la gente
que ya espera al aguador
…al aguador…al aguador …

Del camino del Colomo
Agua zarca de la noria
él nos trae hasta el hogar
al filtro de piedra porosa
…Es el agua de tomar.
En jarros de barro cocido
al andante o al viajero
el Grullense hospitalario
siempre tiene para dar.

Hoy mi Grullo ha cambiado
llegó la modernidad
y aunque sigue hospitalario
yo recuerdo con agrado
…al aguador
…al aguador
…al aguador.

Aprendiendo a pescar 

De congruetónica; es por servicio y beneficio. 

Consciente, equitativo he igualitario.

¡En valores hechos vida!

Cooperar = Ceder.

En busca del bien común.

Unidos mejorando “calidad de vida”   

Fuera premios de puntualidad que desdeña valores.

Estimada Comunidad de El Grullo, amantes de la Cultura y las Artes:

Quisiera extender mi gratitud a todos aquellos que han contribuido de alguna manera a mi trayectoria en el periodismo cultural y local, ya sea con su inspiración, su colaboración o su amistad. Vuestras palabras de aliento y vuestra presencia en este camino han sido un constante motor que impulsó mi pasión en el quehacer periodístico durante más de cuarenta años.

En estos tiempos desafiantes, hemos sido testigos del poder y la fortaleza que surge cuando nos unimos como comunidad. Vuestra participación activa, vuestro compromiso y vuestro amor por El Grullo han sido la verdadera fuerza detrás de cada logro, cada sonrisa compartida y cada paso hacia adelante que hemos dado juntos.

Agradezco profundamente a mis seres queridos, mi familia y amigos, por su apoyo incondicional, su amistad y su amor. Les estaré eternamente agradecido por ser mi fuente de inspiración y mi sostén en cada paso del camino.

Una vez más, agradezco sinceramente todo lo que hacen, por ser quienes son y por el impacto positivo que generan en nuestras vidas y en nuestra comunidad. Que la gratitud que siento hacia cada uno de ustedes trascienda estas palabras y se convierta en acciones qué enriquezcan la vida de todos nosotros.

Sigamos cultivando el amor por El Grullo, siendo el motor que impulse nuestro progreso y nuestro bienestar colectivo. Sigamos construyendo una comunidad más fuerte, más unida y más solidaria.

Con eterno agradecimiento y afecto,

Leonel Michel Velasco

Reforma Penitenciaria en Jalisco

Centro de Readaptación Social (1979 – 1982)

Organización y Estudios Administrativos del Estado de Jalisco (D.O.E.A.), Reforma Penitenciaria bajo el mandato del Gobernador Flavio Romero de Velasco

Por: Leonel Michel Velasco.

Ese día, sin considerar riesgo alguno, nos adentramos en el pueblito de Oblatos, dispersándonos de inmediato entre la nutrida población, para indagar y conversar con algunos internos del penal. Conocí cada rincón: la escuela, la fábrica de pelotas, la pequeña iglesia. Presencié sus abarrotadas celdas, similares a condominios de dos niveles , sus pequeñas tiendas, puestos de tortas y taquerías. Caminé por calles donde dormían los menos afortunados, que eran mayoría.

Me tocó ver también los espacios de unos pocos privilegiados en sus reductos de seguridad y poder, con privacidad y diversas comodidades, como horno de microondas, agua caliente, baños de vapor, televisión.

Poco tiempo más tarde averigüé que la Penal de Oblatos, fue diseñada para ochocientos reclusos, pero albergaba a más de tres mil almas. Asimismo, de una fuente confiable descubrí que los privilegiados disponían de teléfonos, compañía femenina, armas y ocasionalmente salían del penal bajo una discreta custodia.

Recuerdo que, al finalizar nuestra visita, ya en grupo nos dirigimos a la salida en donde nuevamente escuchamos el anuncio ¡Salen “dotores!” (así, sin la c), entonces la primera puerta se abrió, y tal cual, con otro grito la segunda. Sin más, abandonamos el lugar.

Internamente, reflexioné sobre lo sencillo que habría sido escapar, considerando también que fácilmente podrían haberme secuestrado y quitado la blanca bata de “dotor”.

(Cabe mencionar que en ese tiempo Guadalajara era conocida por su tequila, su mariachi y por Oblatos)

Mi segundo encuentro con el Penal de Oblatos fue a través de una convocatoria de Gobernación, dirigida a psicólogos interesados en tomar un diplomado en Criminología, con la posibilidad de emplearse en la anunciada Reforma Penitenciaria del Estado de Jalisco.

Fuimos aproximadamente cerca de 130 aspirantes los que nos presentamos y recibimos el Diplomado impartido por cuatro excelentes ponentes, alumnos del reconocido internacionalmente y pionero de la Criminología en México, Alfonso Quiroz Cuarón. Tras un examen de conocimientos adquiridos en el diplomado y pruebas psicológicas, quedamos como cuarenta colegas con la posibilidad de ser contratados. Cuando me presenté para ello, me pidieron mi célula profesional y les dije que yo aún era estudiante y me tuve que retirar, de hecho, mi principal interés ya lo había logrado, tomar el Diplomado en Criminología.

Como en esa época era tiempo de vacaciones, me fui a pasarlas a El Grullo, con mi familia. aproximadamente una semana después fue cuando recibí una llamada telefónica indicándome que me presentará para mi contratación. Fue así cuando me di cuenta que algunos de los compañeros ya contratados preguntaban por mí y de alguna manera hicieron presión. Así inicié mi segundo contacto con la Penal de Oblatos.

Nuestra primera tarea como grupo de psicólogos fue realizar un censo al 100% de la población, obviamente, a través de una encuesta.

Recuerdo claramente un incidente, connato de motín, mientras estábamos realizando el censo. De repente, un numeroso contingente de la policía antimotines irrumpió en nuestro recinto de entrevistas. Observé cómo paraban las entrevistas llevándose a los internos a donde ya tenían a la mayoría, sometidos boca abajo con las manos sobre la nuca. Al presenciar esto, abandoné rápidamente al interno que estaba entrevistando, tratando de llamar su atención sobre la situación. Al alejarme para reunirme con mis colegas, un policía, al verme sin la bata, con huaraches de cuero y en camiseta, se acercó y me preguntó: ¿quién eres? Le respondí que estaba trabajando, y sin convencerse del todo, se dirigió a una colega preguntando por mí, quien, en tono de broma, afirmó que no me conocía. El policía se aproximó a mí con la intención de someterme o detenerme, instintivamente flexioné mis rodillas y retrocedí con dos pasos ondulantes, lo que dio tiempo a tres colegas para intervenir a mi favor. Finalmente, mi compañera, quien hizo la broma, recibió una llamada de atención de nuestro superior, quien también intervino en la situación con el policía.

Algunos de los resultados del censo me impactaron e indignaron profundamente. Uno de ellos, el enterarme de que había personas recluidas desde hacía ya tres años, por incidentes aparentemente menores, como el caso de alguno que utilizó una resortera para matar unos pichones en su propiedad, siendo que el dueño de los pájaros era un funcionario judicial. Otro caso fue el de un campesino que extrajo leña de un potrero. En fin, en aquel entonces a la ley no le importaba el monto de lo robado, castigaba el hecho, así me lo hicieron saber. De igual manera, que las cárceles eran para los tarugos y los pobres y, algunos sin estas características estaban por protección.

Descubrimos que una parte significativa de la población penitenciaria aún no tenía sentencia. También encontramos varios casos de internos que debieron haber sido liberados hacía ya tres, cinco, o incluso nueve años, pero los reclusos se negaban a abandonar Oblatos, porque ya no tenían a nadie afuera.

Cuando comenzaron a trasladar internos a la nueva prisión de Puente Grande, hubo varios que se negaron rotundamente a dejar Oblatos, llegando incluso a intentar suicidarse. En este trabajo fue que entendí por qué Guadalajara era conocida por su Penal de Oblatos. la inhumana cárcel dentro del Penal de Oblatos, la llamada loba, espacios reducidos, pequeñas celdas con tres o cuatro personas, muy deprimente observarla. Para empezar. carecían de baños para evacuar, por eso su pestilente olor era insoportable, en donde algunos andaban semi desnudos y otros con ropas sin puntos de limpieza y pelos parados de mugre en sus cabezas. Solo en una ocasión estuve algunos minutos por ahí, sin poder hacer nada; solo una compañera, trabajadora social y de gran espíritu, se atrevía a ingresar a sus celdas para limpiarlas.

En una ocasión, por órdenes de nuestro director, Dr. Sánchez Galindo, fuimos requeridos a deshoras de la noche para presentarnos en el Penal de Oblatos. Ya reunidos nos explicó que el 90% de la población se encontraba drogada, pues habían asaltado la fábrica de pelotas, extrayendo algunos químicos utilizados, como el tonsol; nos invitó a pasar a sus celdas de “condominio” para observar a los internos y pidió a seguridad que no nos acompañara.
Ya en el interior se les dirigieron algunas palabras que creo se las llevo el viento pues todos muy mansos andaban en las nubes.

En una memorable ocasión, tuve el honor de invitar a Oblatos a un talentoso organista, mi buen amigo invidente conocido artísticamente como “El Mago del Órgano”, Luis Fernando Ramírez. Su destreza excepcional permitía que el órgano hablara con notas que encantaban a todos los presentes. Luis Fernando, además de ser un virtuoso del órgano, contaba con varios discos grabados que evidenciaban su maestría musical. Su actuación resultó ser un rotundo éxito, siendo inundado por numerosas peticiones que reflejaban la admiración y el asombro de la audiencia. Este evento no fue un caso aislado, ya que también me enteré de presentaciones en otros eventos deportivos y culturales.

Estas ocasiones fueron oportunidades para fomentar el entretenimiento y la apreciación artística en la comunidad, creando momentos que quedaron grabados en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de presenciarlos..

Al finalizar el censo, se nos preguntó a todo el grupo, sobre quién tenía conocimientos en Psicometría, resultando ser yo el único con esa formación. Por ello, me asignaron al departamento de selección de personal, donde primero instruí a mis colegas en la aplicación e interpretación de pruebas psicométricas. Luego, continué evaluando y entrevistando a prospectos para su contratación, médicos, dentistas, psiquiatras, trabajadores y trabajadoras sociales, maestros de primaria, cocineros y un gran número de custodios; mientras tanto, los traslados programados a Puente Grande, poco a poco seguían su curso.

Casa de Protección Social

Una vez cubiertos los requerimientos de personal, se estableció “La Casa de Protección Social”. Este programa de prevención siendo parte de la Reforma Penitenciaria atendía a ex internos con el requisito de recibir terapia y, a sus familias de requerirse, ex internos con alguna modalidad de preliberación, otorgadas bajo consenso del Consejo Interdisciplinario dirigido por el ilustre penitenciarista Antonio Sánchez Galindo.

En la Casa de Protección, se les brindaba terapia psicológica individual o grupal. Los promotores sociales (personas que habían logrado superar sus adicciones), participaban con su experiencia en las dinámicas grupales como co-facilitadores. Psiquiatría en, terapia individual y administración de psicofarmacología para quien así lo requería. Las trabajadoras sociales realizaban seguimientos e investigaciones con sus familias y lugares de trabajo.

Recuerdo el caso de un interno a quien le resultaba imposible encontrar trabajo; así lo manifestó en terapia grupal. Las trabajadoras sociales hicieron lo suyo sin obtener resultados. El problema de aquel hombre era el estigma de aquellos tiempos, tener los antebrazos tatuados. Así lo había intuido él, así que, en su desesperación, sorpresivamente se presentó al grupo con sus antebrazos tasajeados, que le habían quedado horribles, en razón de que un cirujano sin la debida especialidad como dermatólogo o cirujano plástico, y obviamente sin la tecnología adecuada, le había practicado una burda cirugía.

Otro de nuestros trabajos de Prevención Social dirigido a comunidades.

En aquel entonces, la Colonia Constitución se consideraba una de las más problemáticas de la zona conurbada. Por ello, se implementó un programa de intervención preventiva para que esa comunidad muy vacunada, y digo vacunada, porque esta colonia, a pesar de nuestra reiterada insistencia, tardó más de dos meses para aceptarnos, ya que eran presa constante de promesas incumplidas de políticos, religiosos y de estudiantes de trabajo social, que elegían esta comunidad para poner en práctica de manera experimental sus aprendizajes.

Nuestro equipo multidisciplinario conformado por dos psicólogos, dos promotores sociales, un médico y asesoría legal y psiquiátrica cuando así lo requeríamos, doce de trabajo social y, desde luego nuestro programa de intervención comunitaria, cabe mencionar que a la par que desarrollábamos el programa estábamos siendo capacitados por una eminencia de la psicología, el Dr. Sacerdote Franciscano José Agustín Ramírez, quien fuera alumno de Carl Rogers, padre de la psicología humanista, J. L. Moreno, padre de las dinámicas de grupo y creador del Psicodrama, Alexander Lowen, creador de la Bioenergética, siendo su alumno por diez años con cada uno de ellos.

Así mismo asistimos un semestre junto con el alumnado del octavo semestre a las clases de Psicología Comunitaria, impartidas en la escuela de Psicología del Iteso por su Director en aquel entonces el Dr. José Gómez del Campo. En el mismo Iteso, recibimos una metodología ecológica de teorías y sistemas (La Teoría Ecológica de Bronfenbrenner) impartida por dos norteamericanos de los cuales olvide hasta sus rostros.

Por ello, en nuestro proyecto de intervención programamos de acuerdo con la metodología ecológica y empleamos técnicas multinacionales como el sociodrama, involucrando a la comunidad, quienes participaban prestándonos algunos muebles, sombreros, botellas, vasos y hasta machetes, invitándolos a la esquina de sus calles a presenciar el teatro donde presentábamos parte de su propia problemática, hubo ocasiones en la que, personas del público, al verse reflejados, se involucraban en el sociodrama gritando y golpeando a alguno de los actores. Terminada la representación formábamos pequeños grupos para detectar la problemática aguda del entorno social en su deteriorado hábitat.

En ese entonces la adicción a las drogas era principalmente a los inhalantes como el thinner, el tonsol y el cemento; algunos pocos eran a la marihuana y al alcohol, todos ellos desencadenaban varios síndromes individuales y sociales, por lo que se aplicaron técnicas humanistas grupales como, Dinámicas, el Psicodrama, la Bioenergética y ocasionalmente terapia de emergencia o intervención de crisis, además del acompañamiento.

El involucramiento con la comunidad fue tal que, frecuentemente, la duración superaba las horas previstas, ya fuera para evitar la aprehensión de algún miembro del grupo o para abogar por detenidos en alguna cárcel, así mismo por muerte violenta por peleas, También acompañamos a varios miembros a sus terapias de doble AA, donde aprendí en teoría y practica su sistema y créanme, aprendí mucho con poco.

Tuvimos el deceso de dos integrantes de la terapia grupal, uno de ellos decidió emigrar a los Estados Unidos y a la semana nos llegó la triste noticia de que tuvo una muerte violenta en Tijuana. Otro llegó tarde a la terapia grupal, intoxicado (siendo una de las normas surgidas en el mismo grupo de asistir “chivas”, sin intoxicación), entonces el grupo lo encaró y él se retiró; a la media hora nos impactó de sobremanera la noticia de su muerte, al enfrentarse con un policía del barrio.

Recuerdo a un sensible joven con Síndrome de Down, que vivía en frente de nuestro punto de encuentro, se acercaba y convivía con nosotros, en una ocasión al llegar unas trabajadoras sociales cansadas asoleadas y con visible decaimiento, se dirigió a una de ellas dandole dos palmadas en su espalda diciéndole ¡animo vieja!, este joven en realidad nos reanimaba a todos.

“Tuvimos casos desafiantes, como el de una familia con problemas complejos, donde, a pesar de nuestros esfuerzos, no hallamos solución. Este caso se detecto ya para finalizar nuestra intervención en esa comunidad. Esta familia estaba compuesta por una abuela, una madre con un hijo de 17 años y tres hijas: una de 14, otra de 12 y una de 4 años, además de un bebé en brazos. La abuela era alcohólica, la madre, quien era el único sostén económico, se dedicaba a la prostitución y también era alcohólica y adicta a otras drogas. El hijo delinquía frecuentemente y drogadicto, mientras que las niñas de 14 y 12 años, de facciones bonitas pero extremadamente delgadas, parecían niñas desnutridas, probablemente debido a los inhalantes que absorbían. En una ocasión, una de ellas sostenía al bebé y, al llorar, para calmarlo le colocó una estopa con thinner en la nariz y la boca. Analizamos esta familia, en grupo y nos resultó sumamente frustrante no encontrar una solución adecuada. Concluimos que la única opción posible sería desintegrar a la familia, ya que no era

posible integrarla debido a la falta de apoyo o sostén de alguno de integrantes de la familia. Sin embargo, en ese momento no existían las instituciones adecuadas para llevar a cabo este proceso y este caso siguió su curso, sin que nosotros pudiésemos hacer nada.

Un compañero, de manera individual, intentó llevarse “como en adopción” a la niña de cuatro años y la inscribió en el jardín de infantes. Por dos semanas, parecía que todo iba bien, pero tuvo que devolverla a la familia debido a advertencias legales.

Otro problema que enfrentamos fue el no considerar la salud mental del equipo de intervención en lo que programamos. Trabajar en comunidades de este tipo, requiere de apoyos terapéuticos para manejar las posibles afecciones psicológicas, del grupo de intervención, ya que se genera una especie de contaminación emocional. Otra falla fue no planificar adecuadamente la salida de la comunidad, ya que esto debe ser considerado tanto como el ingreso.

El ultimo Director de La Casa de Protección Social, un médico forense, me comentó algunos sucesos del octubre negro en la Penal de Oblatos, encontrando cuerpos con más de 600 puñaladas, otros castrados y con los testículos en sus bocas, y un gran número de rociados con tonsol y quemados quedando cuerpos carbonizados y que los muertito eran acarreados, amontonados en carretillas; siendo muchos más de los que informaron en los diferentes medios.

Puente Grande

De repente, nos ordenaron abandonar la colonia constitución en quince días, bajo la supuesta premisa de mudarnos a otra problemática comunidad en el cerro del cuatro, cosa que nunca sucedió. Dejamos prevención, nos propusieron continuar en readaptación en el Centro Penitenciario de Puente Grande. Allí, debía evaluar diariamente al menos a ocho internos en aspectos psicológicos y crimino lógicos, para luego exponer nuestras conclusiones en el Consejo Técnico Interdisciplinario y consensuar con las demás disciplinas la posibilidad de reinserción social de los sujetos estudiados, ya sea negando o concediendo alguna modalidad de preliberación. En una ocasión dada la carga de trabajo me retrasé con el estudio de los internos y se me ocurrió llamar a cuatro de ellos, en lo que aplicaba los test psicológicos a unos, entrevistaba a otro, sorpresivamente fui observado con esta practica por un colega recién llegado de Texas siendo nuestro jefe del área de psicología, ha quien esta práctica le pareció bien y me felicito.

Las naves de Puente Grande estaban divididas en secciones según el tipo de delito y el nivel de peligrosidad. Al principio, fui asignado a la sección cero, donde ingresaban los recién llegados y un pequeño grupo considerado de máxima peligrosidad.

Allí, hice amistad con uno de los llamados ‘chacales’ (condenados a cadena perpetua, quienes hasta por un cigarro delinquían como si hicieran un favor, abonando más tiempo a su condena), a quien ocasionalmente le proporcionaba hojas de papel ya que se dedicaba a escribir sus memorias. En una ocasión, me contó cómo jugaban al ajedrez de celda a celda, inventando una especie de clave Morse golpeando los barrotes. En esta sección también conocí a los famosos líderes estudiantiles: El Nery, El Pelacuas y al Cherezada, quienes frecuentemente jugaban dominó. Me llamó la atención la pulcritud con la que se vestía El Pelacuas. Este grupo junto con otros más, estuvo en el Penal de Oblatos y por suerte fueron trasladados al Penal de Oriente, días antes del octubre negro.

De repente, se me prohibió ingresar a esa área y regalarle un ajedrez a quien escribía su memoria, por razones de seguridad. También se me impidió comer junto a los internos en cualquiera de las secciones, aunque todo el personal comíamos lo mismo que los internos, solo que teníamos nuestro propio comedor. A pesar de esto, por motivos de aprendizaje yo prefería compartir la comida con los internos.

En esta Penal de Puente Grande, me llevé varias sorpresas, un colega me cuestionó preguntado ¿Qué pasa en El Grullo? es uno de los municipios con el mayor número de internos, y sí, en esos tiempos secuestraron a un exitoso comerciante y a otro exitoso campesino; apresaron a todos, también cayeron cinco roba carros, dos por fraude y otros tantos por asesinatos. En otra ocasión un colega ex maestro me dijo: “me han pasado un caso para que le ayude a lograr su preliberación, y como es de tu pueblo te lo quiero pasar y, así fue, logré que a este paisano conocido le otorgarán la prelibertad salió del penal para regresar a la semana, (ya que buscó al que le puso dedo para vengarse y fue nuevamente aprendido) perdiendo toda posibilidad de lograr otro beneficio; sólo me pedía que lo apoyara para que lo mandaran a las Islas Marías.

Uno de los internos que estaba evaluando me mostró las huellas de tortura a la que fue sometido, diciéndome que le habían infringido sus aún recientes heridas sobre su pecho con un desarmador plano y filoso, conectado a la electricidad, de igual manera me platicó de otras formas de tortura muy comunes en esos tiempos, como el tehuacanazo, tapando la nariz y la boca, obligando a respirar un refresco de agua mineral llamado Tehuacán, al que algunos sádicos le agregaban chile. Así mismo el pozole, metían la cabeza del torturado una y otra vez al WC lleno de heces humanas. Las torturas eran infringidas supuestamente para lograr las confesiones; aquí recuerdo una de las clases de criminología en donde el maestro nos recomendó que si alguna vez llegáramos a ser detenidos, que en las averiguaciones aceptáramos todo de lo que nos acusaban, tratando de evitar la tortura muy común en esos tiempos y que después, ya ante el juez, poder decir nuestra verdad y que el haber aceptado y firmado todo había sido por temor a la tortura.

En otra ocasión encontrándome evaluando a un desesperado interno, no encontraba la manera de presentarlo al Consejo para lograr algún beneficio, cuando de pronto me comenzó a decirme: “¿Usted tiene un VW azul verdad? Con el propósito de no desconcentrarme, sólo le afirmé con un movimiento de cabeza; luego, al decirme el número de las placas de mi carro, que yo ni me las sabía, logró llamar mi atención, agregando enseguida: “Vive por tal calle y con tantas personas”, entonces se apoderó de mí una molestia que me hizo poner de pie y al momento le dije: “Estaba buscando la manera de apoyarte, pero ya no lo voy a hacer, vete”. Como a la semana de este incidente, siendo como las diez y media de la noche, estando ya acostados, escuché un fuerte golpe en la puerta de fierro de mi casa, y como en la calle muy seguido jugaban futbol unos chiquillos, creí que le habían dado un balonazo a la puerta. Más al rato escuché el clic de un mosaico flojo de la escalera, seguido del ruido que hace un cerillo al encenderse y, como no queriéndome levantar aún me dije, mm ha de ser mi tío Jaime (que nos visitaba de vez en vez, y pensé, él no sabe en donde prender la luz), entonces me levanto y al querer abrir la puerta, me ganó un fulano con un cerrillo prendido, nos quedamos unos instantes sorprendidos y de pronto entró en mí un fuerte coraje mezclado con miedo y le grité como lo hacen los karatecas para propinar un golpe. El intruso reaccionó y se dio media vuelta bajando por las escaleras, lo persigo y a media escalera escucho el tronar de un balazo y su relampagueo, entonces me agaché quedándome inmóvil, preguntándome si me había pegado, si sentía calentito en alguna parte del cuerpo; en eso salieron mis hermanas encontrándome en paños menores y tendido sobre los escalones de la escalera. Les pedí que se metieran, que ya se habían ido; luego mi hermano y yo bajamos a la sala olorosa a pólvora y observamos el pasamanos de la escalera donde quedo incrustada la bala calibre 45, me asome a la calle y mire a un vecino en su balcón y pistola en mano, a quién salude y le dije que no había pasado a mayores, luego le dije a mi hermano que diéramos parte del suceso, aconsejándome que no lo hiciera pues no sabíamos si el policía de la esquina estaba coludido. Así eran las cosas por esos tiempos y quizás sigan igual, pero con otros matices. Nunca supe si el ataque fue por el interno que no apoye o si los que invadieron mi hogar se equivocaron de casa y coincidió con el interno que no apoye.

En mi experiencia, trabajar en prevención me resulto más desafiante que en readaptación.

Con esto termino a grandes rasgos mis recuerdos de este trabajo donde considero haber aprendido más de lo que podría imaginar, lo dejé porque tuve la oferta de trabajar en Manzanillo Colima, en la empresa Peña Colorada, en el departamento de selección de personal ofreciéndome un salario al doble de lo que entonces percibía.