Adiós, Tortugertz

Juan M. Negrete

Algo parecido hay que decir sobre la ley de aguas. Parece que el público conocedor y sobre todo los inmiscuidos en tales litigios ya le van entendiendo al enredo. La semana entrante le revisarán sus costuras en el legislativo. Para cuando sea votada esta nueva ley, elevada por iniciativa de doña Claudia, ya deberán estar claras las partidas y hasta el numerario de votos que se llevará cada parte. Ya veremos qué ocurra.

Con lo de la salida de don Alejandro Gertz Manero de la fiscalía general de la República el sainete está más que claro. Nos podemos dar vuelo con su enredo. No nos gusta el chisme, pero nos entretiene, Así que, como decían nuestros rancheros en sus floridos refranes arcaicos: A darle, que es mole de olla.

Lo primero que hay que señalar, y es obligado hacerlo, es que se trata de un enredo del mundo de los abogados, o del derecho. Pero como los abogados tienen acaparada esta parcela, ni cómo discutirles. Siendo asunto de huizacheros, no seguiríamos como mal consejo si nos retiramos y los dejamos engolosinados con su pastelito. Aplicando de nuevo los consejos de nuestros refranes, deberíamos hacerle caso a aquel que nos recomienda irónicamente: Entre abogados te veas.

La tal renuncia o despido, que es un hecho consumado ya, no es cualquier bagatela de la judicatura, sino de uno de los focos de nuestras inacabables disputas. Se trata de la fiscalía, es decir, del mundo de los tribunales a donde concurren todos nuestros litigios. En ellas se administran las culpas y las penas generadas en nuestros litigios. Por decirlo de otra forma, ahí es donde sale el peine de todos nuestros trucos. No es pues un espacio público irrelevante, sino institución seria.

Apenas transcurrió un año de ejercicio del poder de doña Claudia. Le antecedió la evacuación de la vieja suprema corte de justicia, oootro albergue de juristas. Ya vimos la refrasca que se armó en todos los tonos, por sacarlos de su apoltrone. Quisimos y metimos a otros, que fueran electos por la población. Todavía hay quienes refrescan anomalías y descalificaciones de dicho proceso, pero ya es cosa resuelta.

Con la remoción de Gertz, igual va a tener que templarse el acero. El viejito nos resultaba a todos una figura desastrada. Es un octogenario y estaba al frente de una oficina de poder más que importante: donde resolvemos nuestros problemas cotidianos. Pero él no hacía nada. O al menos eso reza la conseja popular. Se la pasaba papando moscas, o en babia, o en la luna, o vaya usted a saber dónde, menos donde le obligaban sus tareas de atención al público.

Sólo por darle una mediana repasada a los líos de urgencia y voluminosos en plata que afrontamos y que le fueron llevados a su oficina, para señalar su ineficiencia permanente. Desde que llegaron Obrador y él a sus sillas respectivas, el Peje señaló que lo del huachicol, entiéndase como el robo de combustibles a Pemex, era grito que pegaba al cielo y que habría de corregirse. Pasaron sus seis años. Doña Claudia lleva uno y más y lo del huachicol sigue siendo nuestro saqueo más escandaloso. Y ¿don Gertz?: enfurruñado en su concha. ¿De ahí le vendría el apodo de Alejandro Tortugertz?

Hay que decir también que la FGR vino a sustituir a la que conocíamos como PGR, de la que se decía que era un nido de corrupción y de suciedad palmaria. La intención de cambiarla, dándole autonomía, era la voluntad de sanear estos procesos y volverlos ágiles al menos (gulp). Aparte de la autonomía, la duración del titular se aumentó a nueve años. Dejó de ser una dependencia sujeta al ejecutivo. Pues ahí tenemos lo que fermentó con Gertz. Nació paralítica, para empezar.

Aparte de lo del huachicol, hay otros escándalos conocidos. La compra de conciencias que hizo Odebrecht, encabezada por Lozoya, iba a generar una limpia ejemplar.  Se volvió humo. Lo de la Estafa maestra, de doña Rosario Robles, también la volví papel higiénico. Peor le ha ido al asunto de la desaparición de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa. Hasta vergüenza nos da mencionarlo.

Se cansaron los señores del nuevo gobierno, el de doña Claudia, y le leyeron la cartilla. O al menos eso suponemos. Porque lo que adujo el viejito en su carta, como razón para salir de su oficina para siempre, fue lo de una invitación para irse de embajador. Que le den esa causa como razón a los infantes de pecho, porque los adultos no nos conformamos con mamadas. Es lo mismo que escribe todo mundo en sus renuncias o despidos, al afirmar que se separa del cargo por motivos de salud. Se hace así para ahorrarse pasos nada más. Ya sabemos que no se fue por su propio gusto, si estaba tan amplio y orondo es tales oficinas. Pero se le llegó el día y se tuvo que despedir. Que le vaya bien.

Lo que urge de inmediato, y los responsables del caso ya lo están mencionando como urgencia nacional, es la sacudida de todo el ramo de las fiscalías estatales. Urge entonces una limpia general, como la que se hizo con el mundillo de la corte. Las parejas de los jueces son los fiscales. Si no hay limpia, el remedio queda a medias. Son alarmas que se tienen que atender de inmediato, aprovechando el ruido presente. Lo veremos.

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