TOROS Y CHARRERÍA: TRADICIÓN ALTEÑA

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 Ezequiel Hernández Lugo

Cronista de la Ciudad de Lagos de Moreno.

Los toros y la charrería son dos aficiones y deportes regionales que, retrospectivamente, con el correr de la historia alteña tienen las mismas raíces. La turomaquia, uso, costumbre y afición peninsular. La segunda nace en el quehacer y manejo de reses en las haciendas. Durante siglos, la charrería y los toros van a la par en el gusto alteño.

La primer nota que nos habla de la afición hispana la hallamos en el Siglo XVI en la vida del Cap. D. Alonso Lorenso Guerra; montañez santanderino de la actual Asturias. D. Alonso pasó a la Nueva España en busca de fortuna y luego de realizar algunas comisiones a favor del Rey, se estableció en la Villa de Santa María de los Lagos donde casó el 19 de octubre de 1586 con Da. María de Nava; hija de fundadores de la Villa; Cap. D. Juan López de Nava y Da. Inés López Muñiz, originaria de Torrijos en el Arzobispado de Toledo.

Anota el historiador Mariano González Leal en su libro Jirones del Tiempo al relatar la agradable anécdota en torno al Cap. Alonso Lorenzo Guerra y Fray Sebastián de Aparicio: “…como buen ibero, don Alonso era fanático de la fiesta de sangre y sol; organizaba con frecuencia corridas de toros. Para ello compró la Hacienda de Casas Blancas (En sus tierras nació el Caquixtle) en donde pasaba con su hija largas temporadas de fiestas y diversiones. Allí se escuchaba, desde el rasgueo flamenco de guitarra, hasta las castañuelas y el largo “jipío” de los “canta’ores”, hasta el tintinear del oro en las apuestas.”

Para todos es una gran verdad que la afición a las corridas de toros es de origen peninsular e introducida por los colonizadores en las regiones en que hallaron asentamiento. El correr y burlar  toros era afición de gente importante de España en el Siglo XVI. Los caballeros lanceaban, auxiliados por unos pajes de a pie que los protegían y ultimaban al animal agónico. Esta afición en la Villa de Santa María de los Lagos era marco importante  en las fiestas; por razón natural de ser una fundación para españoles, donde luego se fueron afincando mas colonizadores hispanos quienes tardíamente llegaron a estas tierras. Esta afición pronto fue gustada por pobladores de diversas clases sociales y etnias.

La afición taurina era estimulada con la ganadería que proliferó con creces en las haciendas;  en cuyo manejo de animales nacería  la charrería. Por eso en la Región de los Altos estas dos aficiones llenan graderías y tendidos; siendo  marco especial para solemnizar los festejos en nuestros poblados. Para los alteños, fiestas sin toros y sin charreadas, no son fiestas.

En la época de la Colonia, tanto por el rumbo de Tepatitlán como en la Alcaldía Mayor de Santa María de los Lagos, se presumían de tener  los mejores y mas afamados jinetes del Virreinato. Un testigo de las fiestas de proclamación de Fernando VI, el año de 1747, describe la participación en la “Jura” de los caballistas de las distintas comarcas de la Nueva España así:

“Entraron las cuadrillas en la ciudad llenándola de júbilo por los uniformes y galas de cada cuadrilla, bandas, gorzatos y caballos, con el tren de adargas, lanzas y sillas; así a la jinete como a la brida, cajas, clarines, libreas y trozos de caballada de cuantos colores exquisitos produce este reino de la Galicia; que es donde se cría la caballada mas selecta de que se provee el Reino de la Nueva España.”

Otro cronista novogalaico así describe las fiestas que con tal motivo se realizaron en Guadalajara: “En este día 12 de agosto de 1748, comenzaron  las fiestas comunes, lidiándose toros. Y en las correrías de las cuadrillas en diversas entradas, torneso, escaramuzas y estafernos, dieron a conocer su destreza, en galas, variedad de caballos, jaeces y libreas, ostentaron su generosidad, quedándose los chulos toreadores de a pie cargados de las muchas monedas que arrojaban en las cometidas del juego de cañas y alcancías…” “..entraron a torear los mas diestros lidiadores de las jurisdicciones de Tepatitlán, Xalostotitlán y Lagos; sobresaliendo como sujetos de distinción por su nobleza, don Esteban Gómez Hurtado de Mendoza, don Ignacio González y don Juan de San Román y los Pérez  de Teocaltiche…”

La charrería es la práctica de la equitación a la usanza nacional y sus faenas de jaripeo como lazar, colear y jinetear. Esta ejecución nació entre quienes manejaban el ganado en las haciendas, hacendados y servidumbre:  Vaqueros, caporales y hombres de campo en general. Todos ellos manejadores de ganado mayor; habiendo quienes se distinguían por su arrojo y destreza en herraderos y tusaderos; trabajo convertido primero en diversión y luego en deporte y espectáculo.

Así fue como las faenas del campo se convirtieron en Deporte Nacional. El origen de la palabra charro algunos estudiosos del tema dicen que es la voz con que en Salamanca, España, se designaba los aldeanos. Su indumentaria mucho nos habla del origen colonial y  raíces españolas: El traje, de influencia salmanquina; el sombrero, de ascendencia Navarra y andaluz e indicadores todos del origen peninsular de nuestros antepasados laguenses.

La afición por la fiesta de los toros nunca se quedó a la zaga; prueba de ello la existencia de la Plaza de Toros “Rodolfo Gaona” en Cañadas de Obregón, considerada la mas antigua en la región. Quienes conocen San Miguel El Alto se quedan maravillados con su Plaza de Toros construida de mampostería y que se encuentra levantada en el corazón de su Centro Histórico. En Encarnación de Díaz cobró fama a mediados de la segunda mitad del Siglo XIX la Plaza del Rosario y a principios del Siglo XX, el año de 1905 D. Macario Jaramillo construye la Plaza  Toros el Progreso en el Barrio del Arenal

En Lagos, la afición por la fiesta brava destacó en el Siglo XIX  con la plaza de toros levantada hacia el Poniente del Centro Histórico, en la esquina de la calles de La Palma y la calle de La Cristiana, que luego fue conocida como de La Plaza de Toros; hoy 16 de Septiembre y Dr. Camarena. Otra prueba mas del enraizamiento regional de la tauromaquia, son las variadas ganaderías que de ganado de lidia han existido y existen en la región.

En Lagos, la algarabía se desata en fiesta cuando  de manejo de ganado se trata. En el redondel, en el lienzo, en los corrales, en los tusaderos y herraderos, siempre que la oportunidad se presenta, no falta algún charro o espontáneo que “eche su cuarto de espadas”; ya sea con su sombrero de ala ancha o el rojo sarape desprendido de los arsiones de la silla y dibuje ante la res que ha resultado brava, mas de algún pase natural o chicuelina.

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