El Cine en Encarnación de Díaz

Ezequiel Hernández Lugo.

Cronista de la Ciudad de Lagos de Moreno.

Hablar del Cine en Encarnación de Díaz, es trasladarnos en el tiempo hacia la segunda década del Vigésimo Siglo. Tenía pocos años de haberse inaugurado la Plaza de Toros El Progreso, que D. Macario Jaramillo había levantado en el Barrio del Arenal y que fue inaugurada el 2 de febrero de 1906. Cuando D. Macario decide construirla y luego la bautiza como “El Progreso”, sus amigos le decían que mejor la hubiera llamado Plaza de Toros “El Capricho”. ¿Por qué? En la población ya existía la plaza de toros “El Rosario”, ubicada en el Barrio del mismo nombre y que era propiedad de los hijos de D. Mariano de Anda quien se distinguía por dos características especiales: Una, que D. Mariano era uno de los capitalistas mas fuertes del lugar y vivía en la casa anexa a la Presidencia Municipal que luego fue de D. Pudenciano Romo y ahora está convertida en joyería; otra, que D. Mariano es todo un caso para “Ríplay”; pues vio la luz de tres siglos: Nació el año de 1799 y falleció el año de 1900. Pues bien; para la celebración de las corridas de toros durante la Feria de la Candelaria el año  1905, D. Macario no logró rentarla a los hijos de D. Mariano; pues la renta y condiciones que le ponían a D. Macario, eran excesivas; entonces  prometió que al siguiente año, él ya tendría su propia plaza de toros. Por eso le decían, que la hubiera bautizado con el nombre de “El Capricho”.

Fue en esta Plaza de Toros “El Progreso”, donde a los albores de la Revolución Mexicana, esporádicos viajeros patrocinados por  Cigarrera del Águila, proyectaron las primeras películas. Ante la curiosa mirada del sorprendido vecindario que llenaba los tendidos, instalaban el rudimentario aparato  que habría de reflejar en un lienzo blanco estratégicamente colocado en alto y al frente a todos, aquellas películas del Cine Mudo como “Un Duelo a Pistola en el Bosque de Chapultepec”; guion basado en un duelo a pistola entre dos diputados, acaecido en ese lugar. “Don Juan Tenorio”, filmada por D. Salvador Toscano en 1899 y “El Grito de Dolores”, tomada por Felipe de Jesús Haro en 1907; sin faltar las primeras películas de Charlie Chaplin, como “Todo por un Paraguas” y “Charlot el Vagabundo”.

Ya en los años veintes, instalan el Cine Morelos; en la calle del mismo nombre;  antigua “Calle de los Mesones”, frente al Mesón de  Díaz; donde después puso la Forrajera  de D. Alfredo Muñoz. Ese lugar entonces era conocido como “La Planta”; porque ahí estuvo temporalmente instalada una planta generadora de Luz Eléctrica. En ese Cine Morelos, el cine mudo siguió divirtiendo a nuestros abuelos. En el intermedio de sus funciones, el local se llenaba con la sonoridad musical del grupo “Los Asora’os” que dirigía D. Pancho Cuevas ; o bien, “Los Aparatos”, que orquestaba D. Inés Rea. Ahí, era el preciso lugar donde los enamorados, se ponían de acuerdo con estos grupos musicales para llevarles serenata a las damas que les robaban el sueño.

Otro cine lo instalaron en el acceso que por la Calle Hidalgo tenía la ya clausurada Plaza de Toros “El Rosario”. Era una salita pequeña y fue corto su establecimiento. Luego montaron  el “Cine Cosmopolita”, aunque de breve duración; este brindaba funciones a media cuadra de la Plaza de Armas, por la Calle Hidalgo; en el local donde luego instaló su Taller de Calzado D. Benito Alba; frente a la finca donde luego D. Pedro Pérez levantó su edificio de tres plantas.

Buscando mejores espectáculos y ponerse a la altura de los adelantos de la época, la primer Sala Cinematográfica en forma, la instala una sociedad formada por los dinámicos emprendedores D. Benito Alba, D. Ismael Romo y D. Ramoncito Hernández; personajes que fueron importantes para la vida social y económica de Encarnación de Díaz. Instalan un cine en el lugar donde está el inmueble del Cine Alcázar, solo que con menores dimensiones. Para satisfacción de los empresarios y entusiasmo del Pueblo de la Encarnación, fue inaugurado con la modernidad de su tiempo, el 9 de septiembre de 1937 con la película “Blanca Nieves y los Siete Enanos”.

Veinte años después, el inmueble fue rentado al empresario leonés D. Guillermo Vera, quien al poco tiempo les compró el inmueble, adquiriendo también un poco  de terreno adjunto, agrandando la anterior sala del inmueble que conocemos. El Empresario Leonés lanzó una convocatoria al pueblo de  Encarnación, para que la misma gente eligiera el nombre  que habría de llevar; resultando con más votos el de “Cine Alcázar”. La inauguración fue solemne el 13 de septiembre de 1958 con la película “Hambre de Venganza”. Los cinéfilos salieron maravillados y sorprendidos; pues por vez primera veían una película proyectada en el maravilloso y moderno Cinemascope.  Se hizo cargo de la administración el “Maistro Correa”; un señor de oficio hojalatero, de mucha iniciativa y gran talento, originario de San Juan de los Lagos quien desde joven  echó raíces en Encarnación y aquí se quedó a vivir. Era   hermano de D. Gregorio Correa, quien casó en Encarnación y luego de andar en diversos lugares, se estableció en Lagos de Moreno forjando una gran familia. Al “Maistro Correa” le auxiliaba Raúl Guzmán; vecino de Barrio Alto; muy activo siempre y de mucha iniciativa. En breve tiempo, luego del fallecimiento del “Maistro Correa”, él se hizo cargo del Cine Alcázar.

El 20 de enero de 1965 llegué a Encarnación de Díaz a hacerme cargo de su administración y estuve al frente por diez y seis años; luego, en 1981, mi esposa lo administró. El 1º. de mayo de 1983 el Sr. Cosme Vera Morales, quien había recibido por herencia el Cine Alcázar,  lo dio en arrendamiento mercantil por espacio de diez años para su explotación  cinematográfica al Sr. Guillermo Quezada García, empresario de Guadalajara, comprometiéndose el contratante a pagar el 20 % de sus ingresos brutos en taquilla; así como 20 mil pesos mensuales por la explotación de la dulcería. El Contrato de Arrendamiento se venció el 30 de abril de 1993. Dicha cantidad estaba supeditada a las devaluaciones. Luego, el cine se cerró para siempre. Años más tarde, el inmueble fue adquirido por los Hermanos López.

Considero que a mí me tocó administrarlo en la época de Oro del  “Cine en Provincia”; las décadas de los años sesentas y setentas. Los martes y jueves, había Funciones al 2x; se proyectaban tres películas e ingresaban dos personas con un solo boleto y el público abarrotaba el aforo de su sala para poco más de ochocientos cinéfilos que ocupaban la luneta y la galería. Por respeto a las costumbres religiosas, adentrada la Cuaresma, el cine cerraba sus puertas durante dos semanas. Cuando se inició el cine de cabareteras, las funciones las programamos a las once de la noche; sin imaginarnos que los mejores promotores fueron los sacerdotes al prohibirle a la gente que asistiera al cine. Antes de las once de la noche las calles aledañas al cine estaban vacías; pero en un momento la gente llegaba por donde quiera y pronto se llenaba el cine. Para el 2 de Febrero, Día de la Candelaria, la Empresa estrenaba películas cuyos protagonistas eran los actores más cotizados del momento. Encarnación se vestía de fiesta y por lo regular, el atractivo principal de la feria, eran las Corridas de Toros. Pues los señores, dejaban la familia en el cine, mientras ellos se iban a ocupar preferentes lugares en los tendidos  de la Plaza de Toros “El Progreso”, que estaba a una cuadra del Cine Alcázar. Los estrenos se anunciaban con vistosos “combites” por las calles, en los que los participantes llevaban llamativos disfraces para la ocasión. Recuerdo el día que se estrenó la película “El Padrecito”, cuyo protagonista es Cantinflas; para su convite publicitario  se paramentó una camioneta sin redilas simulando una parte de un templo, llevando al fondo y en alto, una canasta piscadora como púlpito, y métido en ella, revestido de “Padrecito”, quien iba anunciando la película. ¡Excelente Carro Alegórico que recorrió todos los rumbos de la ciudad! Tuvimos lleno completo durante varios días.

En el Cine Alcázar, los colegios Pablo Anda y Felipe Ramírez realizaban elegantes clausuras anualmente. Aquí bajo el cobijo de sus muros, también se desarrollaron varias “Comidas de la Ausente” y su foro, fue la mejor tribuna donde se presentaban excelentes variedades y en ocasiones hacían uso de la palabra los encarnacionenses distinguidos y hasta funcionarios públicos en su oficial visita a la Encarnación. Aquí se presentaban los artistas que traía la Caravana Corona que regenteaban las Hermanas Vallejo.  Pero, desde hace años el recinto enmudeció para siempre; tal vez esperando que negocios más prósperos vengan a sustituir todo lo que en su tiempo fue un éxito. Es la ley de la vida. Es lo ineludible. Todo tiene su tiempo y lo que ayer fue, hoy es historia.