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FILOSOFANDO: EN LA UDEG NO APRENDEMOS

POR: Juan Manuel Negrete

Se trata de un asunto sobre las pensiones de los trabajadores de nuestra benemérita alma mater. Cuando atracaron la bolsa recaudatoria que atesoraba el fondo para jubilación a todos los trabajadores del país, viniendo la orden del gobierno federal, a los que laborábamos en la UdeG no nos azotó el viento. Aquí se jugaron los dados de otra manera.

La orden del atraco se promulgó como ley el año de 1997, cuando se dispuso que los fondos para el retiro ya no se rigieran con la modalidad del beneficio definido, sino que se convirtiera el monto de cada trabajador en una cuenta individual personalizada. Obviamente había que abrirle una cuentita a cada trabajador en una institución bancaria. Y esa institución le iba a administrar su fondo, a cuidárselo y a pagarle intereses. Cuando se llegara el momento de su retiro se lo iba a entregar. Eso no ocurriría antes del año del 2021. Las administradoras se llamaron Afore. Todo esto ya nos es bien conocido.

Lo nuevo de la modalidad consistía en que el monto mensual de la pensión iba a resultar raquítico. Ni cuándo que se contemplara que el pensionado fuera a recibir la misma cantidad de lo que percibía cuando estuvo en activo. Cuando mucho recibiría la mitad de tal cantidad, si le iba a ir bien. Y eso, mientras le durara lo que había atesorado en su cuentita personal. Acabándosele las monedas a la bolsita, se acabaría la pensión. ¿Y qué va a hacer el viejito? Pues rascarse con sus uñas e irse con su música a otra parte. Así de justos y así de generosos nos vemos en estos nuevos tiempos neoliberales. Bueno, pues para ahorrarnos estos malos tratos, la UdeG nos sacó a todos de las nóminas del IMSS. No estábamos inscritos con lo que devengábamos realmente, sino con uno o dos salarios mínimos. Nos sacaron y nos armaron una bolsita propia, dizque para que no pasáramos calenturas ajenas. Montaron un fideicomiso del que se tomarían los fondos para el retiro, cuando ya se llegara su tiempo. Ese fondo se armó con un capital semilla y luego con otras aportaciones. Pero lo grueso de la aportación consistió en un descuento permanente del diez por ciento del salario de cada trabajador. La patrona (léase UdeG) iba a aportar una cantidad igual a la de los trabajadores.

Con este fondo, bien administrado desde luego, íbamos a llegar al 2038 sin necesidad de tener que revisarlo ni complicar nota alguna. Podíamos dormir el sueño de los justos. Era período más que amplio y suficiente para dedicarse a otra cosa, mariposa. Si los descuentos empezaron en el 2003 y se garantizaba un período de seguridad hasta el 2038, estábamos hablando de treinta y cinco años de seguridad financiera. Claro que para eso el tal fondo debería permanecer intocado, no desviado para otras tareas y además sólo estaría invertido en cuentas seguras y no de riesgo, para que no se fuera a perder nada en tales maromas, que suele pasar.

Pues pasó. No sólo le estuvieron metiendo mano para otros fines, como un préstamo de setenta millones que le facilitaron al congreso del estado y otro de ciento veinte millones que le dieron al equipo de los leones negros. También se pusieron a hacer inversiones de riesgo y, como es previsible para estos casos, la bolsa sufrió perdidas en la inversión y se le desplomó su solvencia. Por supuesto que los reportes de los rendimientos de estos fondos, que se hacían públicos al principio, como se volvieron negativos dejaron de publicarse. La página se oscureció. Este punto particular sigue pendiente.

Apenas en la edición pasada de la FIL había dicho el rector Villanueva que el régimen de pensiones de la UdeG era el más sano del mundo y que estaba garantizada su vigencia hasta el año del 2038, como era la cantaleta triunfalista de siempre. Un mes después, en enero de este año, nos salió con la sorpresa el mismo personaje de que era muy necesario que se ampliaran las aportaciones que hacemos los trabajadores al fideicomiso, pues ya no estaban garantizados los pagos. El quebranto estaba a la vista.

Citaron a sesión al Consejo General Universitario para este jueves 22 de enero y ahí, por vergonzosa unanimidad de 170 votos a favor, ninguna abstención y ninguno en contra, aprobaron que se nos descuente más a los trabajadores. Ahora será el uno por ciento de los aumentos al salario que nos vengan en los próximos cinco años. Determinaron hacer lo mismo con el dos por ciento de las prestaciones. Y que todo ese dinero se vaya al fideicomiso.

170 votos completitos. ¿Cómo le harán? ¿Todo mundo está de acuerdo y de manera total en cada una de sus cláusulas? ¿170 votos universitarios deciden legalmente por el destino de una parte del dinero de 22 mil trabajadores? ¿Qué está haciendo ahí, en esta cuenta, el tercio de votantes que representa a los estudiantes y que no llevan vela en este entierro? ¡Más respeto, señores consejeros! Ya es tiempo de haber aprendido al menos las formas atinadas de las decisiones colectivas y de atenerse al buen sentido por el que se ha de conducir el tequio. Pero a lo que vemos, no aprenden un ápice de las lecciones necesarias de la vida. Ya veremos qué se siga de tanto despropósito. O ¿nos iremos a dejar lastimar otra vez los siempre perjudicados?

LA MARCHA ROSA: REALIDADES, FARSAS Y EXCESOS.

Por Pedro Vargas Avalos

 Este movimiento, viene a ser el tercero a partir del efectuado en 13 de noviembre de 2022, cuando al grito de “El INE no se toca”, casi llenaron el espacio entre el ángel de la independencia y el monumento a la revolución de la capital mexicana: entonces propalaron que habían sido 200 mil asistentes, aunque el gobierno del antiguo DF afirmó que solo fueron 10 mil, y otros observadores aceptaron cifras entre 50 y 60 mil partícipes. El orador estrella fue José Woldenberg, quien en suma llamó para que los mexicanos expresaran rotundo, “no al autoritarismo, … sí a un México democrático”. (Expansión Política, 13-XI-2022). A la arenga, correspondieron nutridos aplausos y vítores de los dirigentes (por sus apodos, Markitito, Alito y Chucho) de la entonces alianza del PRI, PAN y PRD, llamada Frente Amplio por México (FAM).

La segunda gran marcha rosa auspiciada por Claudio X. González y sus subalternos de la sociedad civil (¿?), fue en febrero 26 de 2023: la organización “Unidos por México 2024″, que aseguró integrar a más de 60 asociaciones, convocó a también a protestar en más de 82 ciudades del territorio nacional y el extranjero. La concentración llevó el nombre de “Mi voto no se toca”, focalizándose contra el Plan B electoral del presidente; la máxima protesta fue el zócalo de la Ciudad de México, a las 11:00 horas, donde se colocó un templete para que algunos de los representantes de las ahora -dijeron- 117 organizaciones convocantes, brindaran discursos y argumentos en contra de la reforma al INE. El orador estelar fue el exministro José Ramón Cossío, adalid de los recursos jurídicos contra la 4T, quien llamó a los ministros de la Corte para reprobar las leyes electorales del plan B. También habló la iracunda periodista Beatriz Pagés, -exdiputada priísta- quien aseveró que con las reformas que contemplaba el antedicho Plan, Amlo y seguidores “pretenden dar paso a una dictadura electoral”. (Baruc Mayen, en Infobae, 27-II-2023). Excitados, los integrantes del todavía FAM, batían las palmas y multiplicaban vivas.

Ahora pues, se llevaba a cabo la tercera gran marcha de las oposiciones, enmascaradas -como lo prueban los hechos- de sociedad civil. En la plataforma erigida en el centro de la capital azteca, tres personajes de reconocido color antiobradorista: Fernando Belaunzaran, rabioso experredista ahora panista; Amado Avendaño V., activista del Frente Cívico Nacional que juzga a Morena como enemiga de la democracia, y la panista fundadora del membrete Sociedad Civil México, Ana Lucía Medina Galindo, quien califica al presidente de sádico mediático, arengaban a la muchedumbre abigarrada, que ellos proclamaban como impresionante y que Enrique Krause, concurrente al acto vestido de paisano y cachucha, calificó como similar a las de 1968 (¡vaya figuración!, semejante a sus ideas); este afamado ingeniero-empresario de la historia-  claramente indicó que el peligro de perder la democracia y la libertad, valores conquistados con sangre, y “que no permitiremos nos los quiten”, tiene su principal riesgo, en  “el autoritarismo del presidente, el despotismo del presidente, la tiranía del presidente” y rubricó, que esa concentración si era un evento político, pero como no veía banderas del PAN, el PRI ni el PRD, “los ciudadanos son los protagonistas de esta marcha”. (X antes twitter, de Reforma, 18-II-2024). Por cierto, como no estaba la gigantesca bandera del zócalo, Leo Zuckerman (notorio antilopezobradorista) aseveró que “era una canallada y pinta de cuerpo entero a López Obrador”; junto a este comentarista, Héctor Aguilar Camín, encrespado explicó ese detalle: el mensaje siniestro del presidente fue, a los manifestantes, “yo estoy blindado aquí, (en palacio) contra ustedes que no son mexicanos y no están bajo el amparo de su bandera”. (Es la hora de opinar, Foro TV, 19-II-2024).

Haciendo un recorrido entre los miles de asistentes vestidos con indumentarias rositas, la mayoría de buena presencia física, tez blanca y porte garboso, taodo observador se podía dar cuenta del talante de ellos. Me da mucho miedo -dice Mari Carmen, señora que porta una pancarta que rotula “El diálogo democrático construye puentes, el autoritarismo levanta muros”- y exterioriza: “me da pavor que el próximo sexenio gane MORENA”; cuando la interroga un youtubero, declara que asiste a la marcha porque tiene pesadilla que los de Morena “Quieran quitar la propiedad privada.”  Por ello, considera que “Xóchitl es la mejor opción por el momento”. (Manuel Pedrero, desde el zócalo, 18-II-2024).

En la plancha del zócalo del antiguo DF, en medio de gritos de “voto libre” y pancartas que repiten “Democracia si, dictadura no”,  un furibundo pancartista, ostenta en su cartel: “Basta de pejendejadas o nos lleva la shienbada” y entrevistado, no revela como llamarse pero  manifiesta que asiste al acaecimiento porque está totalmente en contra “del loco” López Obrador, quien pretende perpetuarse en el poder a través de Sheinbaum; en cambio, Xóchitl es “una gran mujer, bien abusada”, aunque eso sí, todos los partidos le parecen corruptos, y él votará por el que sea menos.  Otro individuo, quien manifestó ser Manuel Torres, despliega una placa con solo letras grandes (4T-VT- ALV), afirma que AMLO es un político que “no está preparado para ser gobernante, …desgraciadamente lo llevó el pueblo, pero el pueblo lo va a quitar”; de ahí que votará contra quien sea, pero en contra de la 4T.

El mosaico de leyendas que esgrimían las personas que concurrieron a la manifestación del domingo 18 de febrero, eran variadísimas; muchas aludían a las encuestas conocidas hasta la fecha (favorables ampliamente en pro de Claudia Sheinbaum), tildándolas de pagadas, por lo que, reprobándolas, clamaban “sí al voto informado”.  Otros asistentes, sobre todo mujeres, manifestaban su temor por el comunismo, que podría imponerse con el lopezobradorismo, o bien otros repudiaban que México -con la 4T- pudiera ser una Cuba o Venezuela. En manos de un grupo, se podía leer un acróstico, que con el nombre Andrés, construían las palabras: A-bsurdo, N-ecio, D-emagogo, R-esentido, E-squizofrénico, S-invergüenza.

Otros cartelones esgrimían la leyenda: La Suprema Corte de Justicia no se toca, o la de “Basta del financiamiento del narco”. Muchos otros letreros, la verdad más que injuriosos al presidente del país, eran irreverencias a la moral y el lenguaje, por sus obscenidades, lo cual desmerece mucho a quienes los portaban, en general güeritos con matiz de fifí, de esas clases que ordinariamente se afrentan de las palabrotas, siempre que las pronuncien necesitados, prietitos o chairos. Como reza un viejo refrán: Lo que en el rico es alegría, en el pobre es borrachera.

“En defensa de la democracia”, fue el título de la marcha del 18 de febrero. Las organizaciones convocantes presentaron un “manifiesto ciudadano” en el que se pidió al gobierno (federal, estatales y municipales) “no meter las manos en las elecciones”, y se acusó a la administración nacional de promover “encuestas falsas para que creas que este arroz ya se coció y que la elección está definida”.

El evento llegó al cenit cuando arribó al templete el orador oficial de la manifestación, Lorenzo Córdova Vianello, precedido por José Woldenberg, santón del ramo electoral; José Ramón Cossío, quien fue ministro gracias a Fox y ahora está en retiro y la abogada Ma. Del Carmen Alanís Figueroa, expresidenta del Tribunal Electoral Federal: todos con el común denominador de tener ligas entre sí, además de jugosa pensión o ingresos elevadísimos, lo que los hace actuar con la tranquilidad de quien ve llover y no se moja. El “seudocaudillo de la democracia”, Córdova, expresó: “nos reunimos en las plazas del país para defender a la democracia y a las libertades y derechos que hoy pretenden arrebatarnos”.  Desde luego que se refiere al “dictador” AMLO (¿?).

Entre alaridos de “Fuera López” que se repitieron constantemente mientras hablaba el ex presidente del INE, señalando “no se vale destruir» las circunstancias, normas, y a las autoridades que validaron la renovación pacífica, apuntando: “No se vale exigir reglas de equidad, siendo oposición, y violarlas sistemáticamente, siendo gobierno, esa deslealtad hoy pone en peligro a nuestra democracia”. Y eso que el orador afirmó: “no estamos aquí para criticar a ningún gobierno”. (¡!)

También el señor Córdoba, rebatió las iniciativas del presidente, ahora tramitándose en el Congreso, prediciendo que, así como se detuvo el Plan A y el Plan B, de reformas electorales, las correspondientes a las propuestas del pasado 5 de febrero, no volverán a pasar por ser un “intento de arrebatarnos o debilitar nuestra democracia”. Eso sí, enfatizó: “las instituciones si se tocan, claro que sí, pero sólo si es para mejorarlas”, jamás para destazarlas, porque sería “robarnos la esperanza del futuro para regresar a un pasado autoritario que con mucho esfuerzo dejamos atrás”.  A la par del discurso, atronaban las exclamaciones de “las instituciones no se tocan” y otra vez “fuera López”. Y se agotó el discurso, mas o menos a la media hora de su inicio.

Variadas han sido las opiniones sobre esa multicitada movilidad. El mismísimo orador central (Córdova) dijo: “La democracia tiene quien la defienda. Somos muchas y muchos.   ¿Está en riesgo la democracia ¿?  Claro que no, quien eche a tocar las campanas como réquiem para la democracia, nomás no entiende lo que está pasando.” (Lorenzo Córdoba, testimonio en video de YouTube al terminar la marcha). A propósito de asistentes, estos no llegaron a los 700 mil que presumieron las oposiciones, ni los 90 mil que apreciaron las autoridades; el zócalo mide en total 46,800 metros cuadrados y estaba pleno, con las salvedades frente a Palacio Nacional, al lado de catedral, los corredores para desplazarse y las naturales separaciones entre persona y persona, por lo que considerando un promedio de 6 personas por metro, dan un total de 280,800 concurrentes: los números no tienen color y esa es la cifra real.

Xóchitl Gálvez, quien ya quisiera para su proyección una marcha como esa del 18 de febrero, declaró en un video: “Mientras México tenga ciudadanos y ciudadanas que salgan a manifestarse para defender su democracia, que ejerzan su derecho a la libre expresión de ideas, no habrá tentación autoritaria que pueda mandar al diablo a nuestras instituciones” (X, antes twitter, 18-II-24). Eso lo repitió en su registro ante el INE como candidata presidencial, el 20 del mes retropróximo, dedicando sus palabras centrales para atacar al presidente y “su candidata”: es decir, improperios en lugar de conceptos.

El historiador y maestro emérito, Lorenzo Meyer, explicó: En general, yo veo esto más positivo que negativo, pues lo que prueba es que existe real competición de ideas, reunión y democracia: el pluralismo está vivo. La derecha se inventa un demonio en Palacio para sentirse heroica: la oposición afirma que hay una dictadura, y el hecho es que tienen abierto el campo para presentar su proyecto, que a la mera hora no han mostrado. Ayer prevaleció lo que ya es natural para la derecha, decir “no se toca”: la democracia, la Constitución, el voto, el INE, los organismos autónomos, etc. O sea, quieren que el estatus quo que rige, exigen que continúe, lo cual contradice el discurso de Córdova, quien enfatizó no hubiese inmovilismo. (Los Periodistas, Sin Embargo, 19-II-024).

Entre los asistentes connotados, enemigos declarados de la Cuatro T, se vio al hijo del padre del neoliberalismo mexicano, Enrique de la Madrid, personaje central de la campaña de Xóchitl Gálvez. Minerva Hernández Ramos, senadora del Partido Acción Nacional (PAN). Mauricio Tabe, alcalde blanquiazul de Miguel Hidalgo. Marko Cortés, presidente nacional del PAN. Carlos Alazraki, espinoso publicista cercano a los partidos de oposición y Margarita Zavala de Calderón, diputada federal por el PAN y excandidata independiente -fallida- a la presidencia. 

Asimismo, se encontraban Tania Larios, secretaria general del PRI de la Ciudad de México y su correligionaria Mariana Moguel Robles, expresidenta del PRI en la capital y aspirante a diputada local; Rosario Robles Berlanga, extitular de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) hoy Secretaría del Bienestar, acusada de la cuantiosa “Estafa maestra”. Y desde luego, el singular impulsor del movimiento, el magnate Claudio X. González, cabecilla de organizaciones adversarias de la administración federal, quien, en su cuenta de X, escribió: “La marcha ciudadana por la democracia es una jornada electoral anticipada. Puede ser, debe ser, presagio del 2 de junio en el que México irá a las urnas para defender su derecho a ser libre y dueño de su destino.”

Innegablemente, el acto que comentamos se registró en muchas ciudades de la república y fue una marcha político-electoral. Los tres partidos -PRI, PAN Y PRD- de “Fuerza y Corazón por México” con su virtual padrino empresarial, azuzaron y buscaron sacar ganancia del movimiento: la marcha mentía al decirse que no iban contra o a favor de nadie, empero embistieron a la aspirante de Morena y aliados, detractaron al primer mandatario y escarnecieron su investidura. Por lo tanto, la marcha fue amasijo de realidades, farsas y excesos

Concluyendo: entre los mexicanos hay diversidad, derecho a disentir, concientización y multipartidismo; la marcha fue provechosa porque al llevarse a cabo desmiente lo que la oposición pregona: que hay dictadura, carencia de libertad, ataques a la democracia, etc. En una tiranía, la marcha y los agravios infamantes jamás serían posible, en cambio, la oposición los realiza y sin recato recurre a la mentira (esencia de la antidemocracia), incentivando la polarización a la vez que desplegando “fake news” día a día, incitando incalificable guerra sucia que mancilla y degrada el noble oficio de la política. Esta actitud sórdida, aun cuando no lo crean los auspiciadores de ese movimiento, podrá resultarles contraproducente en las urnas, cuando los votantes, en uso de sus atributos, decidirán quién tiene la razón.

Por lo antedicho y de una vez por todas, entiéndase bien: la democracia mexicana, está más viva que nunca y el venidero dos de junio, pondrá a cada uno en su lugar. El que tenga ojos que vea, y quien posea entendimiento que entienda.

DESASTRE PENSIONARIO EN UDEG

POR: JUAN M. NEGRETE

El rincón por donde se va destapando la cloaca es precisamente en el rubro de las pensiones. Nuestro extenso público conocedor no está bien enterado de lo que se tiene armado en este renglón con los trabajadores universitarios. Para su mejor entendimiento habrá que dar unas breves pinceladas históricas del asunto. Eso nos permitirá venir ya con más claridad y entender lo que se quieren sacar de la manga en estos días.

Antaño la nómina laboral de la UdeG estuvo inscrita en el IMSS. Pero la inscripción no se atenía a la percepción real. Los trabajadores manuales estaban inscritos como receptores de un salario mínimo y a los docentes se nos inscribió con dos. Así transitamos muchos años, sin que esta irregularidad generara complicaciones. Pero se nos apareció la reforma al IMSS de 1997, en la que se ordenó que los recursos acumulados en la bolsa de las pensiones pasaran al modelo de las cuentas individuales y se fueran a las Afores. Los trabajadores de la UdeG no fuimos la excepción.

Por supuesto que con estas medidas se movió el avispero y fue cuando nos dimos cuenta de que cotizábamos mal. Hubo reacciones y movilizaciones serias para corregir semejantes deficiencias. La solución que encontraron los prohombres administradores de nuestra bella alma máter fue cancelar la inscripción del IMSS de todos los trabajadores. Como con esta medida tan arbitraria se iba a perder el beneficio de una pensión ya en los años del retiro, para tapar el bache escarbado abrieron otro más adelante. Decidieron conformar un fideicomiso en el que se guardara un buen billete que luego viniera a remediar los daños que se avizoraban. Y así nos quedamos.

El tal fideicomiso, al que se le nombra siempre como Sistema de Pensiones de la UdeG, se armó mediante una sangría directa al salario de los trabajadores. Y como estamos cautivos en nómina, ni cómo chistar. Se nos descuenta del cheque el diez por ciento del salario. Dijeron que la administración iba a poner el otro diez. Así que con ese veinte por ciento, son dos los arroyos financieros que lo sustentan y garantizan que todos los trabajadores recibamos ya en los años de retiro una pensión tasada al cien por ciento del salario.

La parte del monto no suena mal. Hay que reconocer que ha estado funcionando. Pero como que no es fácil caer a cuenta de que se trata de una mera medida mutualista y no del goce de un derecho laboral bien ganado y que debería cubrir la parte patronal. O sea, es una autojubilación. Pero dejemos esta discusión de lado por ahora. Quedémonos con que los fondos del tal fideicomiso, tal como se orquestó, iban a amasar una bonita suma de 38 mil millones de pesos y que garantizarían el pago puntual de las pensiones por lo menos hasta el año 2039. Fueron los números y las fechas que se manejaron y con tales cifras nos quedamos.

A finales del año pasado, en el marco de la FIL, el rector de la UdeG, Ricardo Villanueva Lomelí, soltó la presunción de que “El sistema de pensiones de la UdeG era el mejor de México y tenía una solidez financiera que garantizaba su viabilidad hasta el año 2039”. Pero hace días soltó de nuevo, de su ronco pecho, la trastada real que aqueja a ese mundo de dinero. “Apenas hay 17 mil millones de pesos en el fideicomiso y no alcanzaría esta suma a sostener el pago de las jubilaciones sino hasta el año 2032”.

Así de fino se borda en casa. Pero ya traía el remedio y el trapito. Esta deficiencia se subsana, según ellos, aumentando la aportación de los trabajadores a un cinco por ciento más de lo que recibe de su salario. La misma suma aportaría a su vez la institución. Pero para que no se sienta esta nueva erogación, en los próximos cinco años se les estaría restando a los trabajadores el uno por ciento nada más de su incremento salarial que se realiza anualmente por los ajustes de la inflación. Y todos contentos.

Como no se reflejaría esta deducción en la nómina, los pobres angelitos trabajadores de la UdeG no van a notar el descuento y, por supuesto, no se van a encorajinar. O sea que no vamos a sentir el atraco, aunque se nos arrebate la bolsa a la mala. ¡No nos daremos cuenta! ¿Cómo la ven? Allá nosotros si nos dejamos. La medida ya está tomada y hasta signada por los dos dizque sindicatos que nos representan. Pero, la neta del planeta: ¿Nos vamos a dejar? ¿Van a continuar las arbitrariedades, sin que la fuerza real laboral de la universidad les ponga freno? Los trabajadores de la UdeG tienen la palabra. Y no se diga más. Por lo pronto ya está denunciado el desaguisado.

FILOSOFANDO: ¿HAY SALIDA AL PANTANO PENSIONARIO?

POR: JUAN M. NEGRETE

Una de las más comentadas en la semana ha sido precisamente la de las pensiones. Qué bueno que así sea. Qué bueno que se torne un tema mejor conocido de nuestro público. Es una partida que ejercen nuestros adultos de la tercera edad nada más, pero también viene a ser una expectativa de derecho para toda la fuerza de trabajo en activo. Es pues un asunto central de las remuneraciones, salarios y sueldos que se perciben o se han de recibir. Es un renglón que hemos de tener bien claro todos, tanto los de situación en activo como los ya jubilados y pensionados.

De manera más que general, tanto los voceros de la presidencia y el mismo AMLO como las repetidoras de oficio, han remarcado que el fondo de la iniciativa encierra la propuesta de subir, a nivel constitucional desde luego, la regla de que todo trabajador reciba, ya en estado de retiro, el cien por ciento que percibía de su último salario. Así de claro y así de sencillo. Que no se siga cometiendo la injusticia actual en la que muchos de los pensionados reciben del cincuenta por ciento de su última percepción y de ahí para abajo.

Si es necesario, remarcó el propio ejecutivo, la cartera de Hacienda pondrá a disposición un monto específico del erario para que sea cumplido tal objetivo. Lo importante será cercenar de tajo esta injusticia social latente, vigente y fungente por los días que corren. Hay que ponerle fin pues. Y para esto habrá que recurrir a los medios que sean necesarios. Es lo central del discurso presidencial en este punto y no tiene sombra que le opaque.

Los mismos señores de la oposición, que por sistema le están cuestionando al señor AMLO cada paso que da y cada palabra que profiere, reconocen la justeza de la medida. Aunque de inmediato le hallaron la pata de palo. Por ejemplo, Luis Cárdenas escribe ayer en El Universal lo siguiente: Prometer el 100% del salario en las pensiones de los trabajadores podría ser considerado progresista, si no fuera porque es una promesa cruel en tanto no hay recursos que le den soporte de largo plazo.

Ciertamente el tema es complejo y va a poner a trabajar a nuestros legisladores, quienes habrán de aplicarse a fondo en los detalles, en los que se dice que habita el diablo. Porque decir eso de que no hay recursos que le den soporte a la iniciativa es propio de los discursos merolicos. Por supuesto que los hay. Lo que pasa es que están distraídos o desviados. Y por ahí es por donde se han de enderezar las correcciones.

Hace tres años, en las cuentas de los rendimientos bancarios de las Afores, se leían los siguientes datos: Los mexicanos tienen 4 billones de pesos en sus cuentas individuales para el retiro. Esos recursos generaron rendimiento por 14 mil millones de pesos anuales. Pero aproximadamente el 60% se queda en manos de los bancos. (La Jornada, 2 de marzo del 2020, p. 20). Tales números no han decrecido sino aumentado en los años posteriores, pero el comportamiento de sus destinos no ha variado un ápice. Por supuesto que hay soportes económicos firmes. La cosa fina del asunto estará en ver la disposición tanto de los privados como del gobierno para poner orden final en este rubro. Es lo que va a tener que discutirse en serio y a fondo.

Lo dicho en este punto se refiere únicamente a los trabajadores que fueron sometidos a la inversión forzada en las Afores, que son los formales o registrados tanto en las nóminas del IMSS como del ISSSTE. Pero no es el universo total de nuestra fuerza de trabajo. Este espectro apenas cubre el 45% del empleo. El otro 55% vive en el infierno de la informalidad. Se calcula su número en una cifra que ronda los treinta millones de trabajadores.

De tal espectro no se dice todavía una sola palabra. ¿Seguirán invisibles? ¿Seguirán en el limbo de la explotación irredenta, sin derecho alguno de retiro? ¿No son acaso trabajadores? ¿No son mexicanos? ¿No son seres humanos? Por supuesto que es una asignatura pendiente y debe revisarse hasta con lupa, para ya poner fin en serio a esta injusticia secular que abate a nuestra población. No hemos de quitar el dedo del renglón, hasta que extirpemos tales cánceres de nuestra cotidianidad. Ahí seguimos.