¡ Un Globero de El Grullo !

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Todos esperaban que ganara Chano, el de Autlán, quien por tres o cuatro años había sido el campeón indiscutible de la Carrera Ciclista Cihuatlán- Autlán (122km).

Leonel Michel Velasco     

 

Abraham Valle Zárate, apodado “el costeño”, un genuino grullense fuera de lo común, de trato sencillo, amable, deportista al 100%, aficionado a la cacería y a la música, agricultor y guarachero de profesión, casado el día 06 de diciembre de1950 con María Elba Santana Rodríguez, una mujer de singular belleza, elegante, paciente, de hablar quedo, y dueña de un toque de misterio, costilla ocho años menor y en su trato muy similar al de Abraham, procrearon once hijos de los cuales han surgido 46 Nietos y 42 Bisnietos.

En su casa el pasado sábado 14 de octubre junto con su esposa y tres nietos: Francisco Javier Valle, Armida y María Fanny Valle Santana, hurgando fotografías en el Baúl de los Recuerdos, Valle Zárate nos relato algunas de sus proezas.

Aquí en El Grullo, allá por los años 50 (desde entonces un centro comercial regional por excelencia), el oficio de guarachero era muy competido pero exitoso. En el mercado municipal estábamos, Beto Corona hijo de don Porfirio, el líder de la municipalidad de El Grullo, con quien aprendí el oficio, Ramiro Hernández, los Guevara y su servidor. Salvador Arriola tenía su taller a media cuadra de la plaza, y otro hombre que no recuerdo, más cuatro zapateros distribuidos en el pueblo. Algunos salían a vender a otras poblaciones y rancherías, a otros municipios. Para ello utilizaban motocicleta o camioneta, y claro, de paso visitaban a sus amigos para “echarse” una copa. Yo no salía, mis clientela era de aquí, o de lugares muy cerquita. Me iba bien cargado en mi bici, al El Chante, Lagunillas, Rincón de Luisa, Las Paredes viejas. Yo creo que entre ida y vuelta recorría de treinta y cinco a cuarenta kilómetros cada semana.

Y pues sí, en esas idas y vueltas agarre mucha condición, por eso mi fuerte era la resistencia más que la velocidad. En una de las competencias de El Puente a El Grullo, gané el segundo lugar, y el primero fue para Francisco Pérez Santana (don Chico Pérez), el panadero, aunque mi esposa dice que me habían hecho trampa, pues durante la carrera y con algún pretexto, me entretuvieron por allí…

La primer bicicleta de carreras que hubo en El Grullo, yo se la compré a Manuel González, de Ejutla, el que era dueño de Los Parajes, y con ésta, allá por el año 59 fue con la que gané la carrera Cihuatlán – Autlán. Bien recuerdo cómo hacia los cambios para alcanzar a pedalearle en las bajadas, y en la última, ya para llegar a Autlán, cómo yo iba adelante. Algunos grupitos de personas que se encontraban a los lados me decían –ahí la llevas Chano–  y disfrutando mi victoria les decía no soy Chano. Al llegar a la meta solo algunos pocos me aplaudieron y otros atónitos preguntaban –¿quién es ese? !Un Globero de El Grullo!–. Había banda de música, pero la banda no toco, pues esperaban ver a Chano. Sucedió igual con los premios, el trofeo y la bici, sin aire y “nuevita”, que no me dieron. Recuerdo que Guillermo Corona (la chilaca) agarró la bici y me dijo –toma “vale” es tuya, si quieres nos la llevamos– y le dije vamos a demostrarles que somos deportistas, no interesados; al llegar Chano, abarrajó su bicicleta. Al tiempo supe que murió entrenando,  se le atravesó un tráiler por la curva que le dicen el candil, Q.E.P.D.

En El Grullo me recibieron muy bien, con la banda de música y hasta repique de campanas; también me dieron un trofeo, luego nos fuimos a festejar con carnitas y cerveza al restaurante Los Barriles, del buen amigo Amador, un hijo de Don Guillermo Velasco Águila; posteriormente el autlense y grullense de corazón, el Lic. Sergio Corona Blake, al ver la gran afición ciclista de ese tiempo me dijo que nos organizáramos que él nos ayudaría pero pues no, no logramos organizarnos.

A sus 92 años (que cumplirá en marzo) aún anda en su bici, va hacerse el pelo con Cande. Sus familiares ya no quieren que lo haga, y es que, desde que fue el campeón a sus 33 años ya han pasado 59. Varios de sus descendientes han tomado el gusto por el deporte, lo llevan en los genes. Entre otros, practican las caminatas por el cerro, a donde él los llevaba de cacería aduciendo su excelente puntería, iban a la cueva de Goña, Guadalajarita (la ciudad de grandes piedras vivas), al arrollo la laja, a la casa del Padre Perez y, a la otra casa, la de piedra, esa que está arriba de La Cienega, también los llevaba a trabajar al campo donde él les aventajaba a hijos y nietos de dos a tres surcos y, cuando abrieron la carretera a Ejutla, les animaba para que fueran en la bici. Además de su hijo Efraín Valle Santana,(el Psicodélico) quien repitió la historia al quitarle el campeonato de box a otro autlense a el Diacono, (hecho que posteriormente narraremos), otros de sus descendientes han destacado en danza, alpinismo y artes marciales. En sus alegres reuniones familiares amenizaba junto con su banda tocando los bongos.

Abraham Valle Zárate, conservando memoria fresca, con lujo de detalles y gran gusto reflejado en el brillo de sus ojos, nos explicó sus hazañas, sus retos, reviviendo el recuerdo henchido,  como un ¡UN GLOBERO, DE EL GRULLO! y un genuino representante grullense, fuera de lo común.

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