DEMONIAL TESTIMONIAL

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Como combatir el miedo con el miedo, dadas las actuales circunstancia del virus rey

Leonel Michel Velasco 

Andaba en las 16 edades, reafirmando creencias lleno de natural energía que en ocaciones mareaba y, hoy a los 66 años escribo mareado energizado con tequila y café, un tema escabroso de personal vivencia, que no comunique por un par de años ya que su solo recuerdo se acompañaba de temor, miedos latentes que de alguna manera confronté en caminatas cerriles de luna llena y penumbras de obscuridad, perdiéndome entre veredas y densos matorrales, aguzando mis sentidos en busca de alguna extraordinaria señal o prudentemente al campaneo de una cascabel de punta morada; sudorosas caminatas solitarias, a las que ningún amigo me quiso acompañar, solo me decían ¡estas loco…! después de algún tiempo de medio domeñar mis temores con estas solitarias caminatas, empece a platicar mi experiencia y al principio se me enchinaba la piel así mismo la del receptor, recuerdo a uno que lloró diciéndome, entrecortado y lentamente —pinche Leonel—. 

Todo empezó en una plática cerrada de aproximadamente seis o siete camaradas entre amigos y, simples conocidos, que ya no preciso ni su fisionomía; hoy sin duda algunos testigos de la veracidad, que de suerte podrán recordar al leerle. 

Nos encontrábamos debatiendo temas del demonio, en la esquina del Jardín Municipal (Ramón Corona) atravesando la calle Obregón abierta a la circulación en el allá y entonces, frente a la antigua Presidencia, serían las 10:30 p. m., salía la gente del aquel entonces exitoso Cine Reforma (El Gigante de la Región), al percatarme de su salida, un señor me llamo la atención de sobre manera, conectándonos visualmente a la distancia de una cuadra y como si lo hubiera llamado, caminó dirigiéndose hacia nosotros, a su llegada sin más ni menos, ¡irrumpió al grupo! preguntando directamente como si hubiese estado escuchando nuestra plática y dejándonos mudos; con mucha firmeza, nos increpó preguntando y dirigiendo su mirar a cada uno de los presentes —¿Queren hacer un pacto con el diablo?_ repitiendo en creciente la pregunta tres veces, de pronto reaccioné temeroso y le dije —simón ése—. (no hacía ni cinco minutos que acababa de decir en relación a la plática que si Dios nos había dado libertad, no habría por qué estar sujetos a demonios y agregué muy valientemente alzando la voz  ¡¡así que chingue a su madre el diablo!!;  viga echada precisamente cuando la gente salía del cine y que me conecté visualmente con ese Sr. Simón,…) prosiguió este desconocido con fachas de ranchero, dándonos sus indicaciones las que textualmente reproduzco, recomendando no intentarlo: 

En el cruce de un camino, un gato verás, así mismo matarás, por tres veces y, el pacto tendrás—, — pal que realmente lo quera—

… y este enigmático desconocido personaje se alejó dejándonos pasmados, en seguida se rompió la taza, (cada quien para su casa), dos amigos del rumbo sur y yo nos acompañamos medio nerviosos hasta la Alameda Hidalgo uno siguió de frente y otro dobló a la izquierda yo a la derecha al bajar la última calle ya para llegar a casa, en el centro de las dos calles; ¡¡un méndigo gato!! Con quien de inmediato me conecté visualmente, erizándome los pelos del miedo, a la presencia DEMONIAL  misma.

Respiraciones profundas, tratando de oxigenar al celebro y controlar el miedo, que al quererlo controlar fue en continuo aumento, tembloroso y presuroso, sin dejar de mirar los ojos verdiAMARRIbrillantes del gato, quien me seguía fijamente en franco reto visual, en lo que apuraba el paso sin dejar de verle con la idea de no dejarme dominar, me repetía internamente —En mí hay paz, yo siento una profunda paz… — a media cuadra, aún miraba los destellos de sus ojos siguiéndome, conectados a los míos, intentando llave en mano temblorosa, abrir la puerta de mi casa, todo vacilante, que no atinaba su introducción natural “normal” al fin, abrí y al pasar puerta de por medio, cerré mis ojos y respire profundamente, retuve y exhale, sin dejar de repetirme ya más pausado —en mi hay paz yo siento una profunda paz— presuroso con el deseo de dormir, me dirigí a mi cuarto que estaba hasta el final al lado del corral; sin poder conciliar el sueño, tomé un libro de Sigmund Freud, quien me acompaño mis horas de insomnio, hasta terminarlo, en el mismo instante de mi inconsciencia, consciente de lo que aquí relato.

En el preciso instante que termine de leer el libro, sentí conscientemente que  quedé dormido, de facto cayendo el libro sobre mi cara, fue menos de una milésima de segundo que, simultáneamente me sobresaltaron tres fuertes golpes (como reclamándome las tres muertes de gato), tan fuertes como si golpearan con una aplanadora estremeciéndose el cuarto; del techo de teja, cayendo tierra y gran cantidad de hojas del árbol del tamarindo que daba al corral, inundando las camas, burós y el piso de hojarascas, cayendo muchas sobre mi cuerpo ya hincado igualmente de simultáneo facto, a dos cruces hechas en automático, desde el primer golpe….

De pronto escucho a mi madre iniciar los quehaceres del hogar, salí de mi cuarto y le pregunte que si no había escuchado un fuerte ruido en la noche a lo que me contestó que no, me hizo dudar ya que ese estruendoso ruido habría despertado a cualquiera aún estuviera en la fase del sueño REM, por lo que me dirigí nuevamente al cuarto y la evidencia de tierra y hojarascas permanecía…     

El frió y la claridad del amanecer eran percibidos con el cantar de las aves, dando los buenos días y el rebuznar del burro del vecino de al lado, que en franca brama, pateó con sus herradas patas traseras fuertemente la pared de mi cuarto, por tres ocaciones consecutivas… Y desde entonces tengo la costumbre de levantarme temprano a recibir el nuevo día dando GRACIAS de tener la fortuna, después de una noche de insomnio total. 

Hola… 

Con este DOMEÑAR usted abre sus puertas… mejor absténgase (no siga instrucciones para pactar, (pobres gatos que culpan tienen)). Debilidad a salvación.

Esta experiencia me hizo desistir al no considerarme preparado de andar conociendo, entrevistando a brujos, chamanes, curanderos, adivinos, cuidadores y hábiles embaucadores de la región ya que los consideraba mi competencia de mi pretendida carrera de Licenciatura en Psicología, la cual finalmente cursé.   

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