21 de marzo: ¿cuál primavera?
Juan M. Negrete
El día de hoy es una fecha memoriosa. Desde niños se nos enseña lo de la rotación de las estaciones. Se identifican a cuatro de ellas y se ponen en un círculo a dar vueltas. El conteo inicia con la primavera, luego el verano. Se sigue con el otoño, cerrano con el invierno. Vuelve otra vez la primavera y ahí le seguimos.
El día de hoy camina el inicio de la rotación. Quien lo desee tiene derecho a celebrar, festejar, rememorar o a lo que quiera hacer con estos datos fácticos, establecidos por las rutinas del dios Cronos. Como los inviernos suelen ser tan duros en el norte del planeta, eso de que lleguen a su final alegra a todos los corazones y pone a todos contentos. Quien lo niegue, será mirado como un amargado más, de los muchos que pueblan el planeta y nos acompañan en la aventura existencial.
La idea fija tiene que ver con la floración de los árboles pelones, disecados primero por el otoño y luego por el frío. Como que todos los seres vivos vamos a salir de un largo período de latencia. Algunos exageran, como los osos, que se encierran en cavernas para dormir un largo sueño de hibernación. Pero finalmente hasta ellos despiertan y salen al campo, expectorantes y gritones, a gozar del grato aroma de las flores y del mundo reverdecido. Hay que soltar pues las campanas al viento.
Pero esto se limita a meros registros cronológicos, al arranque de las hojas de los almanaques, a señalar con el índice las fechas de los calendarios. Porque en el mundo de los humanos, en las cosas que ocupan nuestra atención en realidad, como que no podemos dejar que se nos desborde el optimismo. Si lo hacemos, pecaríamos de fantasiosos. Nos contradirán los acontecimientos más palmarios, tan a la mano que ni siquiera necesitamos mencionarlos. Pero habrá que hacerlo.
Lo primero a constatar es la situación bélica en los diferentes frentes del planeta. La guerra que se sostiene desde hace tres años en Ucrania no tiene solución de continuidad. Hay una confrontación sangrienta que ha diezmado tanto a tirios como a troyanos, como reza el argot clásico. Se desangra el agresor como el que se defiende, al grado de que sólo nos queda el juicio burdo de afirmar que la tal guerra sigue empantanada.
Hay analistas desbalanceados, como siempre en todo conflicto. Algunos hasta dan ya por vencedor al bando de sus preferencias. Por ejemplo, la prensa occidental minimizó desde el principio los avances rusos en el frente de batalla y hasta se llegó a leer que era cuestión de días nada más para que los ucranianos se alzaran con el grito final de la victoria. Era la visión británica extendida, a la que se adherían sin sentido crítico alguno muchas de las voces de la OTAN. Versión optimista de Occidente. Pero la tal victoria, tan supuesta, nada más no apuntaba por ninguna parte.
Mas dejemos a Ucrania, que es boruca vieja. Vengamos a nuestros patios, que también arden en llamas. El día tres del año en curso, los gringos secuestraron al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa. Tras un despliegue previo de las fuerzas marítimas gringas por el Caribe, le metieron cerrojo a su atrevimiento, a sus caprichos e ilegalidades, y fueron a sacar de su espacio privado al presidente. Un atrevimiento ilegal y absurdo, que rompió con cuanta variable establecida se revise, fue cantado por la difusión mediática imperial como una hazaña, como un logro con tintes épicos. ¡Habrase visto! Y de esto somos testigos todos los que aún estamos vivos, a pesar de tanta demencia.
Para ahondar en semejantes locuras, a las que se busca justificar con narrativas ridículas como la doctrina Donroe, la gringada en el poder aprieta la tuerca del bloqueo a la hermana isla de Cuba, que ya lleva padeciéndolo arriba de seis décadas, y canta a voz en cuello que ha llegado a su fin el régimen cubano (lo que esta cantaleta quiera significar).
Si se le buscan chichis a las culebras, lo que encierran tales discursos disparatados ha de ser que, así como Maduro fue secuestrado, a Díaz Canel, el actual presidente cubano, se le aplicará también la misma amarga medicina. O tal vez alguna peor, como la que le aplicaron al líder de la revolución islámica de Irán, que terminó ejecutado tras una incursión armada, dirigida a buen seguro, a eliminarlo físicamente.
De los tres cabecillas líderes, entendidos como irreconciliables enemigos del imperio gringo, habrá que hacer el recuento. Maduro está retenido y preso en las mazmorras gringas. Dizque lo van a juzgar. Quién sabe bajo qué cargos, porque el de líder del cartel de los soles ya fue descartado. Era de suponerse que al secuestrar a Maduro, el gobierno chavista de Venezuela quedaría acéfalo y sería suplido por títeres de conveniencia. Pero, por ejemplo, a la María Corina Machado, la desecharon los gringos como elemento chafa. Y los venezolanos resolvieron la ausencia definitiva de su presidente electo por la vía de la legalidad establecida. El gobierno de Venezuela sigue vivito y coleando entonces. Si se quedarán los gringos con el petróleo venezolano y su riqueza minera, habrá de verse todavía.
Alí Jameini, el gobernante persa, ya fue decapitado, aunque los iraníes se dieron de inmediato a la tarea de sustituirlo y pusieron en su lugar al propio hijo del viejo ayatola sacrificado. O sea, el poder iraní no ha sido desmantelado tampoco. La guerra desatada por el sionismo hegemonista y el imperio yankee les vino a ser empantanada por los iraníes agredidos, en todos los frentes, al grado de que los invasores ya no hayan la puerta. Hay indicadores que apuntan a una seria derrota tanto del imperio en decadencia como de los aprendices de nazis que son los sionistas.
Y, bueno, con Cuba, Díaz Canel no ha sido retenido. El bloqueo parece seguir siendo lo mismo de siempre. ¿Qué más vendrá? ¿Se atreverán los gringos a desatar la ofensiva final contra este pueblo heroico? Veremos.


