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LA PENOSA MANÍA DE MOSTRAR EL COBRE

Por Pedro Vargas Avalos.

En todos los ámbitos es frecuente que las personas dicen una cosa y cuando actúan, hacen otra. La gente que está al tanto de esas conductas, suelen exclamar que esos individuos, “mostraron el cobre”.

La frase tiene innegables raíces mexicanas: se asegura que surgió, porque siendo el país rico en plata, cuando un minero buscaba este valioso metal, y en vez de él encontraba cobre, la decepción era tremenda. De allí deriva que, al desengañarse uno de cualquiera persona, esta lo que hace es “mostrar el cobre”. A veces la expresión registra ciertas variaciones, como la de “enseñar el cobre” o la de “sacar el cobre”, que a final de cuentas significan lo mismo: que alguien saca a relucir mañas o actitudes que escondía, y, por tanto, no sabíamos las tuviese.

Esas maneras de ser, suelen ser muy condenables, especialmente si las ponen en práctica los políticos, los servidores públicos, los empresarios, los intelectuales, los periodistas, y en general todo sujeto instruido o importante.

Entre los políticos es muy común que muestren el cobre. Y la gente suele concluir lacónicamente que esos personajes mentirosos, operan así porque “son políticos”. En pocas palabras, para el grueso de nuestro pueblo, los políticos son embusteros por sistema. Pero no se crea que solo tales tipos tienen tal calificación; también suele considerarse como mendaces habituales, a los potentados y a no pocos pensadores.

Entre los que viven del presupuesto, políticos y servidores públicos, como botones de modelo podemos citar a expresidentes como Carlos Salinas, Vicente Fox,  Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto o políticos como Roberto Madrazo, Ricardo Anaya, Gabriel Quadri, Lily Téllez, Germán Martínez y para no alargar demasiado la lista, cualesquiera de la veintena de exgobernadores de Estado, que unos en la cárcel y otros muy bien escondidos, gozan de tal evaluación y por sus abusos, cabalmente podemos afirmar que “mostraron el cobre”.

A Salinas, por la serie de atropellos que cometió, se le bautizó como “el villano favorito”, e incluso cientos de diputados y políticos priístas, pidieron hace muchos años, que se le expulsara de su partido; pero casi todos los tricolores de ese tiempo eran lobos de la misma loma, por lo que nada le hicieron.

Fox, el ignorante y frívolo mandatario que decepcionó a los mexicanos, ha sido catalogado como el “vendepatrias”, y como botón de muestra se recuerda su “Cenas y te vas”, que en la reunión cumbre de Monterrey (marzo de 2002) vergonzosamente le dijo a Fidel Castro, todo para no enojar a W presidente de Estados Unidos, y sumiendo a México en delicada crisis con la isla caribeña.

Calderón tiene motes a Dios dar. Desde que llegó al poder por una elección truculenta (haiga sido como haiga sido), luego su afamada gasolinera que terminó en impúdica barda; enseguida la estela de luz que significó carretadas de inversión y mentiras, y finalmente, su infame “guerra “contra el narco, que ensangrentó a la nación (de allí su apodo de “comandante Borolas”), sin mencionar su afición etílica, hizo que le llamaran “el licenciado del fraude”.

De Peña Nieto, el portaestandarte del nuevo priismo, se le sentencia como el “mandatario de la corrupción”. Y de su correligionario, Madrazo Pintado, se dice que fingía hasta cuando pensaba, no solo al hablar; y dio un tremendo ejemplo cuando participó en el maratón de Berlín (septiembre de 2007), donde alteró el tiempo y dizque un primer lugar de llegada, por lo que fue expulsado.

Del excandidato presidencial panista Anaya, señalado por sus mismos afines por enriquecimiento ilícito en Querétaro, y luego señalado como “maiceado” para respaldar la reforma de Peña Nieto en 2013, por lo que ahora anda prófugo, por relación con su apellido se le dice peyorativamente “canallín”.

De Quadri, ahora diputado panista, la verdad son muchos los casos en que “enseñó el cobre”. El más elocuente y lamentable, fue cuando sostuvo: “Si México no tuviera que cargar con Guerrero, Oaxaca y Chiapas, sería…potencia emergente”. (twitter de 11 de enero 2019). Este señor es pues, “Lord falacia”. 

De María Lilly del Carmen Téllez García, alias Lily Téllez, se sabe por todo mundo que logró ser senadora por el respaldo que le dio el actual presidente del país. Por ello MORENA la postuló y tras el triunfo electoral, se sumó inicialmente a la bancada senatorial guinda, de la que defeccionó por sus ideas conservadoras, dejándola para según dijo ser independiente, lo cual rompió en pocos días y se afilió al grupo blanquiazul, desde donde ha criticado acerbamente al mandatario, de quien ahora afirma nunca recibió apoyo. Además, se hizo célebre por una ambulancia que prometió en Ures, Sonora, en 2005, y nunca la entregó; en 2021 lo hizo, echando la culpa a MORENA por la tardanza; como el vehículo resultó ser usado, se le denominó a la senadora, “Lady Chatarra”.

Parecido a la anterior, es el senador Germán Martínez, exlíder del panismo en tiempos de Felipe Calderón, y luego sumado en 2018 a las huestes lopezobradoristas, arribó a la Cámara Alta. Se le distinguió como director del IMSS y a unos meses dimitió; ahora se salió de la bancada morenista y liderea una micro alianza de 5 senadores, desde donde se ha lanzado contra el presidente y la Cuatro T. Es pues taimado y por ello, enseña el cobre cada que puede, de donde se le apodó “el renegado”, pues desertó del calderonismo, traicionó al panismo y ahora mal paga a quien le tendió la mano.

 De la hornada de gobernadores de estados de la república, todos con el común denominador de ladrones y arbitrarios, mejor ni hablar porque ocuparíamos un volumen para ello. Pero es del dominio público, tanto lo que perpetraron para enriquecerse indebidamente, como la serie de actos desmedidos que los caracterizaron en sus períodos de gobernantes, o sea: sacaron el cobre.

Finalmente señalaremos como ejemplo de los acaudalados, al dueño de tv azteca y otros grandes negocios, que a diario da motivos para “mostrar el cobre” por sus modos impropios de conducirse. Y entre los “instruidos”, tomamos como prototipo el caso de Denise Dresser, la comentarista que se expresó en días pasados, de manera impublicable, por lo soez y obsceno, del primer magistrado de la nación. Este solo aludió el hecho, y tras plantear que debería dar disculpas por su vulgaridad, puntualizó: “ahora como son tiempos de definiciones, pues muchos -como Aguilar Camín o Loret de Mola- están mostrando el cobre”.

Así pues, concluimos, que los mexicanos deberíamos esforzarnos por nunca “enseñar el cobre”, y a cambio, elevar nuestros debates y mejorar la conducta, para colaborar en la cruzada por afianzar el destino nacional, papel que a todos los que vivimos o nacimos en esta bella república, nos corresponde.

LAS MINORÍAS Y SU  TRASCENDENCIA EN MÉXICO.

Por Pedro Vargas Avalos

Recientemente se han registrado decisiones trascendentales en diversos aspectos de la vida nacional, los cuales nos acreditan la suma importancia de las minorías, sin olvidar que en toda democracia las mayorías  ejercen le rectoría de la república.

Los casos a que nos referimos son tres: a) en la Suprema Corte de Justicia, al declararse constitucional la nueva Ley Eléctrica; b) en el Poder Legislativo Federal, al combinarse las oposiciones y evitar que el partido en el gobierno alcanzara la mayoría calificada, requisito ineludible para modificar la Constitución; c) el ejercicio de Revocación de Mandato presidencial que no logró ser vinculatorio, al no votar el 40% de ciudadanos empadronados.

Lo anterior está relacionado con la representación de las minorías en las Cámaras de diputados y de senadores, que significando una parte de la nación, llega a esos recintos y forma la oposición al gobierno, en nuestro país, del actual régimen denominado de la Cuarta transformación (4T).

Para el notable republicano estadounidense Tomás Jefferson  (1743-1826), “La democracia no es más que el gobierno de las masas, donde un 51% de la gente puede lanzar por la borda los derechos del otro 49%”. En este caso estamos ante la dictadura de la mayoría, consecuentemente, de la represión de las minorías.

Nuestro distinguido tribuno, el tapatío Mariano Otero (1817-1850), reflexionando sobre ese tema, concluyó que, si el pueblo se integra por mayorías y minorías, la suma de ambas porciones es el total de la nación; por lo tanto, el destino de la república se debe fraguar por ambas partes,  sin olvidar que en democracia, la mayoría es quien dirige.

Resulta palmaria y muy persuasiva la idea del patriota Otero, forjador del juicio de amparo mexicano. Por ello, un perspicaz seguidor suyo, el Lic. Jesús Reyes Heroles (1921-1985), siendo líder del entonces todopoderoso PRI, cristalizó ese proyecto oteriano: A partir de 1962 hubo en el sistema parlamentario mexicano, los representantes de las minorías, que infortunadamente se conocieron como diputados de partido. Hoy son los llamados diputados de representación proporcional.

Decimos infortunadamente, porque no representan partidos sino a la minoría y, en conjunto con  los de mayoría, son la representación de todo el pueblo, es decir de la nación entera. Es por ello  que debe reformarse el procedimiento para elegir esos diputados, a efecto de que no sean “los de  arriba” quienes designen a los que llegarán a ocupar inmerecidamente una curul, sin más méritos que ser amigos o recomendados de las dirigencias partidarias.

Regresando al tema central de nuestro comentario, es decir, la trascendencia de las minorías, enumeramos como cuestión inicial, el reciente caso de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) en que declaró, el 7 de abril pasado, la constitucionalidad de la Ley de la Industria Eléctrica (LIE). En general se trataba de una acción de inconstitucionalidad que iniciaron los senadores de minoría contra esa norma (LIE), misma que otorga respaldos a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) frente a las grandes compañías privadas (sobre todo extranjeras) que recibieron en 2013, jugosos tratos, en detrimento de la CFE y de los consumidores mexicanos. Desahogada la sesión de la Corte (compuesta por 11 ministros, uno de ellos su presidente) se sometió a votación, sufragando 4 de ellos a favor y 7 en contra; como para declarar inconstitucional la LIE se requería de 8 votos, triunfó la minoría y la susodicha Ley quedó como constitucional. El acta correspondiente se aprobó por unanimidad y quedó firme aquella catalogación.

Este es un elocuente caso en que la minoría, se significa trascendentalmente en pro del estado de derecho, condición invariable que debe imperar en el país.

El segundo caso que nos induce a meditar sobre el papel de las minorías, es el referente a la iniciativa presidencial para reformar la Constitución, denominada de la reforma eléctrica y del litio. Hubo muchos debates sobre el tema, dividiéndose en dos grandes bandos: los que apoyaban la reforma, con el fin de darle autonomía a la república en el ramo eléctrico, y así derramar beneficios hacia los consumidores; y el otro bando, que con razones y falacias, conservaba la reforma de Enrique Peña Nieto del año 2013, muy favorecedora del sector privado y especialmente de empresas extranjeras.

Se dice que por no haber negociado Morena, esa Iniciativa, no se alcanzó la mayoría calificada que en estos casos exige la Carta Suprema para modificarla. Otros afirman que la tozudez de la oposición, que visceralmente rechazó la reforma, frustró la mencionada iniciativa. Lo cierto es que se votó el domingo 10 de abril reciente, y a favor votaron 275 diputados, en tanto que en contra hubo 223 sufragios: en consecuencia, al no haber mayoría calificada, se rechazó la iniciativa, con lo cual, la minoría  impuso su postura de antireforma.

Con el resultado anterior, los oposicionistas festinaron su “triunfo”, aunque la mayoría los tildó de “Traidores de la Patria”. El primer magistrado se sumó a este calificativo y la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, señaló a los diputados de oposición “por no pensar en su país sino en el beneficio propio”. Por su lado los patrones y sus guías aplaudieron a esa minoría. En cambio, una encuesta publicada el jueves 21 de abril (Massive Caller) reveló que un 65 % de mexicanos estaban de acuerdo en reputar a los diputados de las minorías como “traidores a la patria”. Y aquí surge la interrogante: para el bien de la república: ¿será correcto conservar esa disposición de la “mayoría calificada” que viene desde el siglo XIX?

Finalmente, en el caso de las consultas revocatorias, en que se exige un 40% de votantes para que sea vinculatoria (obligatoria en sus resultados), al ver como se llevó a cabo la del día 10 de este mes, al no lograr ese porcentaje, no produjo efectos jurídicos pero sí políticos. Esto porque las oposiciones, que por ahora son minorías,  prácticamente boicotearon el ejercicio electoral revocatorio y al no lograrse el multicitado 40% de participantes,  se sintieron complacidas; por otra parte, al constatar el gobierno que más del 90% del 17 por ciento que acudió a las urnas, apoyaron al presidente para que continuara en el desempeño de su cargo, el mandatario y su partido con sus aliados, se manifestaron contentos. 

Paradójicamente, todo mundo al parecer quedó satisfecho de este primer ejercicio de revocación de mandato. Pero evidentemente no es ese su objetivo, por lo cual se requiere sea adecuada la ley que regula estas prácticas democráticas, bajo la idea de que llegaron para quedarse.

La conclusión entonces es que, para mejorar la democracia, el estado derecho y la justicia mexicanas, se necesita legislar para que se purifiquen los procesos en que participan las minorías, comenzando con los diputados y senadores de representación proporcional, y concluyendo con la forma de implementar las reformas constitucionales, así como la realización de los procesos revocatorios. Pero hacer estas adecuaciones, obliga a que se actúe con alturas de miras, con verdadero espíritu democrático y con  genuino amor por nuestra Patria, pues de otra manera, se estaría, ahora sí, traicionando a los mexicanos y sus instituciones.

LOS MEXICANOS, LA DEMOCRACIA Y LA REVOCACION DE MANDATO.

POR PEDRO VARGAS AVALOS.

Con motivo de la jornada electoral de revocación de mandato del presidente de la república, que se registró el domingo diez de abril del corriente año de 2022, es importante hacer una reflexión sobre la democracia en nuestra nación, los resultados del referido ejercicio electoral y la posición de los principales partícipes de dicha jornada.

Para el mexicano común, la democracia es el dominio de la mayoría, en cualquiera materia de que se trate. Si se está en una reunión familiar, se somete a votación una idea o propuesta,  gana democráticamente la que reciba el mayor número de votos aprobatorios. Igual si se trata de una reunión de amigos o de ciudadanos. Y si se habla de comicios, simplemente se sufraga y tras el cómputo, hay democracia si se respeta el triunfo de la mayoría. Estamos pues muy cerca de lo que dice la Constitución: la democracia no es solamente  una estructura jurídica y un régimen político, sino  un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.

 Por su lado, nos dicen los estudiosos modernos, que la democracia es, a la par, un ideal, un orden político y un muestrario de conceptos, conductas y razonamientos. Así las cosas, como afirmaba el notable Abraham Lincoln,  “la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. A esta concepción, el actual primer mandatario mexicano le agrega que en todas partes debe haber democracia (familia, sindicatos, escuela, trabajo, etc.) y desde luego en la vida pública, para que se haga un hábito y ninguno se sienta absoluto: “que nadie olvide que el pueblo es el que manda, que el pueblo pone y el pueblo quita, el pueblo es el soberano”. 

Para llegar a la actual situación, en nuestra república hemos experimentado etapas de lo más diverso, todas ellas caracterizadas por el dominio de las clases privilegiadas. Ya sabemos que durante la Colonia, los mexicanos solo deberíamos obedecer a los mandatos de los gobernantes iberos e incluso de cualesquier peninsular, es decir, no se podía siquiera discutir si era justa o no una ley u orden. Y cuando se expedía alguna norma favorecedora de nuestros ancestros, los españoles las anulaban conforme  a su repudiable principio de “acátese, pero no se cumpla”. 

El ansia de libertad, iniciada con diversos movimientos desde y antes del grito de Dolores en 1810, culminaría con la independencia, pero sin democracia: aparte de los pleitos entre centralistas y federalistas (conservadores contra liberales), lo cierto es que la democracia brillaba por su ausencia. Cuando había elecciones, eran tan restringidas, que solo votaban unos cuantos (los que sabían leer-escribir y poseían capital) y además, el partido o cúpula que ostentaba el poder público, imponía sus condiciones de manera tan vulgar, que ahora nos parecen de proceder despreciable.

Ni con la Reforma se alcanzó buen nivel democrático: los comicios continuaban en manos del gobierno y éste solo procuraba sacar avante sus intereses grupales. Por lo tanto en el Porfiriato, no obstante  que Díaz  llegó al poder con la bandera de “No Reelección”, que luego traicionó, en materia democrática todo fue una farsa. Sería Don Francisco I. Madero quien impuso ese precepto haciendo valer el mandato del “Sufragio Efectivo”, y entonces los ciudadanos mexicanos probaron, el 15 de octubre de 1911, realmente lo que era un método de elección democrático, elevando al Apóstol Madero a la presidencia. Lo penoso fue que esa llamarada se apagó, primero por los laberintos revolucionarios, y tras la célebre y sangrienta Cristiada, por el apoltronamiento de los gandayas de la política postrevolucionaria, quienes monopolizaron el poder hasta el año 2000. En esa larga etapa se registraron hechos trascendentes, como la expropiación petrolera y la nacionalización de la electricidad, respectivamente con Lázaro Cárdenas (1938) y Adolfo López Mateos (1960), considerados verdaderos hitos de nuestra historia, aunque poco tuvieron que ver con la democracia.

Por fortuna, los avances de la educación y del progreso en general, indujeron un despertar cívico que se reflejó en ideas democráticas. Hubo varios sucesos en tal dirección, pero la aparición a mediados de los años 80, de la Corriente Democrática dentro del dominante PRI, aceleró el derrotero para, tras los controvertidos comicios presidenciales de 1988, al cabo de dos años, crear el Instituto Federal Electoral (IFE) y enseguida echar de los procesos electorales al poder ejecutivo (1996) enfilando dicho organismo  hacia su plena autonomía, la cual alcanzó con las reformas de 2007 y el moderno Código Federal de Instituciones y Procesos Electorales de 2008 (COFIPE). En 2013 se transformó el IFE en INE (Instituto Nacional Electoral), a efecto de que organizara las elecciones tanto federales como estatales. Junto a tal organismo, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF o TRIFE) complementa el sistema fundamental que atiende lo relativo a comicios en el país. Pero entendamos bien: ninguno de esos dos organismos es la democracia, como a veces lo dicen sus abanderados, sino solamente instituciones para organizar y desahogar los procesos electorales.

El sistema democrático en México está consolidándose, y ejercicios como el de Revocación de mandato llevado a cabo el 10 de abril, sirven para afianzarla. Los resultados en este caso ofrecieron datos trascendentes: 

  1. En primerísimo lugar, saber que no fue vinculante en razón a que solo sufragó 17.7 por ciento del padrón, necesitándose para serlo un 40%. 2) Solo se instalaron 57 mil casillas en números redondos, aproximadamente la tercera parte del total que hubo la elección general anterior. 3) el 91.8 por ciento de los votos emitidos, (15 millones 159 mil 323) apoyó que siga el presidente, en tanto apenas el 6.4% sufragó por el que no siga. Resultaron nulos, 1.6%. 4) el presidente se manifestó muy contento con el resultado. 5) el INE a través de su consejero presidente, afirmó que fue un éxito la jornada y que la institución se había confirmado como “de la ciudadanía, por lo que hay mucho INE para rato”. En consecuencia, con este ejercicio, “la democracia se ha recreado” (El Universal, 12-abril). 6) el sureste fue la región que más  votó, destacando Tabasco con 39.5% y más del 95% a favor del primer mandatario. En cambio, Jalisco se constituyó en la Entidad que menos participó con apenas 9 por ciento de la lista nominal, o sea casi la mitad del porcentaje nacional: el gobernador puso la muestra al no asistir a votar. 7) para la oposición, la Revocación fue un fracaso político, puesto que el presidente obtuvo la mitad de votos en relación a los que lo eligieron en 2018. 8) el empresariado activista afirmó que el INE salió ganando, por lo bien que se desarrolló la votación.

La conclusión a final de cuentas, fue positiva para la democracia mexicana. Mostró las fortalezas y debilidades de organismos, así como de los partidos con registro, que deberán actuar en consecuencia para lograr buenos resultados en los comicios de junio venidero, y sobre todo, en las elecciones generales de 2024. 

En cuanto a la ciudadanía, el hecho debe apuntalar su hábito participativo para que de una vez por todas, jamás vuelva a permitir malos gobernantes, y en caso de que surjan, saber que tiene a su alcance el remedio eficaz por medio de la democracia.

LA ANUNCIADA REFORMA ELECTORAL, RENOVACIÓN IMPERIOSA

Por Pedro Vargas Avalos.

Hay un principio inequívoco que se atribuye al pensador insigne Miguel de Unamuno (1864-1936), el cual sostiene: el progreso consiste en renovarse.  Es decir, cambiar para mejorar, puesto que lo estático tiende a retrasarse y esto a ser anacrónico. En consecuencia, resulta conveniente en la vida la actitud de reforma, y si es posible, no andar con medias tasas, sino que el cambio sea radical.

En nuestra Patria, desde la consumación de la independencia (1821) hubo esfuerzos por avanzar sustancialmente, a pesar de fuertes oposiciones. Tal fue el caso del concepto de república que venció a la pauta tradicional de la monarquía, representada por el calculador Iturbide (1822-1823). Luego se dio el gran paso de abatir el centralismo, adoptando el sistema federal en 1824: en este impulso, el forjador del federalismo fue el jalisciense Prisciliano Sánchez.

La historia nacional nos ilustra que, a pesar de los zarpazos de los conservadores, la república federal salió avante: sometió a los centralistas encarnados por personajes como Santa Anna y Lucas Alamán. Igualmente doblegó a los reaccionarios en la Guerra de Tres Años (1858-1861) y enseguida a los traidores (los conservadores, aglutinantes de realistas, centralistas y reaccionarios) quienes, aliados a los franceses, infructuosamente trajeron a Maximiliano de Austria en 1864, como emperador, mismo que al cabo de escasos tres años, fue fusilado en el Cerro de las Campanas, Querétaro, en 1867.

 Restaurada la República federal, conforme el proverbio de “renovarse o morir”, fue realidad la Reforma, que, sustancialmente separando a la iglesia del Estado, confirmó la independencia política del país. Todavía bajo el porfiriato (1877-1911) hubo la reaparición de los conservadores por medio de la facción llamada de “los científicos”, que eran los usufructuarios del patrimonio nacional, en detrimento de la mayoría de los mexicanos. La Revolución maderista de 1910-1911, no pudo acabar a tales depredadores, pero devolvió al pueblo su libertad democrática bajo la divisa de “Sufragio Efectivo. No Reelección”. Y aunque hubo el nefasto episodio del huertismo (1913-1914), con la Constitución de 1917, se culminó la transformación iniciada por el apóstol Madero, pero ahora rebasando lo político para incluir lo social.

Desde ese año en que la Revolución mexicana nos dio la Carta Magna de Querétaro, que trazó el diputado por Guadalajara, Luis Manuel Rojas (por tal motivo presidente del Congreso Constituyente) se acreditó la reforma integral de la nación. A partir de entonces solo se han llevado a cabo innovaciones sectoriales: el petróleo en 1938, la  Seguridad Social en 1943, la eléctrica en 1960 y la electoral en varios pasos, de 1990 (creación del IFE) hasta 2014 con el moderno INE. Con uno y otro, se logró excluir al poder ejecutivo del organismo (1996) y se reconocieron las Agrupaciones Políticas, para vigorizar la democracia. Este organismo (INE) ya implementó las elecciones de 2015, sin pena ni gloria; las presidenciales de 2018, cuando triunfó apabullantemente la izquierda; luego la llamada “mas grande de la historia” por el número de cargos a elegir, en junio de 2021 y, actualmente, está organizando la revocación de mandato presidencial (10 de abril) y los comicios para junio 5 de 2022, a fin de renovar 6 gubernaturas.

Aunque todo parecería que en materia de elecciones se transita como miel sobre hojuelas, resulta que no es así. Veamos los problemas subsistentes hasta ahora: a) el INE es el organismo electoral más caro del mundo; b) los consejeros, guiados por su presidente  (Lorenzo Córdoba y Ciro Murayama) en vez de árbitros, son verdaderos actores, con tangibles inclinaciones hacia tal o cual partido, o mostrando antipatías a otros; c) el subsidio hacia los partidos con registro, son exagerados e inmerecidos; d) los mecanismos de nombramiento tanto de Consejeros como de magistrados del Tribunal Federal Electoral, no son transparentes y obedecen a cuotas de partidos pactadas “en lo oscurito”; e) Consejeros y magistrados, se han negado a percibir salarios tal como ordena la Constitución en su artículo 127 (ganar menos que el presidente de la república), y a sujetarse a la ley de Austeridad Republicana (hacen gastos excesivos y se otorgan privilegios); f)hay actividades duplicadas con los OPLES (Organismos Públicos Locales Electorales), lo cual complica y encarece los procesos comiciales; g) la ciudadanía está en contra de los diputados y senadores que llegan a esos cargos por “representación”; h)hacer más expedito el voto de los ciudadanos que residen en el extranjero; i) se debe reglamentar para evitar el “trapecismo” y las impropias mudanzas de legisladores, que sin rubor se prestan para cambiar de grupo parlamentario o simplemente reniegan del partido que los postuló, y se afilian a otros que incluso son antípodas del que los llevó al cargo, con lo que traicionan no solo al partido de origen, sino a los votantes que los respaldaron.

Por lo enumerado anteriormente, entre otros aspectos que se deben tratar, para afianzar nuestra democracia, procede una nueva reforma electoral que comprometa a partidos y líderes estar a la altura de la ciudadanía y la república. Sin embargo, como dice una estudiosa: “los partidos políticos cambian de nombre, pero se forman de igual modo, y en el fondo son los mismos a través de las diferentes etapas de la historia”. (Doralicia Carmona Dávila, autora de Memoria Política de México.) O sea, que los conservadores de ayer, siguen en la palestra con diferente nombre, pero son fácilmente identificables, así como son los transformadores.

Entre nosotros, realmente siempre se han disputado el poder dos ideologías (organizadas en partidos), y que, según la escritora antedicha, son: aquella “que cree que el engrandecimiento de la Patria sólo se logrará por la conservación de los antiguos moldes, …costumbres o sistemas”, y la que estima necesaria “la reforma de las ideas y de los sistemas existentes y la adopción de otros nuevos”. Una ideología es la del partido conservador, nombre típico y apropiado, porque sus ideas en política se resumen diciendo que es preciso conservar el estado de cosas existente puesto que con ese sistema ha marchado la Patria. La otra ideología se engloba en el partido renovador, “puesto que sus ideas en política se resumen diciendo que es preciso reformar”. 

El pasado día 29 de marzo, dijo el Presidente López Obrador: pasando el 10 de abril “vamos a enviar una iniciativa de reforma a la Constitución para garantizar la democracia en México, …esto es, que no haya consejeros, que no haya magistrados que no tengan vocación democrática. Y también que se garantice el voto libre, secreto, que no haya fraudes electorales. Enseguida agregó: “les adelanto, voy a proponer que sea el pueblo el que elija a los consejeros electorales y a los magistrados de manera directa”.

Ante el sobresalto del anuncio, se le preguntó sobre el mecanismo para integrar el INE y al Tribunal Electoral,  exteriorizando: “Los tres poderes van a presentar a ciudadanos, verdaderamente independientes, de inobjetable honestidad; cada poder va a presentar a 20 ciudadanos, 60 para el caso de consejeros y algo parecido en el caso de magistrados, y esos 60 van a ser votados en elecciones abiertas y el que saque más votos ese va a ser el presidente, buscando que sean mitad mujeres, mitad hombres”.

La anterior idea, AMLO la enfatizó al día siguiente: “la democracia es el poder del pueblo, …en una democracia el soberano, el que manda, es el pueblo”. Por ello, la ciudadanía es quien debe elegir a los consejeros y magistrados electorales: Ya se acabó la idea de que ‘los órganos electorales y las instituciones tenían que estar en manos de gente de élite, ya sea de la academia o de la política”.

Posteriormente bosquejó otros temas de la revelada enmienda, destacando el presupuesto: ¿Por qué va a costar tanto -el ramo electoral- si podemos ahorrar la mitad? ¿Por qué 20 mil millones y por qué no 10 mil? Sí, cuesta mucho, el INE “es el organismo electoral más caro del mundo y, además, sin confianza”. Por ello la exigencia de transformarlo.

Finalmente, apuntó el renglón de los plurinominales: ¿para qué tantos diputados o tantos senadores? En este tema, las grandes mayorías de mexicanos están de acuerdo en que se disminuyan los diputados, y que se eliminen los senadores, que llegan en ambos casos, por el favoritismo de las cupulas partidistas y que nunca hacen labor para ganar votos. Y sin embargo suelen ser los más influyentes en las cámaras. Y se adiciona la iniciativa al incluir la posible supresión de los OPLES, con lo que lograrían enormes ahorros a los Estados, que de esa forma tendrían mayores recursos para resolver problemas en pro de la sociedad. 

Las oposiciones han reaccionado iracundamente. Desde José Woldenberg, convertido en santón del ramo electoral, hasta los líderes de partidos adversarios, algunos empresarios, ciertas agrupaciones y comentócratas. En general acusan al presidente de querer regresar a tiempos idos (como si antes no hubiese derroches, desvíos y falta de democracia). Y con mas empeño, señalan que AMLO busca hacer una “república de un solo hombre”, pues controlaría, con esas modificaciones, a todos los poderes y los organismos autónomos. Por ello, terminantes afirman que la susodicha iniciativa de reforma no pasará. Y se autoproclaman como escudos y salvaguardas del INE, el organismo que hace años, ellos se adjudicaron como botín.

Pronto conoceremos el texto de la anunciada nueva reforma electoral, y sea como fuere, no cabe duda de que los problemas característicos de nuestro sistema político, deben ser encarados y resueltos a fondo, teniendo como base la pluralidad ideológica y el respeto, para consolidar nuestra democracia, y, antes que nada, la fortaleza nacional.