Oposición histérica
Juan M. Negrete
Suena a normal que en las confrontaciones políticas no se respete el axioma de la cordialidad que nos enseña que la ropa sucia se lava en casa. Por el contrario, la puja en tales lides muestra como logro eso de sacar los trapitos al sol. Mientras más sucios, más desgaste propinan. Es lo que vemos cada día. En donde rasquemos salta el pus. Pero en los días recientes registramos que se excedieron.
Se precipitaron torbellinos cargados de agua y azotaron la Huasteca con mayor fuerza de la acostumbrada. Hubo destrozos en cinco estados. Perdió la vida casi un centenar de paisanos. Viviendas, cosechas, ganado, muchos bienes fueron arrasados: un verdadero infierno de aguas. Nuestro pueblo es generoso sin aspavientos. Se volcó a integrar centros de acopio. Medicamentos, ropa, víveres, enseres… Buscó la forma de hacer llegar lo acumulado a los desastrados. Lo más notorio de estos afanes de apoyo estuvo a cargo de doña Claudia, la presidenta, flanqueada de las fuerzas armadas y los servidores de la nación.
Pero ¿qué creen? También se desató una turbulenta campaña que demeritaba y falseaba los esfuerzos del rescate oficial. Calumnia, que algo queda, reza el refranero morboso. La oposición partidista nos recetó esta amarga pócima. Que dizque una famosa caja, llamada Fonden, estaba vacía porque fue robada por el régimen anterior; que ni cómo auxiliar a los damnificados; que gobierno ladrón… y el fondén y el fondén.
Doña Claudia y su equipo oficial no cejaron, ni pararon en su esfuerzo de curar el mal de los paisanos agraviados, hasta que ataron las puntas deshilvanadas del desastre y pusieron orden en la casa siniestrada. No fue fácil, pero ya lo consiguieron. Y vamos a lo que sigue.
Se vino el paro de los agricultores en tres estados del país, por los precios tan bajos del maíz. La cantaleta de que sin maíz no hay país resonó a lo largo y ancho de toda la nación. Los titulares de este ramo buscaron la forma de arreglar la deficiencia y, tras los ajustes necesarios, se llegó al acuerdo necesario en el precio de la tonelada.
Había pues que levantar los plantones carreteros. Pues otra vez la burra al trigo. Líderes prianistas del campo, valiéndoles los puntos del acuerdo ya alcanzado para las demandas de los agricultores, se volvieron a instalar en plantón en los tres estados, violentando el cuadro. O como dicen que dice el gachupín: nomás por joder. ¡Vaya usted a saber!
Se nos vino luego encima lo del doloroso crimen de Carlos Manzo, el presidente municipal de Uruapan. Este señor había sido diputado federal por Morena en su anterior ejercicio de representación pública. Luego contendió, como candidato independiente, para la presidencia municipal de Uruapan y la ganó. Como trotaba en caballo de hacienda, se propuso formar con un elevado contingente de simpatizantes, un clan político al que buscaron denominar ‘el partido del sombrero’, ‘el movimiento del sombrero’ o algo así. Sin albures.
Se sabe que un muchachito de apenas 17 años de edad, originario de Paracho, Mich., el santuario de las guitarras, fue el que lo victimó. Le descargó seis balas de la pistola. La parca ya le había marcado a él también su rayita y ahí quedó. Lo alcanzó uno de los guardias personales del alcalde. De inmediato acaparó la atención el hecho en todo el país. Manzo había abierto desde su campaña las hostilidades en contra de los grupos delincuenciales que mantienen al estado de Michoacán en vilo.
Por lo acontecido, la hipótesis más firme nos conduce a pensar en que lo hayan puesto en la mira los mentados cárteles. Se sabe que extorsionan a los agricultores productores de aguacate, limón y berries, quienes han introducido sus productos al mercado gringo con buenos rendimientos. Los cárteles se disputan la extorsión de este mercado floreciente. Todo apunta pues a su autoría. Pero le vuelve la vasca al niño.
Veamos lo de la identificación de los cárteles michoacanos, que se encuentran en disputa abierta por la extorsión de estos recursos. Uno es el CJNG, demasiado mentado ya en tantas dagas que nos ocurren, como para ensayar a esbozarlo. Se menciona otro grupo con la denominación de la Nueva Familia Michoacana. Y uno más: el de Cárteles Unidos. El hecho duro viene a ser que Manzo les tenía declarada las hostilidades a estas fuerzas clandestinas y les hablaba al tiro, con el mismo lenguaje iracundo al que los narcos acostumbran y que no deja lugar a dudas sobre sus propósitos. Es decir, se trata de una guerra declarada.
La oposición cuestionó de inmediato la efectividad de los círculos de protección, con las que el alcalde y su grupo se desplazaban. Traía Manzo en primer contacto a un grupo de su propia policía municipal, a los que más confianza le inspiraban. Un segundo y un tercer círculo, siempre presentes también en su guardia, provenía de la guardia nacional y de la Sedena. No se veía por dónde se les infiltrara un matoncito imberbe, como lo hizo. Pues ocurrió.
Son pistas por aclarar, para entender la trama. Pero la oposición partidista ya dio por hecha la tesis la complicidad y la responsabilidad de estos círculos guardianes, que manchan o desvirtúan las tareas oficiales. Y lo hacen mediante su clásico escándalo histérico. No paran de berrear en el congreso y en cuanto foro a la mano se hallan. Propalan que el ejecutor de esta violencia desatada es el propio gobierno. Es su bandera y ni quién los calle.
“Ustedes lo mataron” grita desaforado Humberto Moreira desde su bancada en el Congreso. Y la chillona histeria de los merolicos que padecemos como legisladores opositores busca ofuscar el panorama para que nada se aclare, para que se nos desbarranque de una vez por todas este ensayo de república popular. ¿Irá a sortear tanta infamia desatada la 4T? Es la apuesta en juego.


