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Cerrojo de año viejo


Juan M. Negrete

Muchos de nuestros sabios antiguos fueron desflorando la margarita de estas mediciones. Nosotros, los contemporáneos, heredamos sus sesudas elucubraciones y nos las apropiamos. En muchos casos ni siquiera sabemos los nombres de estos sabios antiguos, menos los parámetros con que elaboraron tales trabajos y concluyeron el regalito que nos obsequiaron. Medimos nuestro transcurrir del tiempo tomando el día de referencia y proyectando su cuantificación hacia un más o un menos, según hayamos de referir los datos.

Hacia las minucias de los días, vamos cortando y recortando con horas, bajamos a los minutos y a los segundos y, de quererlo, referimos a cantidades temporales aún más diminutas, hasta remitirnos a trozos ínfimos, que topen con el infinito como barrera inimaginable. Lo mismo nos pasa en nuestras proyeciónes tiran al más. Con los días elaboramos semanas, meses, años, lustros, décadas, siglos, milenios y paremos de contar, la no terminaríamos. Los límites pues para nuestros más o menos tienden a llevarnos de las orejas hasta el infinito.

Pero no le busquemos más pies al gato, sabiendo que tiene cuatro. En unos días más iniciaría el conteo del nuevo año en ciernes, al que ennumeramos como el 2025 y ya no mentaremos, como transcurriendo, los días del 2024 sino para datos y hechos engavetados en la historia. La historia, vista como el reino del pasado. Para la ubicación temporal de tales acontecimientos ya ocurridos nos siguen siendo útiles estos referentes de medidas, pero ya no más para el transcurrir presente.

Una costumbre inveterada, también extendida junto con estos patrones de medición, es el catálogo de pretensiones de conducta personal o colectiva, y sus promesas. Nos decimos, para nuestros dentros, que vamos a corregir tal o cual renglón en el que nos hallamos deficiencias. Son propósitos nobles que, a veces, nos duran la víspera. Como dejar de beber licor en exceso, o ahorrar dineros y recursos no renovables, o cambiar nuestros hábitos incómodos como los desprecios o la ausencia de calidad humana en nuestros actos cotidianos. ¡Qué sé yo! Cada quien sabe donde le aprieta el zapato y por ahí enfoca sus prevenciones. Si se nos olvidan pronto o tarde estos propósitos, es parte de nuestras rutinas. Pero de que hay que meterle el hombro a la tarea, ni quien lo dude.

Así que desde esta columna incorregible, la que elaboramos cada fin de semana para nuestros cuatro lectores que nos siguen, y también para más de alguno despistado que pose su vista sobre estas parrafadas, van nuestros mejores deseos para que el año nuevo les venga positivo en todo y que les aleje, en lo posible, las malas vibras que luego nos descomponen el cuadro.

De los ajustes y desarreglos individules, cada uno sabe su cuento. Pero hay muchas tareas y procesos que nos son comunes. Participamos en tareas y entretenimientos colectivas y a muchos de ellos no los podemos eludir. Van pues por esta pista también nuestros alientos y esperanzas, para que a todos nos vaya lo mejor posible. Dígase de tareas claramente políticas, por ejemplo. Pero hay muchas de ellas que no suben a tal palestra de discusión interminable. Pensemos, por decir una, en la obtención de buenos rendimientos escolares. Si hay como treinta millones de mexicanos metidos en las escuelas, es de pensarse que los buenos deseos para que nos funcionen estos tinglados son de atención prioritaria. Y como este renglón, muchos otros.

Ya no divaguemos más. Démonos el abrazo colectivo acotumbrado para esta fecha de estreno de calendario y pongámonos las pilas para que en todo nos vaya mejor. Que obtengamos los mejores resultados de nuestros esfuerzos colectivos y personales. Y que no se nos borre pronto la sonrisa común de la actitud positiva con que enfrentemos nuestras tareas.

Esta es la tónica con la que querremos arrancar el nuevo año que ya se nos vino encima y al que habrá que torear con nuestros mejores recursos. Ah, y que las inocentadas, con las que nos bromeamos todos en este día veintiocho de diciembre, simplemente que no se pasen de la raya. Nos vemos por aquí entonces, en los días que vienen, con el mejor talante y con la ilusión de que a todos nos vaya bien, lo mejor posible desde luego. Un abrazo solidario a tirios y a troyanos y le seguimos

Fiestas navideñas

Juan M. Negrete

Esta referencia se enmarca en las coordenadas del cristianismo, que vino a ser la religión preponderante por aquí desde hace poco más de un milenio y medio. Cuando el imperio romano, bajo la férula de Constantino, convirtió al cristianismo en la religión oficial, los relatos, las liturgias y todos sus pábulos de rituales se ajustaron entre sí con los hábitos cotidianos. Y como dice aquel viejo refrán: la ley la hizo el rey; la costumbre, la muchedumbre. Desde entonces nos viene pues el celebrar de este modo las festividades aún vivas.

Una de éstas es la navidad, en la que se nos comunica la venida al mundo de una divinidad. Había que nimbarlo de elementos mágicos, como muchos ritos en éste misma y en otras religiones. Se trata de una divinidad, pero los autores del misterio acordaron presentarlo como hijo de una muchacha terrenal. Está medio complicado el desbarajuste, porque se trata de un enredo especial entre la divinidad suprema con una figura humana. El progenitor es inmortal, la matrona es una mortal.

En la cultura griega hay muchos relatos similares a éste, en donde los dioses buscan a mujeres sencillas, mortales por necesidad, para engendrar pimpollos. Tal vez no fuera el interés meramente de que les naciera un determinado ejemplar, sino simplemente darse el gusto de obtener el grato placer orgásmico con el que nos reproducimos los seres humanos. Queda claro en todas esta narraciones, elaboradas por efímeros seres humanos, que la ganona del enredo es la progenitora, no el dios violador, al que le vale un comino la descendencia que por esa vía se vaya a ir construyendo. Terminaron los autores de estos cuentos convirtiendo en semidioses a sus engendros. Pero no es el caso del relato cristiano.

Los que elaboraron el relato biblico de la venida de Jesús de Nazareth al mundo insistieron siempre en la calidad superior o divina de tal criatura. Aunque fuera hijo de una mujer mortal, María, no rebajó nunca su esencia divinal. Era un dios entero y completo, entremezclado con sus contemporáneos. Y aunque anduviera siempre rodeado de criatura perecederas, él iba a ser señalado distinto. Así lo han predicado y así habría de entenderse siempre. Fue y sigue siendo su pretensión.

Local 17 interior del mercado municipal, más de 40 años de tradición, atendido por su amigo Alfonso Gómez el cortito

Hay un duro pasaje en ese historial, en el que lo hacen figurar el suplicio de la muerte. Pero al final de tal historia, hasta la misma divinidad de la muerte es derrotada por este hijo de mujer mortal. A esto se corresponden los relatos de su resurrección y de su elevación a los cielos, de donde había descendido para habitar entre los humanos. Este capítulo viene a ser la segunda parte de este relato, que por hoy no nos ocupa. Por estos días se festeja lo que tuvo que ver con su nacimiento, que es su aparición entre los mortales. Nada más.

A lo largo de los siglos y determinadas por las distintas variantes geográficas del globo, unas fiestas resaltan algunos elementos y otras otros. Por ejemplo, todas las regiones en donde el frío aprieta en serio adelantan como elemento primordial la nieve, la oscuridad, los trineos y la ropa de invierno. En cambio, quienes no tenemos, como aquí en México, tales durezas del clima aunque sea el invierno, enmarcábamos nuestros monumentos con henos y musgos, con velitas, cascabeles y vestuarios simulando vida pastoril.

Lo muy propio de nuestra región mesoamericana para esta festividad venía a ser la elaboración de monumentos para representar el nacimiento. Duraban hasta pasada la temporada. Se arreglaban de acuerdo al ingenio de nuestros constructores autóctonos. Pero el festejo que se convertía en la alegría vespertina de chicos y grandes venía a ser la posada, en la cual no podía faltar la piñata y su bolo. Bebíamos ponche, pelábamos mandarinas y cañas, consumíamos colaciones, cacahuates, dulces al por mayor. Era un festejo universal e inolvidable.

Como la música es parte de nuestra entraña, entonábamos villancicos y repetíamos sonsonetes alusivos a la fiesta, como aquello de que ‘la piñata tiene caca, tiene caca… cacahuates de a montón’. O las redondillas aquellas del ‘dale, dale, dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino’. Los cohetitos, los saltapericos, las palomitas y todo el ruido posible durante nueve dias, sin que nos diéramos cuenta, cuando fuimos chiquillos, de que las bolsas de nuestros progenitores poco a poco se iban agotando.

La mera noche navideña nos íbamos a dormir después de haber concurrido a la misa de gallo. Y el mero 25, nos apurábamos a despertar pues amanecía el nacimiento tapizado de regalitos para todos, chicos y grandes. Esa era la fiesta de la navidad. O al menos fue la que este redactor compulsó tantas veces y que sigue recordando con tanta fruición, aunque los formatos de tales fiestas se hayan modificado tanto y ya no contengan casi los elementos de aquellos felices días.

Ahora, con un mundo tan modificado, saturado de productos de la tecnología actual y entreverado de tantas y cuantas variaciones festivas de lo que se realiza en todo el globo, apenas quedan casi recuerdos de aquellos viejos monumentos navideños. Los garrotes, con los que apaleábamos las piñatas, como la muñeca fea, duermen en un rincón el sueño de los justos. De todas formas, felices fiestas para todos.

FIN DE AÑO, TÉRMINO DE ISLOTES AUTONÓMICOS Y REMINISCENCIAS PARA OLVIDAR.

Por Pedro Vargas Avalos

                Nuestra patria requiere de pobladores, -votantes, infantes y jóvenes- que unidos por la historia nacional e impulsados por la fraternidad y la democracia, con afán de justicia y prosperidad nos permita divisar un porvenir halagüeño.

                Claro que, ante el vértigo de los festejos navideños y la proximidad del año nuevo, no debemos pasar por alto ciertos acontecimientos de suma trascendencia. Entre ellos, aparte de la controvertida reforma judicial y otras iniciativas de enmiendas constitucionales, la más reciente novedad en tal ámbito es lo que publicó el Diario Oficial de la Federación (DOF) con fecha 20 de diciembre reciente, referente al finiquito de siete entes autónomos surgidos durante la época denominada del neoliberalismo, es decir cuando gobernaron a la nación el PRI, el PAN y la amalgama de ambos, es decir el PRIAN. Previamente –el día10- tras el cómputo de votos aprobatorios de 21 congresos locales, se anunció que la Cámara de Diputados había declarado la validez constitucional de las reformas en materia de simplificación orgánica para extinguir a los aludidos organismos.

                Esa publicación del DOF implica la desaparición efectiva del Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información (INAI), la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la Comisión Reguladora de Energía (CRE), la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) y la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu). Las funciones de esos institutos serán asumidas por distintas dependencias federales, incluyendo una de creación especial. En cuanto a los ahorros que generen tales supresiones, se aplicarán al Fondo de Pensiones para el Bienestar.

                Esos organismos autonómicos, son oficinas que se encargan, dentro del sistema público, de cometidos ordinariamente encargadas al gobierno federal, pero que, a través de los casi ocho lustros del neoliberalismo, se fueron creando con el argumento de que esas ocupaciones deben ser “ciudadanizadas” a efecto de que sus disposiciones fuesen independientes y en consecuencia no influidas por los intereses de la administración federal centralizada. En pocas palabras, esas instituciones, aunque vinculadas al Sector Público, su calidad de entidad autónoma les permite determinar en sus asuntos de competencia exclusiva, con independencia del área gubernamental en la que estén ubicadas, autogobernándose y hasta pudiendo dictar normas para lograr sus objetivos.

                El principal problema de la formación de esas instituciones burocráticas residió en que, la mera verdad, surgieron para complacer partidos políticos, compromisos inconfesables y grupos de presión. Por lo tanto, la ciudadanización fue una ilusión, y las decisiones de dichas entidades oficiales, tuvieron manifiestas tendencias favorecedoras de grandes empresas, notables personajes o grupos poderosos. PEMEX -que casi lo quebraron deliberadamente- y el sector eléctrico -que fue disminuido- son ejemplos de como se actuó en contra de la soberanía nacional y los intereses populares.

                Por otra parte, los organismos autónomos, fueron en general un pesado lastre económico, al tiempo que sus dirigentes crearon burocracias doradas, recibiendo percepciones muy elevadas y prestaciones privilegiadas, aspectos que los servidores públicos no suelen percibir; incluso, varios directores de tales instituciones recurrieron al amparo para continuar ganando salarios mayores al del presidente de la república, lo cual es violatorio del artículo 127 constitucional; lo peor es que el poder judicial los complació, quizás porque los juzgadores tenían la misma infracción.

                De la septena de órganos eliminados, quizás el que más bullicio armó fue el INAI, cuya esfera de competencia no cabe duda de que es trascendente, para la conducta de sus mandamases, dejaron bastante que desear. Estos, cuando vieron que su liquidación iba en serio, ofrecieron reajustar sus gastos, pero ya no convencieron a la Presidenta Sheinbaum, quien afirmó que en esa organización había  prácticas corruptas y que los recursos públicos que se les asigna anualmente pueden destinarse a otras necesidades, además de que sus quehaceres, es decir lograr la transparencia del gobierno,  “va a quedar en la Secretaría Anticorrupción y de Buen Gobierno”, organismo que surgió de la transformación de la secretaría de la Función Pública. El crítico de esta reforma, Salvador Romero Espinoza, -jefe del ITEI Jalisco- expresó: “La propuesta para desaparecer al INAI no solo destruiría a los 33 institutos de transparencia de todo el país, sino también a la Plataforma Nacional de Transparencia. Esto representa un retroceso de muchas décadas en materia de derecho a la información, transparencia, derecho a la protección de datos personales y rendición de cuentas en nuestro país.” Esto lo escribió en Nexos, la revista de Hector Aguilar Camín, (el sistémico impugnador de la Cuatro T). Cada lector saque sus conclusiones, pues nutrido grupo opina que tiene conflicto de intereses en este proceso.

                Quizás el segundo organismo más controvertido es el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), sin embargo, sobresale que su actividad es más bien duplicidad frente la misión del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) cuyas investigaciones tienen enorme aceptación y prestigio por su profesionalismo. De las demás entidades desaparecidas, es evidente que sus misiones quedarán más que cubiertas por las secretarías de su esfera, descollando la Secretaría de Energía, que recupera ramos que se le habían desmembrado en materia de energéticos: Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) y la Comisión Reguladora de Energía (CRE). Subrayamos lo que declaró la secretaria de esta dependencia, Luz Elena González Escobar: “con la iniciativa de reforma al Sector Energético se fortalecerá la planeación para garantizar el abasto y la confiabilidad de energía eléctrica en todas las regiones del país”.

De medianos saldos, la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) será absorbida por la Secretaría de Economía. El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), ahora quedará dentro de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transporte. Por lo que ve a la Comisión Nacional de Mejora Continua de la Educación (Mejoredu), por lógica pasa a la Secretaría de Educación Pública. Finalmente a moción del diputado Ricardo Monreal Ávila (coordinador de Morena), presentada por el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar -del mismo partido-, al artículo 28 constitucional y en los transitorios, a fin de formar una nueva autoridad en materia de competencia económica, que se integrará a partir de concentrar las facultades que primariamente tenía el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) en las áreas de preponderancia y regulación asimétrica, y unificarla con todas las facultades establecidas en la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece).

Local 17 interior del mercado municipal, más de 40 años de tradición, atendido por su amigo Alfonso Gómez el cortito

Los artículos que fueron modificados o adicionados, de la Constitución Federal, según el dictamen de  la Comisión de Puntos Constitucionales en la LXV Legislatura, fueron los números 3, 6, 26, 27, 28, 41, 76, 78, 89, 105, 113, 116 y 123. Los congresos de la Unión y el de cada una de las Entidades federativas, tienen 90 días para que a partir de la vigencia de las reformas (21 de diciembre) lleven a cabo las adecuaciones que resulten necesarias. La presidencia de la república emitirá los decretos y acuerdos que sean conducentes para ese mismo efecto. De esta manera, se acabaron los islotes autonómicos que el neoliberalismo impúdico del PRIAN nos impuso a los mexicanos.

Finalmente, mencionaremos una remembranza para olvidar, registrada el 20 del mes último de 1994, aunque la terca realidad nos lo impide: “el error de diciembre” de ese año, cuando el recién entrado mandatario Ernesto Zedillo, dispuso pésimas medidas que generaron brutal crisis económica (también llamada del efecto Tequila) a tal grado que repercutió en Latinoamérica. Al respecto, Carlos Salinas de Gortari, quien bastante culpa tuvo en el tema, forjó esa frase para imputar a la administración entrante de Zedillo Ponce de León, la responsabilidad y exceptuar de culpa a la política económica de su periodo. La crisis provocó la devaluación del peso mexicano con relación al dólar en casi un 300%, lo cual desencadenó altas tasas de inflación, falta de capital en los bancos, intereses muy altos y aprietos en la actividad comercial; como consecuencia miles de empresas recortaron sus plantillas de personal o de plano desaparecieron. El nefasto Zedillo no solo hizo eso, sino que nos heredó el apabullante FOBAPROA, (establecimiento creado por Salinas en 1990, pero puesto en acción por Zedillo para encarar el error de diciembre) llamado el robo más grande del siglo que aún seguimos pagando los mexicanos, en tanto que el expresidente se pasea por el mundo entero como alto empleado -muy bien pagado- de empresas extranjeras que él favoreció en su mandato, además de ser favorito pensionado por el Banco de México con jugosa cantidad.

Por lo anterior, es que tal evocación debería ser para el olvido, pero lamentablemente, siendo tan pesada carga para varias décadas, no la podemos borrar.

Por lo tanto, especialmente por estos días, llenemos nuestras vidas de júbilo con familiares y amigos, festejemos posadas, nochebuena, final de año y recarguemos nuestro espíritu para que la cercana cuesta de enero, la superemos como actuamos los mexicanos en general y en particular los moradores de Jalisco: con prestancia, tenacidad, trabajo, solidaridad y la fortuna de poseer salud, familia y amistades, que son ni más ni menos, el mayor de los tesoros con que podemos contar. 

Lucio Cabañas, cincuenta años

Juan M. Negrete

La novela versa sobre algunos pasajes de nuestra pasada guerra sucia, que no ha sido ni bien estudiada ni mucho menos trabajada a fondo, para que nuestro público mexicano la conozca bien. Dicha conmoción nos afectó en serio y por varias décadas, para que ahora pase desapercibida. Hablamos de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Pero a diferencia de los grandes movimientos sociales que conmovieron al país antes, la independencia, la reforma y la revolución, sobre el período de la guerra sucia nos han hecho falta buenos estiletes y plumas que se empeñen a desentrañar sus lados oscuros.

La novela de don Andrés Gómez le mete aguja a algunos de aquellos pasajes, ocultos y sórdidos, en los que se describen, con lujo de detalles, vida y zozobras de los habitantes de las noches de Guadalajara por aquellos días. De ahí tal vez que se le haya ocurrido bautizar a su relato con el nombre de uno de los burdeles más conocidos de por aquellos días: El siglo veinte, que se ubicó por la calle 5 de febrero, a un costado de la vieja central camionera.

Los avatares de aquella conmoción transcurrieron por dos vertientes. Uno fue el enfrentamiento de los rebeldes con el gobierno en el mundo urbano, que es de lo que más se habla cuando se abren estas páginas oscuras y a lo que se le da el nombre de guerrilla urbana. Pero hubo también su capítulo campesino, que fue tanto o más cruento que lo habido en los choques urbanos. El solo nombre de dos guerrilleros, profesores normalistas rurales por más señas, los más famosos de la vertiente campesina, retrata aquellos momentos tan difíciles de nuestro pasado no tan lejano. Uno fue Genaro Vázquez Rojas y el otro es Lucio Cabañas Barrientos.

Hace apenas dos semanas, el 2 de diciembre pasado, se cumplieron los cincuenta años del sacrificio del comandante Lucio. De ahí que sea oportuno recordar algunos detalles de los hechos que concluyeron con el abatimiento de su persona física y de su brigada armada.

Había desplegado el gobierno por aquellos días todo un ejército de hombres armados contra ese grupo guerrillero, para capturar a Lucio. Éste había secuestrado al gobernador Figueroa y exigió un muy alto botín por su liberación. El gobierno desató también una estrategia sigilosa para comprar soplones, que le ayudaran a ubicar con precisión el paradero del cabecilla.

Ya con buena información obtenida, el ejército desplegó, en aparatosa emboscada, a dos mil hombres para la captura de Lucio. Abajo del poblado Corrales, cerca del Guayabillo, en un lugar mencionado por unos como El Otatillo y por otros como El Otatal, municipio de Tecpan de Galeana, caen las fuerzas del ejército, comandadas por el general de brigada Eliseo Jiménez Ruiz, de la 27ª zona militar.

Es el lugar donde Lucio sostiene su último encuentro sangriento con el gobierno. Es el punto a donde les conduce Anacleto Ramos, el hermano de Isabel, los soplones, para trabar el contacto, que dizque iba a trasladar a Lucio a una nueva zona de acción. Anacleto desaparece furtivamente. El ejército se abalanza sobre su presa.

Pablo, Jaime y Juanito, tres muchachos de la tropa especial que acompañaba a Lucio, logran escapar. En la confrontación muere el cabecilla más buscado de la guerrilla Lucio Cabañas Barrientos. Junto a él pierden la vida también los hermanos Arturo y Lino Rosas Pérez (René). Marcelo Serafín Juárez (Roberto) es capturado vivo.

También a Lucio podían haberlo cogido vivo. Pero era demasiado el miedo que le tenían. Por eso lo matan. Según el parte oficial, el cuerpo es identificado plenamente por su tío Pascual Cabañas. Extienden el certificado de defunción los médicos Bulmaro Guerrero Ramírez y Manuel de la O Jacinto.

No lo exhiben al público. A nadie se le permite la entrada al pabellón donde permanece su cadáver. Como supuestamente sus familiares se niegan a recogerlo, el general Eliseo Jiménez dispone que un grupo de fajineros le sepulte. Nadie sabe dónde es inhumado. En el rincón derecho del panteón de Atoyac hay una tumba que, se dice, alberga los restos del cabecilla. Pero nadie les cree eso. Es pura mentira que murió Lucio, dicen los pobladores. El ataúd era demasiado pequeño para el cuerpo del profesor. No era el cadáver de Lucio, sino el de un cochito…

Otras versiones afirman que el ejército desapareció su cadáver, que lo dejaron en lo más profundo de las gargantas de la sierra, donde fue el enfrentamiento. Hay quien afirma que, pasada la sorpresa, sus propios compañeros exhuman los restos y se remontan con ellos de nuevo a la sierra. La población le canta a Lucio ya un corrido que empieza así:

Local 17 interior del mercado municipal, más de 40 años de tradición, atendido por su amigo Alfonso Gómez el cortito

Este es el corrido de un hombre valiente

este es el corrido que quiero cantar

un llanto en la sierra,

le espera su gente

sin saber que nunca

podrá regresar…