Poder y Dinero, Estorbos del Orden Social.

Por Pedro Vargas Avalos

En todos los tiempos y lugares, las pugnas entre los seres humanos son constantes. Y aunque los motivos son de tener muy en cuenta (la libertad, la independencia, la justicia, la educación, ideologías, religión, etc.), lo cierto es que en el fondo lo que impulsa las fricciones, peleas y disputas son nada más ni nada menos que el poder y el dinero.

¿Qué buscaban los europeos cuando descubrieron América? El control del comercio, es decir, lucro, dinero. Y al ver que lo que se generó fue la posibilidad de apropiarse de terrenos y pueblos, impulsaron la conquista, lo cual conlleva poder y riquezas. Para lograr estos objetivos, no importó ensuciar la religión, sino que por el contrario en ella se apoyaron para consumar sus ambiciones.

Establecidas las colonias, los países dominantes se dedicaron con avidez a explotar los territorios dominados y abusar de los vencidos. En nuestro país, fueron 300 años de padecimientos sin cuento, hasta que sobrevino la guerra de independencia. Pero aún este noble movimiento se impulsó por el afán de autoridad: los criollos, hijos de europeos, que ambicionaban las posesiones de los peninsulares, querían conquistar el poder,  y desde luego administrar la riqueza. Los mestizos, clase social creciente, no se quedaban atrás,  y parte de ese rico botín debería quedar en sus manos. Las grandes masas desposeídas, indios y castas, querían libertad, tierras y modo de trabajar para mitigar su situación: esto implica poder y dinero.

Lograda la emancipación nacional, adoptado un sistema político republicano y federalista, los nacientes partidos políticos propugnaron luchas por el mando y a toda costa atraían a las clases pudientes, de donde saldrían recursos que sostendrían su porfía, para que de triunfar, prometían a sus tenedores, ser premiados con creces. Ahora, si no colaboraban voluntariamente, se les arrancaba  sus riquezas y perderían casi todo, se ganara o no la causa.

Así llegamos a los ásperos enfrentamientos con el voraz gobierno del norte anglosajón, cuando en varias etapas fuimos despojados: de Tejas, de Arizona, Nuevo México y Colorado hasta Alta California; finalmente de la Mesilla. No hay que soslayar el desleal papel de muchos malos mexicanos en estas aciagas historias, pero aún ellos, alimentados siempre en su apátrida codicia por el  poder y el dinero.

Sobrepasado ese tiempo amargo, en que incluimos la intervención francesa, volvieron los duelos entre liberales y conservadores: el objetivo de igual manera fue poder y dinero, ya que la guerra de Reforma supuso redistribuir la riqueza y reorganizar el poder. En el porfiriato, a título de la modernización nacional, lo que se registró fue el desposeer a los pueblos, privar de los derechos políticos a la población y hacer que imperaran los principios de “mucha administración y poca política”, lo cual presupone que unos cuantos ejercían el poder y otros pocos, se encargaban de agenciar la riqueza.

Estalló la revolución, y su enseña de sufragio efectivo no reelección, así como de justicia social y la divisa de que la tierra sería para el que la trabaje, tuvo su lugar y caminó con base en poder y dinero.

Así se llegó a la segunda parte del siglo pasado. La república estaba organizada y a las demandas socio políticas,  se les buscó una pulida solución. El gobierno emanado del partido de la revolución institucionalizada aplicó mucho de lo que criticó a Porfirio Díaz. Repartía dinero y daba migajas de poder para mantener la gobernanza.

Los tres poderes constitucionales y los municipios, conforme nuestra tripartita división política, crearon una burocracia cada vez más pesada, pero siempre consentida. La administración descentralizada y la de índole desconcentrado, fueron incrementándose, engulléndose calladamente gruesa tajada del presupuesto. Y parecía que todo marchaba en sana calma.

Con el nuevo milenio, se hicieron más concesiones y ajustes. Allí surgieron organismos, técnicos o de índole ciudadano, que buscando resolver problemas de fondo, cometieron el grave error de creer que honradez, capacidad, independencia y vocación de servicio, se lograba con grandes sueldos y prestaciones.

De esa manera, los jueces y magistrados, incluidos ministros de justicia, se blindaron con enormes estipendios: supuestamente así se ganaría la lucha contra la corrupción, lo cual fue una monumental falla, ya que aquella reside en la sustentación de valores. Y cada que se autorizó crear un organismo especializado, se dotó a sus integrantes de formidables alcances. Esto convirtió en un objetivo dorado para los cientos de aspirantes a cada cargo público, el lograr quedarse en alguno de ellos: ser magistrado, parte de algún instituto ciudadanizado, técnico o de creación reciente, garantiza poseer elevados ingresos y dorados privilegios.

Al llegar a la segunda década del corriente siglo, la corrupción se había desbordado. Los órganos autónomos, los de índole independiente o ciudadano, y aún los de la administración directa, se habían dado todo género de autoprotecciones, presentando diferencias notorias especialmente si se comparaban con empleados, trabajadores y servidores del común en cualesquier sector. De allí frases como “gobierno rico y pueblo pobre” en un sistema desprovisto de eficaz rendición de cuentas.

Como a cada problema o reclamo social, se le dieron respuestas a modo y a medias, en no pocas veces la solución solo era un gatopardismo evidente. El IFE, de buen inicio, se flexionó al volverse centralista como INE y no detectar violaciones electorales tan incuestionables como el sol. El INAI, con evidente buen objetivo, se desdibujó y cerró los ojos en casos como Odebrecht y muchos otros tan sonados como las guarderías ABC, el caso Ayotzinapa, etc. Y así la inmensa mayoría de nuevos entes, por lo general nidales para recomendados y protegidos.

Por ello se dio la nación una oportunidad en 2018. El priísmo “renovado” había sido incapaz de detener la corrupción, la impunidad, hipocresía y el abuso. El panismo fue un fallido paso al margen que acomodó el regreso del ogro, y éste como era previsible, hundió a la nación en casi todas sus áreas. No habiendo otra opción, la mayoría sufragante decidió dar la alternativa a una tercera vía, y esta fundamentó su esfuerzo en mejorar a los pobres, separar al poder económico del político, aligerar el lento aparato burocrático, reestructurar las nervaturas esenciales del país y crear una Cuarta Transformación de la República, la Cuatro T. Su base es el combate a la corrupción y su lema la austeridad.

Y aquí comenzaron de nueva cuenta los desencuentros. La austeridad se contradice con la vida fácil, muelle, que se han dado los altos funcionarios, los políticos poderosos, los líderes venales, y hasta los empresarios compinches. El primer mandatario puso la muestra y se rebajó por mitad su salario, así como el de los colaboradores directos de su gobierno. Agregó cortantes bajas de prestaciones onerosas. Y llevó las reformas a la Constitución Federal, para que fueran parejas.

En ese momento aparecieron verdaderas rebeliones y disconformidades con la nueva política. Los dorados miembros del poder judicial se escudaron en nichos legales, que permiten conservar impúdicas remuneraciones. Siguiendo su ejemplo, los miembros de numerosos organismos acudieron al amparo, y desde luego, lograron el respaldo de quienes padecen del mismo vicio y son incapaces de curárselo.

El fundamento de esta situación es sencilla: los que riñen no perder sus privilegios, no están en el servicio público por vocación, sino por avaricia; no llegan por méritos sino por influencias. La Constitución está tijeretada y en cada recoveco se encuentran defensas para que la austeridad y los valores morales no se apliquen. De allí que sean tan ardientes defensores de los Fideicomisos, de los organismos autónomos, y de toda forma legal que les asegure prebendas.

Y lo que decimos para el orden federal, es perfectamente aplicable para los gobiernos del ámbito estatal o municipal. Y quizá en estos resulte peor porque los ejecutivos locales ni de lejos se parecen, en lo decidido y austero, al modo de ser del presidente.

Es indispensable se legisle a fondo sobre este tema. No debe haber organismos onerosísimos, ni servidores públicos vividores. La administración pública solo debe poseer los entes mínimos para cumplir sus fines, sujetos a la vocación de servicio al pueblo, apego a la modestia y alejados de la comodidad excesiva y la ostentación, con separación total del nepotismo, de la ineptitud, el compadrazgo y el influyentismo.

Debemos entender que el dinero solo debe representar el aspecto considerado para vivir con decencia, y el poder ha de ejercerse ceñidos a la ley y la moral. Ambos elementos son los que deberían determinar la conducta de todo servidor público: si la Constitución establece que nadie debe percibir más sueldo que el presidente de la república, lo que es justo sin alegaciones, entonces no deben pelear mezquinamente ingresos exagerados; quien tenga vocación de servicio, que se atenga a tal mandato y se ajuste a la austeridad con misticismo que debe caracterizar a todo buen servidor público. 

Porque cuando vemos que quienes más defienden, hasta con chicanadas,  ingresos descomunales, son jueces, magistrados, ministros y altos directivos de organismos autónomos, más aterrador aparece el horizonte de nuestra nación. 

Ser empleado de gobierno es un honor, no oportunidad de abuso ni enriquecimiento. Enaltecer el servicio público es un paso que debe darse a la mayor brevedad, aunque genere rasguños, enojos y purgas; pero todo ello es indispensable para bien de la república y salud de la sociedad. Abandonemos las batallas por atesorar prerrogativas; empeñemos nuestros esfuerzos en consolidar la democracia, fortalecer las instituciones, servir a la comunidad, cumplir la ley y desterrar los desfiguros de la vida pública. Antepongamos el civismo y con ahínco, busquemos ser cada vez, mejores ciudadanos: por este sendero haremos cada día más grande a nuestra patria.

LA HORA DE LA VERDAD.

POR PEDRO VARGAS AVALOS.

La frase de la hora de la verdad, implica tanto para personas como instituciones, incluso serie de actividades, el momento crucial de tomar una decisión para encarar el destino. En nuestro tiempo ya sea en el ámbito nacional, como en el internacional y el estatal, hay instantes que podemos afirmar se ajustan a la frase de la hora de la verdad.

¿Quién puede negar que a Joe Biden le llegó su oportunidad y ahora “su hora de la verdad” para sacar adelante a la nación de las barras y las estrellas?. De igual manera al terrible Donald Trump, le llegó su real hora de la verdad, pues encara su sobrevivencia.

En nuestra Patria, no cabe duda de que salir avante de varios frentes, como el económico, el de la justicia y el de la salud, también fijó su hora de la verdad.

A nivel estatal, Jalisco tiene varias actividades en que la hora de la verdad no debe esperar, so pena de que las soluciones se vuelvan inalcanzables, lo podría poner al gobierno de Alfaro contra la pared, ahora que sus bonos no están como para presumir. 

La política para es fundamental para alcanzar metas; y este año se llevarán a cabo las elecciones más grades de nuestra historia electoral, por lo que el Ejecutivo estatal y su partido, deben entender que se les llegó su hora de la verdad.

Desde meses atrás, cuando surgió en la capital del país ese galimatías de “Va por México”, en el cual antiguos enemigos aparecen como aliados, en Jalisco como que no estuvieron muy de acuerdo, ni Movimiento Ciudadano que tiene la mayoría de la Cámara  local, y le ha permitido al gobernador llevar el timón con ciertos altibajos, pero al fin avante gracias a ese respaldo. Pero no debemos olvidar que tal apoyo contó con la suma de panistas y perredistas, lo cual ahora tendrá restricciones.

En efecto,  Marko (Markitito) Cortés, dirigente (que no líder) nacional panista vino a Jalisco y precisó que como MC no se había sumado al fárrago “Va por México”, no ser autorizaba ninguna alianza en lo estatal. En consecuencia, cada partido se rascará con sus uñas en los inminentes comicios de junio.

¿Tendrá MC la capacidad para enfrentar a MORENA que aparece como el adversario a vencer en esa jornada del primer domingo de junio?. Y conste, que el partido del presidente de la república, se tardó demasiado en organizar su directiva y ahora enfrenta vientos de fronda en cada nominación de candidaturas. Pero con todo y eso,  no hay instituto político que en el Estado esté al tu por tú con MC.

Así las cosas, tanto panistas como prisitas atendrán muy limitadas posibilidades de ganar algo; y no digamos el insepulto perredismo, que probablemente en este junio cabe su tumba definitiva. En cuanto a los partiditos emergentes de índole estatal, ni pintan ni pintarán: serán testigos de la jornada.

En esa fecha electoral de junio, lo que está en juego no solo es en apariencia, el control de la Cámara de Diputados federal, meta que los prianistasperredistas, acarician, recibiendo apoyos de empresarios al estilo de Claudio X. González o Gustavo de Hoyos. Y desde luego la serie de comentócratas exorgánicos que aspiran a ser diputados por ese solo hecho.

Para los jaliscienses, es de suma importancia esta hora de la verdad para MC, pues de no conservar la mayoría parlamentaria local, complicará la parte final del período de Alfaro. Y eso permitirá abrir un nuevo capítulo en la pugna que ha dado mucho que decir entre el gobernador frente al presidente.

Así las cosas, estemos atentos en los movimientos que lleven a cabo las dirigencias formales y las reales, tanto de MC como de MORENA, sin descuidar a las demás minorías.

Lo más importante de todo esto, es que el pueblo tendrá la última palabra y decidirá con toda libertad, a quien respaldar, haciendo imperar el poder ciudadano, que de esa manera también poseerá su hora de la verdad.

NUEVO AÑO, ESPERANZAS RENOVADAS

POR PEDRO VARGAS AVALOS

Quedó atrás el dificultoso 2020 y nos encontramos en el esperado 2021, que nos ofrecerá retos pero a la vez la oportunidad de cristalizar proyectos. Los mexicanos nunca hemos tenido etapas fáciles, por lo que habremos de salir adelante y no solo sobreponernos a los desafíos, si no que resurgiremos más fortalecidos como nación.

Uno de los primeros enfrentamientos lo es la pandemia del COVID 19, mal que se ha ensañado causando muchísimos decesos y cientos de miles de enfermos; sin embargo, con disciplina y perseverancia se podrá abatirla, auxiliados con las vacunas que afortunadamente ya llegan a nuestro país, siendo una especie de luz al final del túnel. El gobierno ha sido tajante al respecto: se protegerá a todos los mexicanos. Incluso, si el sector privado quiere participar, no tiene obstáculos para que intervenga y se sume a la gran tarea de someter esta terrible calamidad. Junto a tal tema viene el vigorizar totalmente la estructura del sector salud, a efecto de cumplir el mandato constitucional del derecho a la asistencia universal, es decir, brindar servicios médicos completos a toda la población. 

Día a día debemos  nacionalmente redoblar esfuerzos y de esa manera tales  adversidades y atrasos serán superados. Lo mismo podemos decir de la situación económica, que iniciando con los quebrantos que generó el año pasado ahora se agregan a la problemática de la cuesta de enero.  En este frente, es alentador que para diciembre pasado ya se hayan recuperado cerca de diez millones de personas trabajando (9.9 millones dice el INEGI), pues la población económicamente activa (PEA), en relación a los doce millones que en abril se habían perdido, era de 55.6 millones: así las cosas, el porcentaje del desempleo se situó en 4.4%..  En cuanto al empleo formal, en números redondos, del millón de plazas perdidas se recuperaron 900 mil, afirmó el presidente. Los datos no son para echar las campanas a vuelo, pero sustentan una recuperación alentadora.

Un problema sobre el empleo es que la informalidad alcanzó la cifra de 29.8 millones de personas, que viene a ser un elevado 56.3% de la PEA. A esto se suma un 15.9% de subocupados, individuos que si bien tienen empleo, buscan un complemento laboral. Ambos renglones tienen de donde vivir, empero se debe disminuir su número, lo cual debe suceder a partir de este año. Anualidad en que se robusteció el salario mínimo con un 15% general, incluyéndose en el sistema de zona  libre a la frontera sur de la República, tratamiento que solo recibía el norte del país. Esta medida, congruente y de estricta justicia, le dará evidente impulso a la economía de las Entidades federativas que limitan con Guatemala y Belice, regiones más atrasadas que las del extremo norteño. 

No podemos soslayar el grave asunto de la inseguridad pública, en la cual se incluye la violencia, la delincuencia organizada y la impunidad. En este capítulo la exigencia ciudadana es irrestricta: anhela vivir con paz y tranquilidad. Sobre esto existe una Estrategia Nacional de Seguridad, por medio de la cual se debe atender tanto las causas que generan la violencia como el crimen organizado, cuyos hechos sacuden a la comunidad constantemente.

En esa táctica debe incluirse la participación del pueblo, principal afectado, y desde luego, que actúen coordinadamente los órganos del gobierno, comprendiendo en esa ligazón al gobierno federal como primordial responsable, y a los órdenes de gobierno estatal y municipal. Para ello es trascendente funcionen eficazmente en Estados y Regiones, las Mesas de Trabajo del ramo, conformadas con representantes de cada esfera gubernamental, y el concurso sustancial de la Guardia Nacional, además del apoyo cuando se requiera, de las fuerzas armadas. En estas diligencias, las Fiscalías tienen específicas obligaciones pues de no cumplirlas, se echaría por la borda el trabajo de la prevención y persecución de los delitos.

Por cierto, en esa lucha jamás deberá olvidarse el respeto a las garantías constitucionales o en pocas palabras, a los derechos humanos, ambos aspectos tan vapuleados anteriormente. De allí que el diálogo y la corresponsabilidad siempre habrán de estar presentes, así como  la Protección Civil dentro de ellas. No se debe dejar a un lado a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) ya que el poder económico de las mafias que azotan al país es inmenso, y debe combatirse a fondo.

La Secretaría de Seguridad Pública federal ahora está en manos de una mujer (Rosa Icela Rodríguez Velázquez) quien expresó: “la propuesta rompe esquemas por ser la primera vez que un Presidente se atreve en confiar en las mujeres para atender esa, que es la principal demanda social”; agregó  que no desconoce el ramo y que entiende que “no se trata de ganar una guerra, se trata de ganar la paz”, a efecto de tener un país en donde podamos vivir con tranquilidad.

Finalmente hemos de mencionar el aspecto político: es incuestionable que la nación está polarizada; los grupos y partidos se aprestan para la gran jornada electoral del  6 de junio venidero, visualizándose dos formidables alianzas: la autollamada “Va por México” que aglutina a los adversarios de la Cuatro T (o sea de AMLO) y los que apoyan la denominada Cuarta Transformación, que juntos buscan “hacer historia”, es decir los que respaldan al Presidente. En la primera formación se atrincheran los disminuidos panistas, el priismo irredento y los restos insepultos del perredismo, a los que se les sumaron empresarios radicales y dizque intelectuales exorgánicos. En la segunda liga se alinean los mayoritarios miembros de Morena, con sus tradicionales seguidores del petismo y la poca recomendable adición de los convenencieros verde ecologistas.

Ojalá que todo se decida democráticamente y las campañas sean reflejo de las esperanzas renovadas de tener un año 2021, con paz y orden.