No es una despedida… “La empuñadura es la razón”

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Jorge Asdrúbal Gómez Michel

Cuando Leonel Michel me dijo que ésta sería la última edición de Expresión, no pude evitar sentir una opresión en el alma.

Llegó como torbellino el recuerdo de aquella calurosa tarde en Guadalajara, cuando Leonel me pidió hacer la que sería –tal vez sin que él lo supiera– mi primera entrevista.

“Para que vayas haciendo tus pininos”, me dijo. Y sí, yo alguna vez le había contado de mi interés en hacer periodismo, pero la verdad es que nunca había tenido una grabadora en mis manos.

Y la que sostenía entonces –una Sony TCM 323, en la que invertí mi primer cheque de 500 pesos que obtuve como becario en la Coordinación de Servicios Estudiantiles de la Universidad de Guadalajara– bailoteaba cual trucha entre mis dedos.

Sin más, oprimí el rojo del “rec” de aquella pesada grabadora. Fue con José María Robles, grullense y entonces alcalde de Tlaquepaque, afuera del extinto salón “Los Ángeles” –si no mal recuerdo el nombre–, previo a la presentación oficial de Agrúpame (Asociación Grullense Pro Apoyo y Mejora). Hablamos de…política, seguramente… ¡qué más da!

Yo, entonces con 18 años recién cumplidos, aún no me decidía entre estudiar la licenciatura en Comunicación en la Univa (Universidad del Valle de Atemajac) o hacer caso a las voces que repiqueteaban “el periodismo no te da para vivir”, y cambiar el rumbo.

Pero cuando vi mi primer nota impresa en papel periódico, con ese característico olor a tinta fresca, supe que no quería dedicar mi vida a otra cosa.

Y así, en agosto de 2004, se cumplieron los primeros 10 años de Expresión. Para celebrarlo, Leonel organizó un evento en el Club de Leones de El Grullo al cuál invité a mi estimado profesor, Sergio René de Dios –actual coordinador editorial de El Diario NTR–, quien dio una charla sobre Periodismo y Globalización.

Entre sus muchas enseñanzas, recuerdo que Sergio René pedía a sus alumnos no olvidar que, ante todo, el periodista es un “buscador de humildes verdades”. También recuerdo que nos decía que un periodista no podía jactarse de serlo, sin antes pasar por la nota roja. Lamento decirle, entonces, que yo aún no lo soy. Pero “nunca digas ‘nunca’”…

También dicen que somos escritores frustrados; redactores que, faltos de talento para crear nuestras propias historias, nos resignamos a tomarlas prestadas de la realidad. En mi caso, estoy convencido que sólo hace falta tener una buena historia y saber cómo contarla.

Y las que nos regala la realidad, por ejemplo, de una comunidad que a pesar de su crecimiento no ha dejado de conservar su esencia rulfiana, como la de El Grullo, trascienden el quehacer cotidiano e invaden terrenos propios de lo humano, con valores universales como la igualdad, la fraternidad, la libertad, el respeto, el trabajo y un largo etcétera.

A propósito del título de este texto, José Martí escribió: “el periódico es una espada y su empuñadura la razón. Sólo deben esgrimirla los buenos, y no ha de ser par para el exterminio de los hombres, sino para el triunfo necesario sobre los que se oponen a su libertad y progreso”. No puedo estar más de acuerdo.

A veces, los temas políticos –al igual que la religión y el deporte– generan polémica, arrebatan pasiones y hasta rompen lazos afectivos, pero en Expresión tuvieron siempre cabida, sin ningún tipo de censura y más bien con fascinación, éstos y muchos otros asuntos, privilegiando el interés público.

Tuve la fortuna de colaborar como corresponsal de estas páginas, a la par que me desempeñé, primero como reportero y luego como editor, durante 15 años en Mural, de Grupo Reforma, y no tengo sino palabras de agradecimiento hacia Leonel y hacia Expresión en este 25 aniversario, que paradójicamente significa también su cierre.

En tiempos de la vorágine informativa, en los que pesa más la inmediatez que la veracidad y en los que discernir entre lo verificado y las “fake news” es una labor más que compleja, mayor mérito tiene la labor de medios como éste, que siempre se han conducido por el camino agreste del periodismo crítico, de investigación, y no por la vía rápida de la nota amarilla y el encabezado de relumbrón.

Las incorruptibles páginas de estos 25 años ahí quedan, como material de consulta impreso para las futuras generaciones.

Gracias a Expresión por haber sido siempre un espacio para el periodismo franco y abierto, con ese estilo que siempre gustó tanto a sus lectores. Gracias, Leonel; gracias, lectores. 

¡Larga vida a Expresión!

+ Expresión ya murió…

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