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Gobernabilidad: decidir y hacer que las cosas sucedan

CÁPSULA 18

Una cooperativa puede tener buenas reglas, órganos bien definidos y responsabilidades claramente establecidas.

Pero existe una pregunta fundamental:

¿La cooperativa tiene capacidad para tomar decisiones oportunas y hacer que se cumplan?

La gobernabilidad se manifiesta cuando quienes tienen responsabilidades:

·Toman decisiones dentro de sus facultades.

·Asumen la responsabilidad de esas decisiones.

·Ejecutan los acuerdos.

·Dan seguimiento a lo que se decidió.

·Corrigen cuando algo no está funcionando.

·Rinden cuentas de los resultados.

Una decisión que nunca se ejecuta, un acuerdo al que nadie da seguimiento o un problema que permanece indefinidamente sin resolverse, debilitan la gobernabilidad de la cooperativa.

Dos preguntas

1.¿De qué sirve tomar buenos acuerdos si después nadie se responsabiliza de llevarlos a la práctica?

Respuesta:
De poco. Un acuerdo adquiere verdadero valor cuando existe un responsable, un plazo y un mecanismo de seguimiento que permita comprobar su cumplimiento.

2. ¿Qué es más importante: tomar muchas decisiones o tomar decisiones oportunas y hacerlas realidad?

Respuesta:
Lo importante no es la cantidad de decisiones, sino su calidad, oportunidad, ejecución y seguimiento. Una buena gobernabilidad convierte las decisiones en acciones y las acciones en resultados.

Reflexión final

Gobernar no es solamente decidir; es hacer que las decisiones se conviertan en acciones y que las acciones produzcan resultados.

La gobernabilidad se demuestra cuando la cooperativa puede decidir, actuar, corregir y avanzar.

Una herramienta muy sencilla que podría incorporarse posteriormente a las Bases o, mejor aún, a un Reglamento de Sesiones y Seguimiento de Acuerdos:

AcuerdoResponsableFecha límiteSeguimientoResultado
Qué se acordóQuién lo ejecutaCuandoQué se ha hechoCumplido / pendiente

Días de guardar

Juan M. Negrete

Tal vez las más comunes y universales vengan siendo los festejos a propósito de las navidades y del año nuevo. ¿Desde cuándo las guardamos y las mantenemos encasilladas en nuestra vida colectiva? Es pregunta a la que no le buscamos respuesta, porque quizás no tenga caso. Y que sepamos cómo masca la iguana con su permanencia en nuestra memoria  y en nuestros usos, ni para qué gastar más saliva. Son fiestas de todos y así las observamos.

Otro festejo también extendido por el ancho mundo es al que le tenemos endilgado por aquí el nombre de la semana santa. De que se vienen con él días de asueto, ni una palabra en contra. Todos le entramos a dicho baile cada año y no le regateamos foro. Que tenga que ver con los rituales religiosos que viran en torno a la pasión y la muerte del mesías católico, que preceden a lo de la resurrección, es tarea a la que nadie se le sienta a discutir nada. Mas las vacaciones, que no se supriman.

Y así habría que seguirle con la gran variedad de costumbres y ritos que contienen los calendarios populares. Podríamos abrir esclusas, volviendo a los ejemplos que trajimos arriba, hurgando en torno al fondo de donde provinieron. Si eran festejos ancestrales tributados al sol y a sus misterios, o a la luna, o a la precesión de las estaciones del año, por supuesto que les vamos a hallar nexos con tales bretes, sin que se nos pierda la perspectiva. Así les hemos contemplado y lo seguiremos haciendo.

Donde sí le empezamos luego a meter el bisturí y nos sentamos a abrir la discusión en su torno, es con los festejos que tienen que ver con los rituales patrios. Los mexicanos tenemos asentadas ya algunas fechas a las que les consagramos un altar indiscutible en nuestros garlitos comunes y que nos resultan inamovibles. No son tantas, pero son. Hablemos del 24 de febrero, del 5 de mayo, del 16 de septiembre, del 20 de noviembre y paremos de contar.

Horario y calendarios

Tan las tenemos interiorizadas y son tan nuestras tales fechas, que hasta las usamos para nombrar calles y avenidas en las ciudades que hollamos. Son parte de nuestra cotidianeidad y no sufren retobo. Sin embargo, de repente nos llegan gobernantes raros a los que les molesta que una fecha tenga a disposición su día festivo. Les dio por recorrerle su guarda para el primer día de la semana, o para otra feha, lo cual, si lo observamos con mirada estricta, las desnaturaliza. Si tengan sentido o no tales desplazamientos, es cosa que siempre se presta a las discusiones.

Pues bien, dentro del santoral cívico, el mes que posee más fechas señaladas, viene a ser septiembre; al grado que le calificamos como al mes patrio, por antonomasia. Son demasiadas sus fechas a guardar. El mero día primero es el día del informe nacional del poder ejecutivo al pueblo, pero antes era el día del presidente.

Luego se venían en cascada el de los niños héroes, el de los charros, el del grito, el del inicio de la lucha por la independencia, para cerrar con el día de su consumación. No referimos la fecha exacta porque nos son de sobra conocidos a todos. Pero hay que tomar el último, el día 27, en el que normalmente se conmemora la entrada triunfal a la capital del país del ejército trigarante. Siempre se le ha visto como el día del triunfo de nuestra lucha por la independencia y nadie lo retoba. Aunque tampoco se ha tomado siempre como la fecha más relevante de tales festejos. Hubo gobernantes que sí le dieron este sesgo, pero no ha sido lo habitual.

Ahora que vamos ya pasando por el transcurrir de tales días, habrá que registrar a los días 26 y 27 de septiembre por el acontecimiento tan cruel de la desaparición de nuestros estudiantes de la normal de Ayotzinapa en la ciudad de Iguala. No es el único despropósito de nuestra historia como país, pero destaca de inmediato, a pesar de su cercanía en el tiempo, por la necedad o la impericia, o las dos juntas, de nuestras autoridades para darnos la aclaración satisfactoria que todos exigimos sobre tal desaguisado. La versión de su ‘verdad histórica’ es mero insulto a la inteligencia de todos y nunca se la hemos aceptado. Y así seguimos.

Entonces, al día 27 se le empalman dos fechas: la de la consumación de la independencia y la de la desaparición de nuestros muchachos normalistas. No se le había ocurrido a nadie elevar este sacrificio de jóvenes a una de nuestras conmemoraciones históricas; pero a como van los silencios y las medias voces de los responsables de aclarárnosla, va para capilla que vuela. Entrará al santoral, sin que lo retobe nadie.

Porque con los desaparecidos de Ayotzinapa va ocurriendo lo mismo que con los sacrificados de la noche del 2 de octubre en la plaza de las tres culturas. Se le conoce también como la noche de Tlatelolco. De lo acontecido poseemos demasiadas versiones. Pero la oficial, la que debería ser su verdad histórica, de ésa ni sus luces. Mucho menos que hayan escuchado nunca nuestros gobernantes la exigencia popular de que los responsables de tal masacre sean condenados y castigados. Muchos de tales personajes ya pasaron a mejor vida. Pero la memoria de sus hechos infaustos no ha sido llevada todavía, junto con la versión veraz de la participación de los responsables, al banquillo de la exhibición histórica. Es deuda pendiente para ambas fechas. Y en ambos casos se le han ido metiendo la fecha al público a ser consagrada como día de guardar.

Cápsula 17 ¿Quién gobierna realmente la cooperativa?

Analizar el papel de la Asamblea, Consejo de Administración, Consejo de Vigilancia, Gerencia y demás órganos, evitando duplicidad de funciones y vacíos de autoridad.

En una cooperativa democrática nadie gobierna por sí solo.

La Asamblea General es el espacio donde los socios ejercen colectivamente su voluntad, mientras que los diferentes órganos tienen facultades, responsabilidades y límites específicos.

El Consejo de Administración administra y ejecuta las decisiones que le corresponden; el Consejo de Vigilancia supervisa; la Gerencia ejecuta la operación cotidiana conforme a las facultades que le hayan sido otorgadas; y los socios participan, deliberan y deciden dentro de las atribuciones de la Asamblea.

El problema aparece cuando:

Se duplican funciones.

Nadie quiere asumir una responsabilidad.

Un órgano invade las facultades de otro.

Se toman decisiones sin la autoridad correspondiente.

Se confunde administrar, vigilar y operar.

Se concentra demasiado poder en una sola persona.

Una buena gobernabilidad requiere que cada uno sepa qué puede hacer, qué debe hacer y qué no le corresponde hacer.

Dos preguntas

1. ¿Qué sucede cuando no están claramente delimitadas las funciones y responsabilidades de los órganos de la cooperativa?

Respuesta:
Pueden surgir duplicidad de funciones, conflictos de autoridad, decisiones contradictorias, omisiones y concentración de poder. La claridad en las responsabilidades facilita la coordinación y permite exigir cuentas.

2. ¿Tener autoridad significa poder hacer todo lo que se considere conveniente?

Respuesta:
No. Toda autoridad tiene límites. Quien ocupa un cargo debe actuar dentro de las facultades que le confieren la ley, las Bases Constitutivas, los reglamentos y los acuerdos de la Asamblea.

Reflexión final

Gobernar una cooperativa no significa tener poder sobre los demás; significa ejercer responsablemente las facultades que los socios han confiado a cada órgano.

Cuando cada uno conoce su responsabilidad, respeta la de los demás y rinde cuentas de sus actos, la cooperativa gobierna con orden, equilibrio y democracia.

Con la reforma de sus Bases Constitutivas: al revisar cada órgano, no se debería  preguntar solamente “¿qué función tiene?”, sino también:

¿Qué autoridad necesita para cumplirla? ¿Qué límites debe tener? ¿A quién debe informar? ¿Quién vigila su actuación?

Ahí las Bases dejan de ser solamente un documento jurídico y se convierten en una herramienta de gobernabilidad.

Sandeces veraces de Trump

Juan M. Negrete

Se impondría entonces que le dediquemos en este espacio al menos un memorandum a hecho tan ignominioso. Pero como el gobierno de la presidenta Claudia anunció que se ocupará del asunto en los primeros dos días de la semana que entra y como se nos previene que habrá novedades, nos esperaremos entonces a  que venga lo que viniere y le metemos escalpelo a lo que nos ofrezcan tales informes. Es la rutina de nuestro oficio periodístico y esperemos que haya tela de dónde cortar. Así que estamos entrados.

Pero en tanto nos llegan tales novedades, habrá que detener la lupa en los acontecimientos más sonados y relevantes que vivimos en la presente semana. Es obvio que lo que se estuvo llevando las candilejas y acaparando la atención de todo mundo vino a ser lo de las comparecencias de los muchos jefes de estado que pululan por el planeta. La famosa ONU, que agrupa a casi doscientas naciones, programa para cada año estas sesiones, donde les pone los micrófonos a los capos más destacados de los gobiernos en el mundo. Y estos señorones no se hacen del rogar. Acuden y sermonean de lo lindo a los presentes, que son, como auditorio, los demás jefes de estado y sus funcionarios aledaños.

Habrá que aclarar que no siempre acuden todos los jefes, presidentes o monarcas. Es costumbre que varios de ellos envíen a sus representantes, quienes hablan a nombre de quien encabeza su gobierno. El mensaje que se envía posee por tanto el mismo valor que si lo recitara el titular. Son valores entendidos por los presentes y también por el auditorio virtual que da seguimiento a sus peroratas.

En el caso concreto de nuestro país, la señora Claudia no asistió en persona. Pero nuestro secretario de Relaciones Exteriores lo hizo por ella y fincó la postura oficial de nuestro país. Dio el pronunciamiento en torno a los temas más sentidos que fueron manejados por estos días en tan encumbradas asambleas y el agua sigue corriendo por abajo de los puentes. Mañana retorna la calma y zapatero a tus zapatos.

Los que se llevan siempre las palmas, así sean aplausos o abucheos, son los capos de los países más poderosos. Tiene que serlo, no en balde ocupan tales escaños. Y como en el caso actual tenemos líos tan candentes, como la riña por el estrecho de Ormuz, la guerra en Ucrania a la que no se le ve fin, el bloqueo a Cuba por parte de los gringos, que no entienden razones andando en la borrachera, y algunas ampollas dolorosas de más, escucharles a los mandatarios chinos, rusos y gringos su postura en torno a tales líos siempre nos tiene con el jesús en la boca. Tal vez no se aparezcan con la panacea en las manos, pero de lo que digan podemos entrelazar planes y esperanzas.

Metidos en tales dinámicas, al que escuchamos como primer orador destacado fue al güero desabrido que gobierna a los gringos. Donald Trump salió a palestra como ya nos tiene a todos acostumbrados y soltó su indigesta perorata, cuyo contenido discurre siempre por los mismos cauces: paranoia, soberbia, egoísmo y desprecio. Los ramalazos en uno y otro sentido también nos son de sobra conocidos.

En su discurso ante la Asamblea General de la ONU se soltó el pelo y nos endilgó cuanta mafufada se le puso enfrente. Pero nos interesa revisarle con cierto cuidado lo que nos recetó a los mexicanos, al referirse a nuestras cosas, vecindad y buenas maneras, que no son nuestro fuerte. Nos volvió a culpar de los problemas de adicción que padecen sus conciudadanos. Aseguró que nuestro país es “el epicentro” de la  violencia de los cárteles del narcotráfico en América Latina. Dijo más leperadas y afirmaciones gratuitas a las que los medios le dieron difusión como les vino en gana. Pero no las vamos a repetir, porque como cantaba José José: hasta la belleza cansa, que no nos fatigue oir tanta basura.

Mas donde no se midió, a nuestro parecer, fue en el párrafo en donde afirmó que nuestro gobierno le tiene cedido el control del territorio a “los enemigos de la humanidad”. Suena a una afirmación descabellada y fuera de tono. Pero si nos detenemos a revisarla con cuidado, esta vez habría que concederle razón. Y no se necesita manejar muchos elementos para hacerlo. Tal vez le traicionó el subconsciente y por fin soltó una verdad como una catedral.

Si nos ponemos a revisar los mapas originales, desde cuando todavía no éramos una república independiente, de cuando se nos llamaba Nueva España, el territorio mexicano se expandía hasta la península de la Florida hacia el oriente y hacia el norte comprendía casi la totalidad de los actuales estados sureños de la unión americana. Pero primero con la guerra por la independencia de Texas y luego con la invasión de todo lo demás en 1847, los gringos se nos metieron hasta la cocina y viven posesionados de todos estos espacios, de los que todo mundo aceptaba que eran de nuestra propiedad y posesión.

Ahora ya no están bajo dominio y control nuestro. Ahora están en manos de “enemigos de la humanidad”. Lo revelador viene a ser pues que quienes tienen en su mano el control de estos espacios son ellos, los gringos. Y es la primera vez que leemos (o por lo menos lo hace este redactor), que su propio vocero oficial declame que son ellos mismos esos tales enemigos de la humanidad. Aquí no se desmiente a nadie.