MÉXICO: CON SOBERANIA, DEMOCRACIA Y JUSTICIA A RAJATABLA, JAMÁS HACIA ATRÁS

simulación. “En realidad, lo que se trataba era de perpetuar el control de una élite
que gobernaba sin responder al pueblo”.
Ante ese panorama, el señor Madero es que decidió encarar al vetusto
régimen porfirista, y convocó a la revolución. Al llamado se sumaron campesinos,
obreros, maestros y sectores diversos, “hartos del autoritarismo”, enfatizó la
Presidenta, porque “El Plan de San Luis fue más que un llamado a la rebelión, fue
un acto de fe en el pueblo de México, fue la convicción de que ningún poder, por
grande que sea, puede imponerse a la justicia y a la verdad”. Por ello se concluye
que el Apóstol de la Democracia, es pionero de la democracia, “cuando ésta
apenas era un susurro, un soñador audaz que decidió luchar contra la inercia de
décadas de injusticia y autoritarismo”.


Luego sobrevino en 1913 la decena trágica y el Plan de Guadalupe que
encauzó al pueblo mexicano hasta forjar la Constitución de 1917: en ese periodo
“la nación entera se convirtió en un campo de batalla, marcado por incendios,
hambre y epidemias…, la guerra, la miseria y el tifo arrancaron la vida de un millón
de mexicanos.”


Esa Carta Magna, en parte concebida por nuestro paisano Rojas, se reconocieron las principales demandas del pueblo, mismas que enlistó la mandataria: El derecho de los campesinos a la tierra. El salario mínimo. La jornada de 8 horas. La organización sindical. La seguridad social. El derecho a la
educación. “Y a pesar de fuertes presiones de compañías y gobiernos extranjeros, se logró recuperar para la nación las riquezas naturales.”
Tras lo antedicho, la mandataria les hace un señalamiento a las oposiciones: “El porfiriato de entonces es al mismo al que quieren convocar ahora:
al del despojo, al del exterminio silencioso, al de la esclavitud, al de una prensa callada, al de una paz impuesta”. Enseguida se refiere al neoporfirismo, “periodo previo al de la actual Transformación: 36 años de regresiones, pobreza, desigualdad, corrupción y privilegios; el periodo neoliberal”. En consecuencia, son cuatro las transformaciones que han marcado la historia de México: “la Independencia, la Reforma, la Revolución, que fueron armadas. Y la Cuarta, una Transformación pacífica decidida mayoritariamente por el pueblo de México, que reivindica la justicia, la libertad, la democracia y la prosperidad compartida”, etapa en la que impera el principio de “Por el bien de todos, primero los pobres”, reforzado por las ideas de que no debe haber gobierno rico con pueblo pobre, así como que con el pueblo se hace todo o no se hace nada.


Las principales enseñanzas que nos dejó la Revolución madero-
constitucionalista, son el humanismo mexicano, cuyas raíces se encuentran en la
historia del país, desde las humanidades novohispanas hasta los movimientos sociales y revolucionarios, cuya esencia es que el poder existe para servir al pueblo y mejorar su bienestar, dentro de cuyo ámbito resalta la lealtad de las fuerzas armadas a la Suprema Ley y a las instituciones republicanas, fidelidad que
entraña patriotismo, valor y servicio al pueblo. Igualmente, nos instruyó -la Revolución- para vivir apegados a la democracia, al cumplimiento de la ley y poner en práctica los principios juaristas del respeto al derecho ajeno y el de aprender a vivir con en la justa medianía, considerando a esta como una existencia sin excesos, con dignidad, fraternidad y sin derroche ni vanidades.


Nuestra íntegra gobernante, habló bien y el eco de su voz debe llegar a todos los rincones de la patria, o donde haya coterráneos, porque es cierto que, con soberanía incólume, vigorosa democracia y justicia a rajatabla, la nació jamás irá hacia atrás. La Revolución Mexicana, sus postulados y forjadores, han
de ser honrados permanentemente por pueblo y gobierno.


Jalisco debe sumarse a tal empeño, con mayor razón que otros lugares, puesto que surgidos de aquí fueron varios predecesores y columnas de la Revolución: en lo agrario, el jurista Wistano Luis Orozco; en el campo obrero y gubernamental, Don Manuel M. Diéguez; como maderista y luchador civil D. Salvador Gómez y como autor de la ley del municipio libre y redactor del proyecto de Constitución, el periodista y abogado, Luis Manuel Rojas, todos ellos, orgullo del Estado y lustre de México.

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