CREACION DE NUEVOS ESTADOS: ADVERTENCIA PARA JALISCO.

Pedro Vargas Avalos/Expresión
Recientemente han aparecido intereses políticos para crear dos nuevas Entidades federativas en nuestra República. El asunto es una seria advertencia para nuestro Estado, el cual históricamente ha registrado brotes separatistas, uno de ellos con éxito (el de Tepic en 1884) pero que en la actualidad tiene en la zona del norte, una franja en la cual se agitan ciertas ideas separacionistas.
De los dos lugares en que mucho se habla de erigirse en Estados miembros de la Federación mexicana, el del Distrito Federal (DF) es de añejos empeños, enfatizados desde que tiene gobernador electo (no Regente designado, como cuando era Departamento del Distrito Federal) y reforzado al establecerse su Asamblea legislativa, que hace las veces de Congreso local.
Los gobiernos izquierdistas que han presidido las administraciones del DF, se han preocupado por darle cada vez más facultades a esa Entidad, y hoy por hoy, se logró incorporar como punto a desarrollar dentro del Pacto de México, el de la Constitución del DF, lo que presupone la erección del Estado del Valle de México. Y aunque originalmente se estableció que el asunto se desahogaría en 2014, todo hace suponer que se adelantará para este año, en retribución al apoyo que el perredismo ha dado al susodicho Pacto.
El segundo caso es el que debe llamar poderosamente la atención de las autoridades y el pueblo jalisciense. Se refiere a la comarca de La Laguna, que comprende buen número de municipios y abarca a porciones de los territorios de Durango y Coahuila, con eje central en Torreón, Lerdo y Gómez Palacio.
La región Lagunera a que nos referimos, incluye en su totalidad una veintena de municipalidades de ambos estados, contando con un millón 500 mil habitantes, 540 mil hectáreas de extensión total y posee gran potencial económico, pues genera la mayor parte del Producto Interno Bruto (PIB) de los Estados norteños de Coahuila y Durango; éste por cierto, con una pequeña colindancia con el municipio jalisciense de Huejuquilla el Alto.
Los interesados en que ese proyecto camine, se organizaron en Asociación Civil que se denomina Estado La Laguna 33 (ELLA 33 AC). Este organismo busca tener a la mayor brevedad la firma de 500 mil ciudadanos, para en pronto plazo entregar un pliego petitorio al presidente Enrique Peña Nieto.
Un vocero de la asociación ELLA 33, dijo: “Queremos que La Laguna sea el estado número 33, porque el Distrito Federal será el 32. Le estamos pidiendo al Gobierno Federal que recupere una zona que le dejaba muchos recursos fiscales y que ahora está abatida por la descapitalización, el abandono y el sabotaje de los gobiernos estatales”. Y aquí puntualmente está el Talón de Aquiles para el caso de Jalisco y su zona norte, tradicionalmente olvidada por sus gobernantes.
Sencillamente la carretera que va de Guadalajara a Colotlán, duró más de cien años en realizarse, desde que se proyectó en el siglo XIX. Y actualmente no tiene esta región mayores atenciones, incluyendo el camino mencionado y sobre todo a la gente de esa alejada porción jalisciense, aunque ciertamente algo se ha hecho a partir de unos años a la fecha. Pero el adeudo proverbial con los norteños del Estado, persiste, generando un terreno fértil para los que siembran el separatismo.
En ciertos momentos, hasta se ha pedido por algunos habitantes de esa apartada zona, que mejor se les agregue a Zacatecas, puesto que ellos mantienen mayores nexos, hacen más viajes y tienen mejores negocios con esa Entidad federativa, que con Guadalajara. Al respecto, recientemente surgió un grupo de personas que crearon una agrupación de promotores del Estado del Norte, con los diez municipios que tienen de eje a Colotlán, y algunos como Tlaltenango, del sur de Zacatecas. Esos señores plantean una disyuntiva: dicen que si su propuesta de crear un nuevo Estado no funciona, su alternativa es que se agregue el territorio a Zacatecas.
Como podrá verse, en cualquiera de las dos opciones antedichas, Jalisco saldría perdiendo, lo cual sería imperdonable para nuestras autoridades y lamentable para los jaliscienses. La solución es sencilla, pero urgente: se debe atender con esmero y notable empeño, la problemática del norte del Estado. Eso no solo es un acto de justicia histórico, sino que en las actuales condiciones, resulta un imperativo para desterrar la idea de cercenar el territorio de nuestro terruño.
El artículo 73 de la Constitución Federal, señala los requisitos para formar por el Congreso de la Unión nuevos Estados, dentro del territorio de los actuales. Entre ellos, está el del número de habitantes (al menos 120 mil), ser autosustentable políticamente, oír a las legislaturas de las Entidades de cuyo territorio se trate, y al ejecutivo nacional, además de votarse como reforma constitucional.
Al margen de que se cumplan los requisitos constitucionales, el norte jalisciense no tiene la potencialidad de La Laguna, ni la densidad poblacional del DF, o la fuerza política de ambos, pero si les asiste la razón en cuanto a la demanda de que se les atienda con empeño y en justa compensación por el abandono secular que han padecido irresponsablemente. De otra manera, el sentimiento por esa indolencia oficial, generará cada vez más el sentimiento separatista que en la actualidad, si bien ya mostró su presencia, aún no cobra mayor ímpetu.
El gobierno jalisciense está a tiempo para abatir esa idea contra la integridad del Estado; la mejor forma es demostrando con hechos que los pobladores del norte de la Entidad son nuestros hermanos, que todos estamos orgullosos de su lealtad hacia Jalisco y que forman parte estelar de nuestra historia.

Las raíces de nuestra cultura

 María Elena Magaña Valencia

Los indígenas aunque son excluidos por la sociedad son parte de nuestras raíces como país. Ellos han sido un honor para México ya que siguen sus costumbres, fiestas y tradiciones, tienen una forma de vida llena de particularidades y en algunos casos es difícil de entenderlos para el resto de la sociedad.

 A pesar de los esfuerzos del gobierno por mejorar las comunidades indígenas, éstas no han logrado gran avance económico, así como tampoco se han desarrollado socialmente y a veces estas poblaciones son discriminadas entre las clases sociales en México. Se han visto marginadas y afectadas por el desarrollo de los países.

 Así como la ONU promueve incluir a los indígenas en nuestra sociedad, lograr un desarrollo igualitario y ayudarlos a que se sientan parte de todos, es cosa de toda la sociedad de integrarlos a nuestra forma de vida, o bien, adaptarnos a su estilo de vida para ahora sí, poder entenderlos y lograr un desarrollo y crecimiento por igual.

 No dejemos que las costumbres se pierdan, sino al contrario, hay que fomentar su cultura y tradiciones, integrarnos mutuamente para entendernos y así lograr un desarrollo para éstas comunidades nativas a favor de sus técnicas de pesca, de cultivo, de caza, de vivienda, etc. Sólo es cuestión de actitud entre toda la sociedad y el gobierno.