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El Consejo de Administración: dirección con responsabilidad

Octava cápsula de 52

Es el órgano encargado de ejecutar los acuerdos de la asamblea y dirigir la cooperativa.

Debe actuar con:

Planeación

Transparencia

Sentido estratégico

Riesgo común:

Confundir autoridad con
poder personal.

Reflexión:

Dirigir una cooperativa no es mandar… es servir con responsabilidad.

El liderazgo cooperativo se basa en la colaboración la empatía y el fortalecimiento de los socios, priorizando sus necesidades y trabajo en conjunto para alcanzar objetivos comunes. En lugar de imponer autoridad, el líder cooperativo se coloca al servicio de sus socios, empoderándolos y apoyándolos en su crecimiento y desarrollo. Además el liderazgo cooperativo fomenta un ambiente de trabajo donde todos se sientan valorados y escuchados, promoviendo la participación y el intercambio de ideas

Preguntas

¿Cuál es la principal función del Consejo de Administración en una cooperativa?
Respuesta: El Consejo de Administración es el órgano encargado de ejecutar los acuerdos de la asamblea y dirigir la cooperativa con planeación, transparencia y sentido estratégico.

¿Cuál es un riesgo común que debe evitar el Consejo de Administración?
Respuesta: Un riesgo común es confundir la autoridad con el poder personal. Los integrantes del Consejo deben ejercer un liderazgo basado en el servicio y la responsabilidad, no en la imposición.

¿En qué se basa el liderazgo cooperativo?
Respuesta: El liderazgo cooperativo se basa en la colaboración, la empatía y el fortalecimiento de los socios. Busca fomentar la participación, el trabajo en equipo y el intercambio de ideas para alcanzar objetivos comunes, colocando siempre al líder al servicio de los socios.

La mentira, virtud política

Juan M. Negrete

Ocupémonos, ya sin tanta algarabía desatada, de los asuntos que nos competen y que influyen en nuestro hacer cotidiano en serio. Como que todos estamos de acuerdo en que el que se lleva la palma de nuestra atención es el paquete de los escándalos que genera la grilla, la política, los asuntos públicos, que por ahí va su definición etimológica. Si nuestro vocablo de política deriva de la palabra con que los griegos llamaban a sus ciudades (polis); y si éstas eran las comunas más pobladas o densas que iban construyendo; estará claro que los asuntos colectivos de los habitantes de sus polis tendrían preponderancia sobre el resto. Desde allá nos viene esta maldición de la gitana.

Como los mexicanos somos buenos para bautizar o enjaretarle nombres distintos a las cosas y también a las personas, a la política también le decimos grilla, boruca, parloteo y más especies. Nos gusta mentar la política con otros entenderes. Pero le sabemos sus trucos. No nos engañamos con establecer discursos paralelos en ella para distraernos. Bien que sabemos cómo masca la iguana. Y por los días que corren, a pesar del ruido exterior futbolero, estamos atentos al discurrir de las mentiras, que es parte fundamental de la tatacha política.

Referencia general

Podemos señalar muchas de las mentirotas que nos hemos estado tragando en los últimos años, como ruedas de molino. No sabríamos bien a bien a cuál otorgarle la medalla al mérito. Nuestra verdad histórica, por ejemplo, lleva mano. Ya pasaron doce años de la desaparición de nuestros 43 muchachos normalistas de Ayotzinapa y es hora que no salen las actas y los oficios fehacientes valederos, para poder cerrar el caso. Si no aparecen los muchchos, en los que se aplicó nuestra sevicia, mucho menos saldrán los detalles particulares de semejante ignominia.

Pero lo que anda promoviendo sus aspas por estos días es lo de la captura del Mayo Zambada, en su natal Sinaloa, su desaparición de nuestras tierras y su aparición insólita o inesperada en el aeropuerto de Santa Teresa, Nuevo México. Todos nos quedamos de a seis con esta trastada. No es que fuera evento del otro mundo. Pero sí toca a sorpresa que la violación del traspaso de nuestra frontera a la de los gringos resultara como un casorio de kermés, una mera vacilada.

Todos los espectadores de a pie de este lado de la frontera estamos enterados de una buena sarta de triquiñuelas para brincarse esas bardas, aún antes de que las hubiera. Pero algo así como una incursión que violente las normas establecidas entre ambos países no tiene antecedentes de peso. Al paso de un siglo sólo se nos ocurre mencionar la invasión que les hizo nuestro legendario Pancho Villa en Columbus. Y así nos fue. Nos devolvieron la hazaña de los dorados con su famosa Expedición punitiva, hollando nuestro suelo casi un año completo. Luego se devolvieron a su país esos gabachos invasores, sin haber conseguido el objetivo que buscaban: llevarse preso a nuestro héroe norteño. La lección de aquellos hechos debería de abrirnos los ojos, para entenderle mejor a los pliegues concretos del secuestro del Mayo Zambada, la trastada más reciente.

Si el FBI exhibe en su museo de Santa Teresa el aeroplano con el que se realizó este mentado secuestro, la inducción normal nos lleva a suponer que es de su propiedad. Si es avioncito gringo, podría manejarlo un piloto mexicano, siempre y cuando haya habido autorización de dicha agencia. Y los costos de la gesta deben haber salido de aquellas bolsas. Pero cuestionado por nuestro gobierno, en su momento, el embajador sombrerudo gringo, don Ken Salazar, sobre esta materia, salió con el embuste flagrante de que ni el avión, ni el piloto ni los billetes fueron suyos. O sea, deslindó a su país de cualquier cargo posible.

Mas habrá que entender que venir a meterse a nuestro país, con aparatos oficiales o privados; contratar a un piloto, nacional o de allá, para que ejecutara lo convenido; y meterse a los espacios del vuelo, cruzando sin papeles oficiales y rutas convenidas y avisadas, tanto de aquí como de allá, por fuerza nos hace derivar la suspicacia de que el embajador mintió en su versión original.

Cuestionado hoy sobre el mismo particular, otra vez vuelve a mentir. Esto limita el asunto a los meros datos técnicos, que tienen que ver con la realización de dicha operación y sus permisos aprobatorios. Mas se impone revisar con más detenimiento el asunto, porque en la nave no iba solo el piloto, sino que llevaba dentro a por lo menos dos ciudadanos mexicanos, traficantes o no, mercachifles o no, con negocios a los dos lados de la frontera o no. El asunto es que son ciudadanos con expediente vivo de derechos a los que había que haber respetado.

Referencia general

El embajador sombrerudo sostuvo de nuevo que el Mayo se entregó voluntariamente. Este detenido confesó que fue violentada su voluntad. Accesorios al caso, hay que contar otros secuestros y hasta asesinatos. Trasciende que lo central del asunto tiene que ver con una traición al Mayo, por parte de los chapos, para entregarlo a las autoridades gringas. Luego, a los días, los gabachos reciben a 17 miembros de la familia de los chapos. Ellos que son tan delicados en estos asuntos de migración y ciudadanización para extranjeros. ¿Se aclarará este enredo? Ya veremos.

El papel del socio sus responsabilidades.

Séptima cápsula de 52

CLÁUSULA 10ª.- Son derechos y obligaciones de los socios además de los contenidos en el artículo 64 de la Ley, los siguientes:

Cumplir acuerdos

Participar activamente

Cuidar la cooperativa

Mensaje clave:
El socio pasivo debilita; el socio comprometido construye.

Son responsabilidades de los socios en general, incluye órganos directivos

Responder con el valor de los certificados de aportación que posean, de todas las operaciones realizadas y obligaciones contraídas por la Cooperativa, mientras forme parte de ella, y cuidar de la conservación de los bienes de la misma.

Desempeñar satisfactoriamente los cargos y comisiones que se le encomienden y cumplir con las disposiciones de la Ley, estas Bases Constitutivas, así como los Reglamentos que ponga en vigor el Consejo de Administración y los acuerdos de la Asamblea.

Vigilar y cuidar de los bienes de la Cooperativa, aportando sugerencias o reportando anomalías a la Gerencia General o a los Consejos de Administración y Vigilancia.

Se adiciona: 27/04/2008

Acatar las resoluciones de los órganos sociales, sin perjuicio del derecho de recurrir contra ellas en la forma prevista por este estatuto y por las leyes vigentes.

Satisfacer puntualmente los compromisos contraídos con la Cooperativa o los que ésta suscriba, dentro de sus atribuciones.

Concurrir a las Asambleas Generales Ordinarias y Extraordinarias.

Tener un solo voto sea cual fuere el número de certificados de aportación que hubiere suscrito o adquirido con posterioridad en carácter de cesionario.

Mantener su documentación actualizada con la información que se requiera, notificando fehacientemente a la Cooperativa cualquier cambio de esta. 

Los demás que le confieren y obliga la Ley, estas Bases, los Reglamentos Internos y Acuerdos que ponga en vigor la Cooperativa.

Reflexiones:

1.¿Qué obligaciones tiene cada socio respecto a responder con el valor de sus certificados de aportación y al cuidado de los bienes de la cooperativa?

2.¿Es obligatorio asistir a las asambleas generales y acatar las resoluciones de los órganos sociales? ¿Qué consecuencias puede haber si no se cumple?

3.¿Qué compromiso tiene el socio en cuanto a mantener su documentación actualizada y notificar cambios de domicilio u otros datos a la cooperativa?

Del atraco pensionario

Juan M. Negrete

Ya dijimos que las pensiones pertenecen al bloque de los derechos, un derecho social derivado de la inversión de energía vital de cada uno de nosotros, para entregarse en la edad avanzada. Se granjea por estarla gastando en las tareas que dan vida al cuerpo social. Nada más, pero también nada menos. Atentar contra este derecho, al trocarlo en mera mercancía pecuniaria, es un atentado que grita al cielo.

Aclaramos también que está normado a partir de nuestra legislación laboral, contenida en el artículo 123° constitucional, en sus dos apartados, A y B. La del A da origen al IMSS y la del B, al ISSSTE. Pero dijimos algo más cruel: que quienes vivieron y gastan su energía en lo que se designa como economía informal, carecen de la protección de este derecho, lo que es otra ingratitud, aún más infame.

Muchos analistas, bien enterados de las minucias de estos renglones, coinciden en afirmar que el el espectro laboral de nuestra economía informal cubre el 50% de nuestra PEA actual. La mitad de nuestra gente laboriosa carece hasta de la expectativa de este derecho. O sea que estamos fritos y sin manteca. De manera que por más generosas que fueran las medidas para revertir el daño presente, en el concepto pensionario, la mitad de nuestros trabajadores seguirán horros de sus bondades, aunque sean mínimas. A la mitad de nuestra fuerza laboral se le mantiene alejada, apartada de esta conquista laboral tan regateada. Y eso dice mucho de lo mal que tenemos estructurada nuestra economía.

En los hechos concretos se constata que las distintas fórmulas, utilizadas para nulificar el derecho a una pensión digna, perfilan idéntica atrocidad a la de no poseerlo. Aquí debemos exponer como constancia que el derecho social a la pensión no nos vino como regalo del Olimpo, sino que fue secuela del triunfo cruento sostenido en los campos de batalla por nuestros abuelos. Fue producto de la revolución pues, aunque se haya esforzado la contra, o sea los patrones, en reducirlo y demolerlo. Es la ruta que vamos transitando.

Que queden claras entonces dos constancias. Una, muy cruel, que la mitad del espectro de nuestro mundo laboral no posee el derecho formal a gozar de una pensión. Quedó excluida y no se ve en el horizonte la opción positiva de que se le incorpore a otros formatos económicos que redunden en su obtención. Y la segunda, tan cruel como la anterior, que busca por todos los medios reducir tal derecho a su mínima expresión, tendiente también a desaparecerla. Estamos lucidos pues.

Con haberle cambiado su estructura de derecho consagrado a la de una mercancía que se rige por las leyes del mercado, ahora estamos metidos en el tobogán de los expedientes financieros, a los que sólo le hincan con provecho el diente los más pintados. La mayoría se queda como el chinito, nomás milando. Lo único que se capta con claridad es que los dividendos de la cartera pensionaria son cada vez más reducidos y que corren serio peligro de ser desaparecidos de nuestras manos el día menos pensado.

Al trabajador activo medio le entra en la cabeza la idea de que el monto de su pensión futura está ligado estrechamente al monto presente de su salario. De ahí que calcule que si su salario presente le rinde para su manutención y la de quienes le rodean, puede ser una cantidad válida para la etapa de su vida, cuando ya entre en los recesos finales.

Pero ahí es donde se nubla la visión. ¿Cómo entender que las administradoras de su peculio futuro, llámense Afores o como se les llame, tengan tasas risibles como la proclamada de entregarle una pensión equivalente al 30% de su percepción presente? Y ojalá esta asimetría fuera la única. ¿Cómo entenderle al dato duro de que sólo le devolverán en pensión estas cantidades esmirriadas en tanto dure lo ahorrado? Por eso nos dicen que, para garantizar una pensión duradera, hay que meterle más y más aportación en el presente. O sea que estamos comprando un seguro de vida demasiado caro y que tal vez ni así la libremos. Pudiera pasar que se nos dejara caer del cielo un ramalazo de mercado inesperado, como el sacudión en Venezuela, y ahí se nos acabe todo el corrido.

Los señores de estas economías tienen ya muchos años restringiendo el valor que se paga por la inversión de fuerza de trabajo. Lustros y décadas enteras han mantenido deprimidos los salarios básicos, que son la horma de medida para el monto futuro de la pensión. Le buscan de un modo y de otro, como la subcontratación, el charrismo sindical y más.

Veamos otra chicanada poco explorada. A la hora de firmar el acta pensionaria, la tasa del valor de ésta se nos permuta, de tablas de salarios mínimos a las de UMAs. Éstas van en detrimento de la cantidad a recibir en la pensión, de eso que ni duda nos quepa. Lo mismo hacían con lo de las tasas fijas, cuando las inflaciones pasadas estuvieron a todo lo que daban. Enfrentamos demasiadas chuecuras y vemos que cada día se les ocurren más y más, como lo de la eventualidad en los puestos de trabajo, los escalafones, las semanas de cotización y muchas otras variables a las que tardamos en hallarles su traza. No habrá que enfadarse entonces, sino aplicarnos a buscarles todos sus recovecos enconosos. Le seguimos.