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Entrampado, al borde…

Leonel Michel Velasco

Entrampado, al borde…

Leonel Michel Velasco

Debo empezar a disculparme, pues mi conducción humana me puso en gran riesgo por no decir eminente; mi vida en apoyo de otras, como un llamado a la refriega ¡¡quién sabe nadar!!, me lance como un: león sin armadura, un soldado desarmado, un enamorado Quijote, un impulsivo suicida.

El once de febrero del 22, un día después de celebrar mi cumpleaños, en la playa Boca de Iguanas, a eso de las trece treinta horas, curando la resaca del día anterior, sobre la arena bajo sombra de una sombrilla, que de pronto te invita a moverte siguiendo su cobijo; con despejado cielo húmedo en salada brisa, relajado escuchando el runruneo y observando el vaivén de las olas, entre chelas, tequila, botanas, platicas y alejamientos, distraídos o sumidos en no se que, eso solo cada quien. 

En eso, un grupito de angustiadas personas nos irrumpen dando fin al relax, preguntando, ¡quién sabe nadar! para pronto levante mi mano al tiempo que erguía mi cuerpo, mirando a la chica que pregunto y, el grupito al unísono exclamaron ¡se andan ahogando, se andan ahogando!, al tiempo que apuntaban su vista con su índice; ni voltee a mirar a mi familia, solo medio escuche tras mis orejas a mi hermana que bien me conoce, diciendo ¡no vayas, no te arriesgues!, corrí al encuentro de un destino incierto, con la seguridad de ser un buen nadador sobre todo en ríos y arroyos. 

¡El tiempo apremia!, no lo hay ni para pensar, cuando así reaccioné ya era tarde; solo pensé, espero mi muchacho no haga lo mismo que yo, paré de nadar tratando de mirarlo, para advertirle que se trajera con que flotar, al parecer fue providencial o telepatía, porque mi muchacho reflexiono a medio camino y al querer regresar por algún apoyo, se topo con una tabla de surf que corriente marina dificultaba su avance, mi muchacho la empujo, brincando el bache y acelerando el paso del crucial tiempo, el mar enfurecía como si  estuviera celosamente encabronado. En lo que la esperanza crecía, se aproximaba una amarilla tabla; esperanza más real, que la que yo pude brindar, como si preguntarán ¿quién juega ajedrez?, así me lance al reto, a la nada, donde el tiempo también cuenta.

La vida está en juego, expongo la mía con la posibilidad de salvar tres o sumarme; tras un leve dolor de estómago amenazando náuseas, consecuencia, creo, de botanas, tequila y la angustia, reflexioné mi imprudencia, cuando no soy un salvador, ni de almas y, menos de vidas, en ese momento tardíamente vacilé a escaso siete metros del llamado de ayuda y lastimosos, apremiantes, suplicios ¡ya no puedo más! Al darme cuenta que no podía hacer nada, quise retroceder quedando entrampado, me sumé a los náufragos y les invité a que flotarán como lo hacía yo, pues la desesperación era mucha, vinieron a mi mente las posibilidades de nadar hacía dentro, nadar sesgado…en fin, porque nadar hacia la playa en esos momentos resultaba imposible, (solo siendo un salmón o quizás con aletas o, algún lugareño que sepa mirar las corrientes y desde la playa te guíe y nada, el tiempo pasaba); impotente seguí escuchando el desesperado reclamo de AYUDA, respondiendo —floten, floten, de muertito— poniéndoles según yo la muestra; otra respuesta auxiliadora, ¡estoy igual que ustedes! no puedo hacer nada floten, varios tragos de sal, floten, la sensación de vomito no cedía, en eso gracias a Dios, se aproxima la amarilla tabla, siendo yo el más cercano, el de la tabla dudo, si desviarse escasos dos metros o seguir por los que más, lo necesitaban… y, yo yendo a su encuentro acortando distancia le grité, ¡te ayudo!, mi salvación, y sí ayudé, remamos en equilibrio acelerando el paso y de esa manera llegamos rápidamente; la fuerte agitación de mi respiración por boca y nariz no cesaba, para pronto nuestro Ángel Canadiense, con acento francés preguntó en buen español —¿quién ha tomado agua?—, me vio tan agitado que volteó a verme auscultando, señalándole con mi pulgar que me encontraba bien; se decide que el chaval de renovada esperanza el más afectado subiera a la tabla, nos disponíamos a ir por el otro, un poco mar adentro cuando llegó una rápida lancha de remo, todos le indicamos que no parara, que mirase la cabeza a escasos 15 m., siendo la lancha más ligera que la tabla, tuve la confianza de que el auxilio llegaría a tiempo, además el joven no se quejaba solo flotaba. 

Me olvide de la cabecita flotante, nos organizamos para salir ya con el joven más sosegado sobre la tabla, el canadiense en la cola de conductor, yo y el padre del muchacho a los lados, remando al unísono sin bajar el ritmo, así salimos, no sin antes romper una ola contra la tabla, revolcando a nuestro Ángel héroe, como si el mar se vengara, yo apenas si alcancé clavarme a la base de la ola, que también me dió una leve revolcada o zarandeada vivificante, tocando arena de boca iguanera. 

Ya de pie respiré tan hondo como pude, una y varias veces, como para sentirme más vivo. Espero vivificarme y agradecer cada hora de por vida, agradecer, respirar, hacer ejercicio y mantener una actitud mental positiva, por lo que resta.

Solo entonces el Ángel canadiense (a quien en ese momento tuve la oportunidad de agradecer,) y yo, nos percatamos en elevado montículo de arena, que la lancha de remo no había llegado a tiempo, por unos segundos la esperanza finalizó, se fue. La nuestra aún persistía esperando ver surgir la cabeza que algunos minutos la vimos tan de cerca. Posteriormente me mostraron un video del jovencito sano, sonriente, lleno de vida de escasos 20 años. 

Y gracias a quien no agradecí a la chica que me pidió auxilio, pues pues posteriormente me enteré que esta misma chica, encontró la tabla amarilla, la tabla de la esperanza, que un anciano cargó corriendo hacia la playa y ella preguntando — quién sabe manejarla —. 

Bien recuerdo que en el trayecto de salida con los náufragos, el padre del muchacho le dijo, — o eras tú o era él y, me decidí por ti—…, no pregunté nada, solo pensé que el otro también era su hijo, a lo que resultó haber sido un amigo que les acompañaba. Q.E.P.D.

Dos días después de mi cumpleaños, en apacible nublado y medio lloviznado amanecer ocultándose una luna casi llena del día 12, rondándome el luto del jovencito del día anterior, se me vino a la mente el hecho de que nunca me detuve a pensar, en quedarnos  en vez de dar vuelta a la tabla amarilla y, quedarnos, no tanto como espectadores, más bien apoyando con nuestra presencia, porque a lo mejor el joven no miró la lancha que se aproximaba, solo nuestro alejamiento, perdiendo toda esperanza…a lo mejor.)

En solitaria comunión, frente al mar, cabizbajo caminé a mi derecha por la playa divagando, de pronto no se si realmente lo vi o aluciné, a mi izquierda un alargado lanudo perrito blanco, por la orilla medio jugueteando con las olas y confundiéndose con la blanca espuma, que luego ante mi vista después de dos confundidas, por fin desapareció… solo reflexioné: ¿sería el espíritu buscando su cuerpo?, ¿realmente lo ví o fue un fugaz alucín? Continué caminando de frente, hacia las rocas de donde realmente vi salir un alargado blanco como vapor o nube en movimiento, que resultó ser un perrito que desapareció. Seguía entre meditando y divagando, al llegar a las rocas, me encontré con una cueva, dentro una virgen que de pronto no supe distinguir y algunas, recién apagadas humeantes veladoras, de guía almas al encuentro de la luz, sumándose a otras veladoras sin guía, sin humo.  

De regreso al campamento, ya olía a café y un pájaro carpintero picoteaba una palmera,  entre tomar fotos, sorbos de aromático café y la algarabía del recién llegado hijo mayor,  fueron despertando cabezas saliendo de las casitas sumándose al café, en circular plática de fresca y mojada mañana, el último en salir fue el hijo menor con su pareja quienes llegaron de madrugada.

Todos juntos y me dije ánimo, estamos aquí y no me lloran. GRACIAS Sr. por la dicha de tener a la familia reunida, junto con mi hermana todos con bien, en celebración de mi cumple; donde tu presencia Señor, fue ampliamente sentida. Y otro día me acompañaste y protegiste. Con el milagro de la vida.   

Una gran disculpa. 

A mi hija, quien al verme salir apresuró su abrazo, mi doceañera, que el solo pensar en la pérdida, se entristeció y los dientes apretó; le pregunte recordándole, cuándo andábamos buscando su estrella Sirio,  ¿si recordaba la perdida de su primer diente aguilotado?, entre lágrimas y entrecorta voz solo me dijo —hay apá— situación que aproveché para ahondar un poco más sobre el sentido de las perdidas, explicándole —así como a mi me tocó vivir la de tantos seres queridos desde mis cuatro abuelos, mis padres, primos, amigos y conocidos. Algo que es muy posible tendrás que afrontar. De manera evasiva me interrumpió, pidiéndome menos explicaciones. Lo entendí como ir más al grano sin rodeos. 

A mi señora, quien contactó a los encargados del lugar, pidiendo apoyo llena de angustia.

Posteriormente continúo protestando por la falta de señalamientos y adecuados apoyos;  a quién al llegar de mi naufragio, le dije — Aquí tienes, tu peor es nada— , mi padre así se refería con mi esposa, agregué — para que me dejaste ir —, entre su abrazo solo me dijo — menso — .

A mi hermana, con quien hace algún tiempo, renacimos en una curva del chorrillo rumbo a El Grullo, en mí VW (asunto de otra historia…), quien identificó a la virgen de Talpa con la foto en la cueva y me llevará a visitarle. 

A la pareja de mi segundo hijo, quien solidariamente vivió nuestra angustia y esperanza. 

A mis tres mosqueteros guerreros, a quienes la confianza les acompañó, pues su padre sabe flotar de muertito, horas flotando en olas de Melaque; así le contestaron por el celular a su madre, supongo para darle confianza en lo que sucedía el evento. 

De entre mis meditaciones post acontecimiento del día 11, recuerdo a mi abuelo Mariano, pues el 11 era su cumpleaños y, quien fue un excelente nadador con solo una pierna, flotaba por horas en olas embravecidas de Barra de Navidad, donde yo no me he atrevido. 

Así mismo las enseñanzas ejemplarizas de mi sabio carpintero padre, de pocas palabras, y característica calma, quien me enseñó a trabajar quien desde chico me llevaba a pescar al rio, nadar, sembrar la milpa, atender granja porcina, detener tablas y troncos frente a ruidosas y polvorientas maquinas estimuladoras de estornudos. 

Siendo uno de los pocos privilegiados que conocieron y convivieron con sus padres y sus cuatro abuelos, además de conocer y convivir con todos los tíos y hermanos, en la reflexión me llegó una ráfaga de acontecimientos vividos creando una serie de propósitos tales como: al despertar con profundas respiraciones agradecer al Señor, ser positivo y, no olvidar las respiraciones cada hora de por vida.

Probablemente de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose. 

Julio Cortázar

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Bajando a todos los Santos 

Pilar Michel Velasco

! Leonel…! _ le grité con todas mis fuerzas, _ NO te arriesgues! _ .. y no me escuchó, pues el ruido de las olas chocando en la playa de ése mar embravecido no le dejaron oír; como un resorte se lanzó al agua con un gesto instintivo de prestar auxilio, y de una manera tan espontánea movido por una fuerza  mágica, sin pensarlo dos veces se lanzó a salvar a alguien que se ahoga.

Me quedé parada absolutamente inmóvil, como paralizada;  el recuerdo de esa escena me oprime todavía hoy la garganta. —El sabe nadar y flotar me dijo Gaby y corrió a buscar a los salvavidas y a Jesús—, Jesús llegó corriendo y me preguntó : —¿ Y mi papá?—.  con un dedo le señalé el horizonte, se lanzó al agua y ayudó a meter la tabla amarilla que el oleaje sacaba.

Yo solo alcanzaba a ver dos puntos negros que con el vaivén  de las olas aparecían y luego desaparecían hasta que de pronto alcancé a ver la tabla amarilla y a Leonel tomado de ella y remando con el brazos.  —Hasta entonces me bajó el alma al cuerpo, pude tragar saliva y se me fue disipando el miedo, un miedo terrible de que algo espantoso le fuera a pasar.

Las miradas de todos los que estábamos en la playa vagaban hechizadas a la expectativa, hasta que el mar arrojó de golpe la tabla con sus tripulantes.  —Leonel caminó hacia nosotros tambaleante y se dejó caer en una silla; callado con la respiración agitada y una  expresión de vencimiento y desesperación.  —¿Por qué no me detuvieron?—  nos dijo con la cara desencajada cómo nunca lo había visto.  —¿lo sacaron?— le pregunté, y movió la cabeza negativamente. Y la tristeza nos invadió por el resto del día.

Ya no vimos la puesta del sol, ya no vimos el firmamento porque por la noche una ligera llovizna se dejó de caer. Imposible dormir imaginando una y otra vez la situación vivida unas horas antes y la imagen de una chica corriendo desesperada por la playa que preguntaba : —¿Quién sabe nadar?  Quién sabe nadar?—  Y minutos más tarde la misma joven corriendo: —¿Quién sabe usar ésto? Quién sabe usar ésto?— seguida por un anciano cargando una tabla amarilla.

Mañana nos vamos a la playa, quiero ir otra vez a acampar, ver el firmamento, la puesta de sol… ¿vamos? — para entonces yo estaba leyendo por segunda vez la novela de Stefan Sweig «Veinticuatro horas en la vida de una mujer» . _ lo que vivimos ahí (porque finalmente fuí), fueron Veinticuatro horas en la vida de una familia, veinticuatro horas que no olvidaremos tan fácilmente ya que Gaby, Victoria, Jesús y Alex tendrán me imagino recuerdos similares .

De regreso a casa volví a retomar la novela en la página 52 donde Stefan narra las horas vividas llenas de impresionantes acontecimientos que vivió y que me animaron a escribir, aquí los narro sin lujo de detalles porque fueron muchos en tan solo 24 horas.

Condolencia +

Las familias Michel Velasco y Michel Gómez, el equipo de elgrullo.com.mx nos unimos a la pena que embarga a la familia Álvarez Baena y demás familiares por el sensible fallecimiento de   JOSÉ LEÓN ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, entrañable amigo y colaborador del Periódico Expresión, cultivador pionero de la semilla del cooperativismo en su tierra natal El Grullo, Q.E.P.D. 

JOSÉ LEÓN ÁLVAREZ RODRÍGUEZ,

Q.E.P.D. 

San Luis Potosi MX Miércoles 13 de Marzo de 2019

DEFUNCIONES DE OCTUBRE 2018 EN EL GRULLO

El equipo de elgrullo.com.mx respetuosamente expresa a familiares y allegados sus más sentidas condolencias por el fallecimiento de sus seres queridos.

Nombre completo Fecha de fallecido Edad
MA. DE LA LUZ VILLANUEVA SANCHEZ 01/10/2018 HORA 02:50 p.m. 91 AÑOS
CARITINA VALLEJO BALTAZAR 03/10/2018 HORA 03:45 a.m. 86 AÑOS
DANIEL SANCHEZ OROSCO 06/10/2018 HORA 02:07 p.m. 82 AÑOS
MA JESUS ESQUEDA FONSECA 09/10/2018 HORA 04:25 a.m. 94 AÑOS
J. Refugio ZARATE LOMELI 09/10/2018 HORA 02:30 p.m. 94 ÑOS
VICTOR FUENTES ABELINO 10/10/2018 HORA 02:00 p.m. 76 AÑOS
AMELIA OCHOA RODRIGUES 14/10/2018 HORA 02:50 p.m. 81 AÑOS
VICTORIA OROZCO VIZCAINO 14/10/2018 HORA 05:00 p.m. 83 AÑOS
J.JESUS JULIAN SALAZAR GONZALEZ 22/10/2018 HORA 07:12 a.m. 56 AÑOS
MIGUEL MEDINA ZEPEDA 21/10/2018 HORA 02:00 p.m. 93 AÑOS
MARIA YNES VELAZQUEZ ORTEGA 22/10/2018 HORA 10:15 p.m. 88 AÑOS
JACOBA MANZO ORDAZ 25/10/2018 HORA 01:35 p.m. 78 AÑOS
MA TRINIDAD MEDINA MEDINA 25/10/2018 HORA 01:10 p.m. 93 AÑOS
MARIO VAZQUEZ VALDOVINOS 28/10/2018 HORA 12:45 p.m. 53 AÑOS
JOSE HUGO GONZALEZ LOPEZ 29/10/2018 HORA 10:00 p.m. 48 AÑOS
ANDRES COBIAN CAMPOS 30/10/2018 HORA 07:00 a.m. 82 AÑOS