JALISCO, DE QUEMAZONES A SEQUÍAS.
Pedro Vargas Avalos

Por Pedro Vargas Avalos

No solo la pandemia ha sido atroz para los jaliscienses, sino que otros fenómenos nos han flagelado desde hace más de un año. Desde la inseguridad, cuyo botón de muestra puede ser las muchas fosas de restos humanos descubiertas un día si y otro también, hasta las constantes balaceras y crímenes horrendos que muy seguido se registran, todo lo cual sumado hace que los jaliscienses vivamos con el Jesús en la boca.

Pero nuestros padecimientos no solo son los horripilantes hechos antedichos, se le suman a ellos, las sequías y las quemazones de nuestros bosques y montes. Y de las primeras, es decir de las carencias del vital líquido, víctimas directas han sido tanto nuestros terrenos como nuestras gentes. El caso del SIAPA tapatío es simplemente escalofriante, pues cientos de colonias del área metropolitana de Guadalajara se han visto privadas de agua, y es fácil imaginar lo que tal desabasto significa para cientos de miles de paisanos, que, ante esa brutal situación, se ven precisados a realizar verdaderos milagros para resolver tan esencial necesidad. 

El problema del agua en la Perla Tapatía ha sido ancestral. Sin embargo, el descuido de las autoridades ha sido mayor y de casi siempre. Los proyectos forjados para aliviar la sed de la capital de Jalisco han sido múltiples, y casi todos fallidos. A lo sumo dan resultados exiguos, son como parches para curar cáncer.

Lo mas reciente en materia de sequía, fue la noticia expresada por el gobernador Alfaro de que se declararía a Jalisco “en estado de emergencia”, ya que en la Entidad el “68% de su territorio tiene una sequía clasificada como severa, vivimos una situación que no se había vivido, según el reporte del Gobierno Federal, en los últimos 10 años en Jalisco”.  Lastimosamente, el fin de semana pasado se anunció por autoridades de ese orden gubernamental, que aún no se había configurado una situación como para emitir esa declaratoria. Así que se le dijo al “gober”: ¡ Lástima, Margarito!

La situación de los incendios en el Estado es de tal amplitud, que prácticamente no hay región que se escape de esas igniciones. Observando un mapa de la Entidad, se ve que, en la zona sur, desde Ciudad Guzmán hasta Zapotiltic, las quemazones abundan. Y si nos fijamos en Jocotepec, las deflagraciones se dan, generalmente por motivos de labores agrícolas.

En Autlán, el predio El Cantil ardió, el 29 de marzo, por actividades calificadas como ilícitas. Unos días antes se había registrado fuego por iguales causas en el potrero El Chiquihuitillo, de la municipalidad de Poncitlán.

Muy diversos motivos provocan incendios. Como ejemplo citaremos el caso de La Cruz de Romero, en el camino a Talpa, dentro del municipio de Mascota: allí los peregrinos suelen acampar y por descuido, las fogatas que prenden, se extienden y encienden amplios espacios arbolados, tal como sucedió en el mes de febrero.

Nuestro alejado norte jalisciense, allí donde se ubican poblaciones como Mezquitic y Colotlán, en este abril sobrellevó incendios en el Cerro del Águila y en el predio Tesorero, atribuyéndose a paseantes esa combustión. Similar fue el incendio de Rancho Nuevo en Jalostotitlán, durante el mes de marzo.

Podríamos seguir enumerando localidades azotadas por incendios forestales. Desde Degollado o Chapala, hasta San Gabriel, Mazamitla y Cuautitlán de García Barragán, pasando por Atenguillo y Tapalpa, o avistando, Magdalena en la zona Valles o Tepatitlán en Los Altos. Sin embargo, de enorme trascendencia son las llamas que devoran miles de hectáreas en La Primavera, el pulmón que tanto alivia a la zona metropolitana de Guadalajara. 

Aquí la voz popular señala a los voraces fraccionadores, quienes por sí o por medio de enviados de baja estofa, inician las quemazones para enseguida, ya sin vegetación, promover fraccionamientos que les redituarán pingues ganancias, sin importarles el fuerte deterioro ambiental que le ocasionan a la capital jalisciense, así como a los millones de pobladores de su área urbana.

Ante este sombrío panorama, la gente se pregunta: ¿Qué hacen los gobernantes para aliviar las sequías, o evitar las quemazones? Porque a la fecha no se sabe de acciones efectivas para poner un hasta aquí a los ávidos fraccionadores, a los irresponsables paseantes o a los negligentes sembradores que originan incendios en sus labores agrícolas.

Por lo anterior, abundan las voces que señalan a funcionarios como solapadores, socios o cómplices, de los provocadores de esos dañosos fuegos. Y cada año se suceden juntas y cientos de declaraciones, pero en nada se remedia la situación.  En cambio, se erosiona el campo, sufren los jaliscienses, y el medio ambiente se deteriora. En pocas palabras: Jalisco está en llamas. ¿Y el gobierno? Bien, gracias, produciendo discursos y haciendo promesas, de esas con que se empedrarán los senderos que llevan al infierno.

Enfoques Discordantes.

Por Pedro Vargas Avalos.

Oficialmente estamos en pleno tiempo de campañas electorales desde el día 4 de abril, aunque los preparativos iniciaron a fines del año pasado. Con tal motivo se han desatado todo género de opiniones, propuestas y ataques, entre los partidos políticos contendientes y desde luego, de sus respectivos candidatos a cargos de elección popular. Recordemos que están en juego las diputaciones federales (300 de mayoría y 200 de representación proporcional); 15 gubernaturas, 30 legislaturas estatales, así como alrededor de mil 900 ayuntamientos y juntas municipales. En total mas o menos 94 millones 800 mil ciudadanos, podrán elegir en las urnas 500 cargos federales y 19 mil 915 de carácter local, o sea, de Estados y Municipios.

Por esa razón, buscan afanosamente, tanto los institutos partidistas como sus abanderados e incluso simpatizantes, ganar simpatías y con ello, sufragios.

Los medios electrónicos, las redes sociales, la prensa escrita y cualquier instrumento que ayude a lograr el triunfo en los comicios, se consideran necesario y son opciones para concretizar proyectos. Los bloques o alianzas que contienden son la que integraron los oposicionistas PRI, PAN y PRD, la cual se denomina “Va Por México” y la que conforman los que apoyan al gobierno de la Cuatro T, (Morena, PT y PVEM) que se conoce como “Juntos Haremos Historia”. Por su cuenta y riesgo juega el MC (Movimiento Ciudadano), completando el cuadro, los partidos nuevos: Redes Sociales Progresistas (RSP), Fuerza Social (FS) y Encuentro Solidario (PES), quienes no pueden aliarse con ninguno para este proceso por su reciente creación. Además, en cada Entidad Federativa participan algunos partidos locales, como el caso de Jalisco, que tiene al instituto político llamado “Futuro” y al conocido como “Hagamos”.

Así las cosas, la semana pasada se dio a conocer una carta que envió a un artista, a nombre de la coalición “Va Por México”, la Secretaria de Cultura del antes todopoderoso PRI, señora Ma. Cristina García Cepeda, persona muy identificada en ese ramo por haber trabajado de promotora cultural y haber desempeñado importantes puestos gubernamentales, como Directora General del INBA y en la parte final del sexenio de Peña Nieto, Secretaria de Cultura. En 2019, fue sancionada por la Secretaría de la Función Pública, para no tener cargos públicos por diez años, y luego, el presidente del partido tricolor (Alejandro Moreno, alias “Alito”) la designó Secretaria de Cultura “para defender los intereses de todo el gremio cultural y no sean objeto de prácticas ilegales”.

En la misiva, fechada el 14 de abril, la experta promotora cultural, ahora en labores de activismo político, le dice al tenor Emilio Ruggerio, que lo saluda y felicita por su carrera internacional, misma que ha puesto “el nombre de México en alto y nos enorgullece muchísimo”. Para información de los lectores, diremos que este cantante mexicano nació en la capital del país en 1971, allí estudió y también cursó la carrera militar en el Histórico Colegio Militar, donde se graduó como teniente de infantería fusilero paracaidista. Decidió seguir la interpretación de la ópera y desarrolló su faceta de actor en el Centro de Actores de San Francisco, California, debutando en Europa en 1988, con «La Boheme» de Puccini. En este continente ha vivido más de 25 años, formando parte de la Academia de Ópera del teatro de Zúrich y de la Scala de Milán, aunque eso sí, va y viene a su patria con cierta frecuencia y entre sus interpretaciones incluye piezas muy nuestras, como Cielito Lindo, Yo soy Mexicano, y desde luego,  México Lindo y Querido.

En la epístola que nos ocupa, dice la firmante que conoce la trayectoria y la ideología del artista, le reconoce los actos de corte social que realiza y en razón a que se identifica con ellos, lo invita a sumarse a la alianza “Va por México” y, bajo tal perspectiva, al igual que otros artistas lo han hecho, le pide grave un spot para apoyar a algún candidato de la coalición antedicha. Incluso le plantea la señora García, que se pudiera organizar algún evento vía “zoom”, agregando que se le cubrirían sus gastos o se le apoyarían en algún proyecto artístico en el futuro. En pocas palabras, reitera la emisora de la carta, “será un honor” tener a Ruggerio como su aliado.

En respuesta, el artista dice tajante a la señora García: que no comparte la ideología de “Va Por México”, precisando que “yo nunca voy a cantar a tipejos como el tal Silvano Aureoles, un patán, gobernador, como también Enrique Alfaro”. Enseguida menciona a políticos que sí apoyaría con su canto, y con gusto, tales como “el señor Félix Salgado, o la you tuber Juncal Solano”.

Al enterarse uno de lo anterior, se queda atónito por varios motivos: los señores de la oposición andan tan despistados, que invitan a ciegas a quien no simpatiza con ellos. Además, como que no están bien informados del perfil ideológico de Ruggerio, ya que hace meses en un viaje aéreo en que coincidió con Felipe Calderón, le dijo a éste en su cara, lo pésimo que fue como mandatario y le remarcó que él (Ruggerio) simpatizaba con López Obrador.

Por otra parte, nos asombra que si esté dispuesto a respaldar a dos personajes muy distintos, como resultan ser “El Toro” guerrerense Macedonio Salgado, y la you tuber tapatía Juncal Solano, ahora candidata por MORENA a una diputación en Guadalajara. “Yo canto por y para el pueblo de México”, expresa este singular interprete, subrayando que se siente patriota y muy mexicano, con dignidad, por lo cual jamás apoyaría a quien “nos ha traicionado tanto, robado tanto y que han humillado al pueblo de México”: Yo -sigue diciendo Ruggerio- amo a mi pueblo, canto para él, sin distinción de partidos, “y no me voy a vender”.

En su Twitter, concluye este claridoso cantante mexicano, de la siguiente manera: “Esto es el colmo de la DERECHA… Buscan comprarme y que traicione a mi pueblo, están completamente destrozados…” 

Y vaya que sino destrozados, si andan demasiado confundidos los señores de la incomprensible alianza “Va por México”. Sin embargo, la esperanza muere al último, y en el pueblo que vota está la clave para todos los que compiten en estas campañas, así que, sin más vueltas, es a él a quien se debe acudir.

DEL PRI AL PAN, ANTAGONISTAS, AL PRIANISMO ALIADO.

Por Pedro Vargas Avalos

Desde que México logró su independencia de España, las pugnas políticas ocuparon protagónico papel en la vida de la nación. En la cruenta guerra de independencia (1810-1821), los bandos se habían dividido con suma claridad: por un lado, los realistas, y en la otra parte, luchando contra ellos, los insurgentes.

Al lograse la independencia nacional, en 1821, los partidarios de la monarquía pugnaron por imponer un sistema imperial, surgiendo en 1822 el primer imperio mexicano, con Agustín de Iturbide como soberano. Ese gobierno fue efímero, terminando al año siguiente con la abdicación del ambicioso Iturbide.

Los realistas-monarquista, ahora ya denominados conservadores, se transformaron en centralistas, y sus adversarios políticos en liberales.  En ambos bandos se abrazó la idea de pronunciarse republicanos, pero adoptando los conservadores la forma centralista, en tanto que los liberales fueron federalistas.

Finalmente se impusieron los federalistas y en 1824 se inició la vida de ese sistema, teniendo como primer presidente al antiguo insurgente Gral. Guadalupe Victoria, y como último presidente del Congreso Constituyente, al respetado maestro jalisciense de los federalistas de ese tiempo, Doctor José de Jesús Huerta Leal, oriundo de Santa Ana Acatlán, hoy de Juárez.  

Esa etapa liberal fue breve, los conservadores volvieron a la carga y con su caudillo Antonio López de Santa Anna, derrumbaron la república federal y con sus intrigas establecieron el centralismo, sistema que en 1836 produjo la constitución centralista llamada de las Siete Leyes. Es de mencionar que en 1833 se había registrado el primer experimento de Reforma política, con el Dr. Valentín Gómez Farías como encargado de la presidencia del país, ensayo que bloquearon los conservadores, y por tanto quedó como precedente de la reforma juarista.

En la década de 1840-50, los liberales (donde destacó Mariano Otero) que sostuvieron los estandartes federalistas, no pudieron evitar las desgracias nacionales, como la pérdida de territorio y el arribo de la dictadura santanista, que con el aplauso de los conservadores, en el clímax del paroxismo de su caudillo, aceptaron llamarlo Alteza Serenísima.

La revolución de Ayutla (1854) vino a salvar nuestra república, teniendo como su líder a Juan Álvarez y como su primer mártir a Don Gordiano Guzmán, el de Tamazula. Sin embargo, los testarudos reaccionarios (conservadores) emponzoñaron el pensamiento y desataron la Guerra de Tres años (1857-1860), en la cual de nueva cuenta fueron derrotados, ahora por el abanderado de la Reforma, D. Benito Juárez. 

Moral y militarmente vencidos, los conservadores buscaron apoyos en el extranjero y de esa manera volvieron a poner, como en la injusta guerra contra Estados Unidos, en predicamento a la nación mexicana, pues trajeron a un príncipe extranjero para dizque gobernar un quimérico imperio.Esta caricatura de monarquía se derrumbó en 1866-67, siendo fusilado Maximiliano y sus corifeos Miramón y Mejía en el Cerro de las Campanas.

Tal parecía que los conservadores ahora se encubrirían de plano. Acogotados verían las luchas entre liberales, hasta que se impuso el oaxaqueño Porfirio Díaz en 1876. El vencedor de Tecoac, se convirtió en árbitro nacional y con mano férrea dirigió a la república. Sus lineamientos fundamentales fueron tres: 1) Ese pollo quiere “máiz”, es decir, a todo ciudadano que proteste y destaque, hay que cooptarlo, otorgándole premios y prebendas.2) Poca política y mucha administración, o sea, que la actividad política quedó reducida al accionar del presidente y sus portavoces, debiéndose dedicar toda la burocracia a sus tareas administrativas. 3) Mátenlos en caliente, extremo procedimiento para aplicar a quienes no se sujetasen a los dos anteriores principios.

Agazapados, adheridos y camuflajeados en el porfirismo, los conservadores pervivieron hasta la revolución de 1910. Sus zarpazos fulguraban de vez en vez: se levantaron contra Madero y lo asesinaron. Tras el constitucionalismo vencedor, procuraron enquistarse con algunos generales o ciertos intelectuales, pero no pudieron evitar la entrada en vigor de la Constitución de 1917, redactado su proyecto por el liberal jalisciense Luis Manuel Rojas, presidente además de la Asamblea de Querétaro. ¡Cuánto le debemos a este enorme mexicano, y ni en México ni en su tierra le hemos hecho justicia!

Los conservadores volvieron a la carga en la década de los veintes, estremeciendo a todo México con la rebelión cristera. Apagado ese incendio, se unificó a la supuesta familia “revolucionaria”, la cual se aglutinó en el PNR (Partido Nacional Revolucionario) en marzo 4 de 1929. Quién lo impulsó, el Gral. Plutarco Elías Calles, se proclamó “Jefe Máximo” hasta que fue expulsado por Lázaro Cárdenas, quien trocó el partido callista en el PRM o Partido de la Revolución Mexicana en 1938. Al año siguiente en septiembre se fundó el PAN, por Manuel Gómez Morín y el jalisciense Efraín González Luna, entre otros, y desde ese momento fue enconado el forcejeo ideológico político entre ambos institutos. El PRM se “modernizó” en 1946, con Ávila Camacho, y se transformó en PRI (Partido Revolucionario Institucional): los encontronazos entre ambos partidos crecían a cada momento, si bien su común denominador fue siempre civilizado, a diferencias de otros grupos de derecha, que propiciaron la violencia.  

Entre esas agrupaciones de ultraderecha, se encontraron los sinarquistas, los pedemistas, el Yunque, el MURO y contemporáneamente, el FRENAAA, etc. Sin embargo, de una manera u otra, todos concuerdan en el panismo.

Los enfrentamientos entre priistas y blanquiazules, fueron colosales. No había semana en que no se lanzaran puyas y embestidas. Sus posiciones parecían irreconciliables.

Sin embargo, tras el gobierno de López Portillo se observó un giro gubernamental, que vale decir priista: De La Madrid, el presidente de una falsa “renovación moral” dio un golpe de timón y encausó a la república rumbo a la derecha, pues privatizó muchas empresas estatales, y lo peor, entregó el timón al peor exponente del neoliberalismo: Carlos Salinas de Gortari. Este dio una vuelta al reloj de la historia, devolviendo derechos políticos y civiles a la iglesia y clero, acelerando la privatización de organismos del Estado y casi acabando con la propiedad social. El colmo fueron los asesinatos políticos.

Con Zedillo y su “Sana Distancia” del priismo, la crecida derecha se preparó para el asalto al poder, lo cual realizó el año 2000, al asumir el poder ejecutivo federal un locuaz cuanto frívolo sujeto: Vicente Fox.  Este le falló a los mexicanos que esperaban mucho de la transición democrática. La administración replicó el sistema priista, endeudó al país no obstante el boom petrolero que hubo entonces y a la democracia la apuñaló al auspiciar el desafuero del jefe de gobierno del DF y conspirar contra la democracia electoral, entregando el poder a Felipe Calderón, quien aceptó haber ganado “haiga sido como haiga sido”. 

El PRIAN, o sea, la unión del PRI con el PAN, algo que parecía contranatural unos años antes, ahora se volvía* un hecho. Y el colmo llegó con Enrique Peña Nieto, el tricolor que hundió al país en la corrupción y la impunidad, a tal grado que daba la impresión podría haber un desquiciamiento social.

Los comicios de 2018 demostraron que cuando el pueblo se decide, él manda. Y cansado de tanto gatopardismo de panistas y priistas, dio la oportunidad a una tercera vía: la de una izquierda nacionalista con cimiento popular. De acuerdo a ese mandato, se implementó una serie de cambios que se dio en denominar la cuarta transformación, o Cuatro T.

Ante este panorama, en el afán de bloquear el sendero del lopezobradorismo, que en esencia es la Cuatro T, sus adversarios acordaron lo que si bien en los hechos se había registrado, formalmente se estaba muy lejos de documentar: y se firmó una especie de alianza para luchar contra el partido en el poder y, en las vecinas elecciones de junio, quitarle la mayoría de la Cámara de Diputados Federal, con lo cual creen maniatarían al presidente y el avance de la Cuatro T. por si  fuera poco esa unión pragmática, se les agregó lo que resta de un partido que erró su senda y ahora es una especie de cascajo, el PRD. Y con ellos, grupos empresariales de la derecha furibunda.

Afirma el investigador Hervey Rivera, de la universidad de Puebla, que esa alianza electoral, es sin ideología y solo busca objetivos pragmáticos, iniciando con ganar los comicios de junio. El historiador Enrique Semo, agrega que dé darse ese hecho, estaríamos ante la antesala de una especie de golpe de estado blando.

Como quiera que sea, lo cierto es que el pacto entre PAN y PRI, confirma que los tiempos cambian y que ahora el prianismo existe y amaga con volver por sus fueros, que no son otros que gobernar al estilo de Calderón y Peña Nieto. La ciudadanía tiene la última palabra: ojalá acredite que como se dice, son un pueblo sabio y así lo demuestre el 6 de junio.

Buscar la felicidad con un buen gobierno…
Por: Ramon Montes Barreto

Pasaban con rapidez los últimos días del mes de marzo del año 2021, la proximidad del proceso electoral intermedio de un gobierno de la república mexicana empeñado en acabar con la corrupción y hacer un cambio verdadero. Muchos de nosotros, mexicanos de corazón veíamos con simpatía y esperanza que se acercaba una nueva época. En las redes sociales y ambientes de interacción social digital, se escuchaban voces de nuestro presidente que expresaban que la verdadera felicidad no se consigue con el dinero, que el poder no debía utilizarse para acumular dinero sino bienestar y felicidad entre los humanos.

Yo recordaba con algo de nostalgia que, cuando estaba estudiando mi maestría en Estudios del Desarrollo Organizacional en la Universidad de Monterrey -institución con alto sentido humanista-, existía un abierto debate entre nosotros y, quienes cursaban su maestría en el Instituto Tecnológico de Monterrey cuyos objetivos y análisis organizacional siempre se orientaban a la rentabilidad económica por encima del Componente Social de los procesos, en fin lo que quiero destacar es que, siempre había una diatriba entre lo que para ellos era lo más importante -la ganancia económica- y, para nosotros, lo era -el bienestar social-.

En el mundo de la administración pública y el ejercicio del gobierno, estoy seguro de que prevalece esa interesante discusión, sobre qué es más importante el cuidado para que el ejercicio presupuestal y la rentabilidad económica, llene las arcas públicas o el cuidado para que la gente, la rentabilidad social y el llenar de bienestar y felicidad a la ciudadanía. Esto me lleva a reflexionar sobre un planteamiento de difícil abordamiento: ¿Se puede buscar la felicidad de la gente a través de hacer un buen gobierno?

Para intentar dar respuesta a esta inquietud intelectual, me tengo que regresar hasta el principio de los tiempos y hacer un espacio para dar cabida al cuestionamiento de si los seres humanos, somos capaces de buscar nuestra propia felicidad. Recuerdo que hace unos días, me encontraba en una reunión de gabinete, quienes sesionábamos en esa ocasión debíamos asesorar, discutir, dilucidar sobre las mejores decisiones para que el líder del grupo lograra la meta propuesta y, cada asesor tenía una forma de ver la realidad -como siempre ocurre, pues todos somos, pensamos y actuamos de manera única e irrepetible-, los ánimos se iban caldeando y en algunos el tono de voz se alteraba. Fue entonces que nuestro líder -se llama Victor Solis Damaso- pidió la palabra y nos contó que una vez había ido a escuchar una conferencia impartida por un motivador maravilloso que contó aquella historia sobre “el buscador” que llegó a un pueblo lejano y visitó el cementerio local, encontrando en cada tumba, los nombres y fechas de nacimiento y muerte que eran cortas de entre uno, dos y hasta cinco años, situación que lo conmovió hasta las lágrimas viendo que ahí, la gente moría muy joven, pero que el sepulturero al ver su tristeza le contó que en ese pueblo, sólo se contaban los momentos, minutos y horas que duraba la felicidad en las personas, a través de llevar una rigurosa contabilidad en una libreta que la propia comunidad dotaba a sus miembros, ahí se anotaban eventos como el bautizo, la graduación, la boda, el viaje anhelado, el primer beso, el primer amor, etcétera sólo los momentos en que fue feliz el de cujus, en el acuerdo social de que la vida feliz, es la única que vale la pena vivir.

Ramón Montes Barreto, primavera del año 2021

Pero, es necesario contar con algunas definiciones sobre qué es la felicidad: existen muchas formas de felicidad, pero en general se puede resumir como el bienestar subjetivo. El bienestar subjetivo de una persona se encuentra relacionado con circunstancias objetivas de su vida, pero también con el estado de satisfacción que el sujeto tiene respecto de esas condiciones. Por ahora, aceptaremos como buena esta definición para no hacer más compleja la lectura, y paso a profundizar en ello. La felicidad de las personas, aunque proviene de un “bienestar subjetivo” tiene conexión directa con elementos objetivos que se “meten a la mente y al espíritu” de esa persona a través de su autopercepción, pero que se hacen evidentes hacia el exterior a través de unos “lentes del observador cercano” es decir, quien ve esa felicidad en la persona en cuestión.

Existen varias formas de ver y medir la felicidad de la gente, hay mucho material de investigación y académico al respecto, pero voy a mencionar sólo una escala, misma que será útil para este trabajo. De acuerdo con Diener et al, su escala titulada: “Escala de Satisfacción con la Vida” con la cual mide a través de preguntas, el bienestar subjetivo en diferentes momentos de la vida de las personas. De manera general, los autores coinciden en que la felicidad de alguien está ligada a ciertos elementos, factores y circunstancias de la vida, tales como: el género, la edad, el estado civil, la ocupación, los ingresos, la clase social, la educación, la salud, la familia y el tamaño de la casa en que viven.

Una forma de saber cómo impactan estos factores para efectos de utilizar el conocimiento en una oferta de -transformación deseada por la comunidad- ante un proceso de cambio de gobierno, es analizar los componentes en apartados por género y entonces se encuentra que, para las mujeres, es impactante en su estado de felicidad la satisfacción que obtienen de su bienestar con la familia, la salud y atención de sus aspectos espirituales. Mientras que, para los hombres, lo que más importa es su ingreso y nivel de satisfacción económica y material. Las evidencias científicas van más allá, pero serán materia de otro análisis.

¿Cómo se puede buscar la felicidad para los otros? Considero que un primer paso es tener el convencimiento personal de que la felicidad existe y puede hacerse realidad si haces algo por sentirte feliz. Se debe entender que existen muchas personas que piensan y consideran como una verdad que “la felicidad no existe”, y que, como en la anécdota inicial, sólo hay momentos felices, hay otras personas que están esperando que la felicidad toque a su puerta y se quede para siempre con ellos/as. Ya vimos que la felicidad es una serie de elementos que existen y están alrededor de tu vida, por lo tanto, conocerlos y hacer decisiones en cómo adoptarlos o eliminarlos, disminuirlos o incrementar su presencia en nuestras vidas, puede hacerse un hábito que nos traiga felicidad.

Por lo tanto, tener felicidad en nuestras vidas, no debe concebirse como una meta, sino como el camino, la condición gozosa que aporte sentido a nuestra existencia y la haga más brillante con más deseos de vivirla, pero insisto en que será una decisión de índole personal, pues en el exterior de las personas siempre van a existir fuerzas contrarias a su felicidad que las opacarán si no hacen algo por minimizarlas. Por ejemplo, siempre estarán presentes opositores, enemigos que existen a tu alrededor -sólo por el hecho de que tu existes, los hay-, debes de pagar renta, debes trabajar, debes pagar impuestos, debes pagar la nómina, se enfrentan sequías, se enfrentan lluvias abundantes, pandemias, sismos, incendios, calentamiento global, y muchas más formas naturales que pueden hacernos ver que tener felicidad es casi imposible, si no estamos preparados para buscar

nuestra felicidad individualmente, es claro que, en el exterior nunca habrá condiciones puestas de manera ideal para que seas feliz.

Ahora, bien propongo que se haga una revisión de las ofertas que nuestros políticos en la contienda de este año 2021 están emprendiendo, para revisar la posibilidad de que, a través de una gobernanza municipal, siendo el municipio al ámbito de gobierno que está en interacción directa con la ciudadanía, para que se acerquen con la visión de incrementar los factores que aportarán mayores condiciones de felicidad a las personas.

Quienes ahora son candidatos, sin importar los colores, deben tomar seriamente en cuenta a las personas, ya que en la nueva normalidad es claro que nada será igual a lo que teníamos en el pasado, para entrar de nuevo en armonía con la sociedad actual y la POSTCOVID-19. Deben estar en contacto real con las condiciones de infelicidad o felicidad de la ciudadanía, esta será una nueva responsabilidad entre los futuros ayuntamientos, estar constantemente repensando esa realidad comunitaria que se gobierna para hacer cambios sobre la marcha ya que las nuevas lecciones nos llevan a un cambio significativo en las estructuras, procesos y formas de trato entre gobierno local y ciudadanía.

Considero que debe haber un cambio profundo en las conductas de los políticos, es necesario corregir el déficit de sensibilidad que ha manifestado el gobierno; impulsar siempre la inclusión de las y los ciudadanos en el quehacer público, ya que resulta obligado que los integrantes del Ayuntamiento de que se tratesustenten el ejercicio de su gobierno, en la búsqueda de condiciones que lleven a mayor grado de felicidad a la población que les otorgue con su voto el poder y que en sus ofertas de cambio se observe la convicción de trascender haciendo la felicidad a través de la convivencia en armonía, promoviendo la participación activa de sus gobernados.

Una consideración final es que, usted lector, yo y todas las personas debemos tomar conciencia de que nuestras vidas son más cortas de lo que nos hemos imaginado, ver que los años se pasan en un abrir y cerrar de ojos. Si no exploramos vías de acceso a obtener y disfrutar aquellas cosas que nos traen felicidad, entonces resulta predecible saber que ya no tengamos tiempo de vida cuando tomemos la decisión de hacerlo.

¡No postergar más la idea de salir a buscar la felicidad, esto no se requiere de aprendizajes complejos o estudios de posgrado, hagámoslo ya, tanto gobernantes como gobernados, cada día tenemos menos tiempo para su disfrute!

070421 rmb