Conozca al Tío Juan.

Ezequiel Hernández Lugo.

Cronista de la Ciudad de Lagos de Moreno..

Muchas de las actuales y variadas actividades de los laguenses no eran desconocidas en las familias de la región; pues ya se practicaban desde los años de la Colonia. Al producto que habré de referirme, la única diferencia radica que hoy, al impulso de la tecnología, ahora se industrializa y antes, al cobijo de la paciencia y preces de las recoletas Monjas Capuchinas, adobados entre recetas familiares, salían de las manos de las venerables monjas, exquisitos manjares que iban a parar a los elegantes comedores de las casonas coloniales.

Nunca les faltaron a las religiosas, la leche y la carne de las haciendas laguenses; así como flores, frutas y verduras de la estación; sin faltar el pescado de la Laguna de Perchititán. De ahí que de los fogones y anafres conventuales, atendidos por las monjas cocineras, salían exquisitas empanadas; agua del berro  renacido entre los cimientos conventuales del río, de arroz, de cebada, de chía, de membrillo o de naranja agria; así como alfeñiques, dulces, quesos, cajetas y derivados de la leche; sin faltar, el digestivo jocoque. De ellas lo aprendieron las damas laguenses; quienes las trasmitieron a sus hijas y nietas y así llegó a nuestras abuelas hasta llegar a nosotros.

Además de cocineras, entre los oficios conventuales había: Despenseras, enfermeras, refectoleras, veleras, roperas y hortelanas. Sus horas dedicadas a la oración estaban distribuidas en Mayores y Menores. Las primeras, eran los Maitines, los Laudes y las Vísperas. Las segundas,  Prima, Tercia, Sexta y Nona. Tenían también sus horas de canto, música, costura y bordado. Importante: No tenían servidumbre y nunca debemos olvidar, que eran religiosas de “Clausura.”

Pues heredero de algunos de estos quehaceres conventuales es el personaje que hoy les presento. D. Juan Aranda Flores, quien desde sus inicios, a base de sacrificios, esfuerzos, desvelos y dedicación, ha logrado construir una empresa que se inicia como familiar y actualmente, en temporadas buenas, es fuente directa de trabajo hasta para mas de cien laguenses. No tomo en cuenta, el trabajo indirectamente generado.

El Industrial laguense D. Juan Aranda Flores nació el 1º. de agosto de 1953 aquí en Lagos. Sus padres, D. Heriberto Aranda Becerra y Da. Delfina Flores, quienes vivían en la Huerta de Portugalejo, propiedad de su padre. Su ocupación era la agricultura.

Sus abuelos maternos eran D. Martín Flores Almaguer y Da. María del Refugio Gómez; vecinos del rancho El Soyate. Sus abuelos paternos, Da. Juanita Becerra y D. Juan Aranda González, el “Agricultor Ejemplar” de quien hablamos anteriormente y que considero importante recalcarlo; porque influyó en el modo de ser y actuar de su Nieto, D. Juan Aranda Flores y por qué no, en el carácter de toda su descendencia. De su abuelo aprendió, el amor a la tierra y al trabajo, la tenacidad en la ejecución de sus proyectos y coraje para llevarlos a la conclusión por increíbles que parecieran.

Como recuerdo final del abuelo agrego: “Sabía usted  que D. Juan Aranda González  fue el   primero en enviar leche de los establos laguenses, a la Ciudad de México? La enviaba congelada en bloques de hielo y en tren; además, junto con D. Abraham Vega fue de los pioneros en establecer las cremerías en Lagos. Su establecimiento estaba frente al Mesón del Gato, por la calle 5 de Mayo; antes, calle del “Reboso” o de la “Garita de Arriba”. Entre las calles del “Calvario”, hoy Agustín Rivera” y la de la ·Salida a la Encarnación, o La Villita”; hoy Luis Moreno.

  1. Juan Aranda Flores, a la usanza de su época, a los pocos días de nacido, fue bautizado en la Parroquia de la Asunción el día 15 de Agosto; fiesta principal de la Patrona del lugar. Sus primeros pasos los dio en Portugalejo; entre los sembradíos de su padre D. Heriberto e inquisitiva mirada de su abuelo. Estudio la primaria en la Escuela Francisco González León, tan solo hasta tercero,  con las Maestras Luna y la Señorita Cecilita. Algunos de sus compañeritos fueron Luis Zamora y Jaime Olveda. Pasó su juventud entre la Huerta de Portugalejo y la casa del abuelo de  la 5 de Mayo en Lagos. Sus pasatiempos eran el juego de beisbol o cabalgar por ahí, en La Forestal y Santa Elena, en compañía de José Rincón y Juan y Ángel González.

Bajo las sabias orientaciones de su abuelo, quien fue su primer Patrón, conoció los secretos de la agricultura. También trabajó en La Danesa, con D. Paco Vega. Ahí aprendió hacer helados de diversos sabores. Se aficionó a la lectura; sobre todo de libros de editoriales holandesas referentes a la producción de derivados de la leche; sobre todo, tratados  de la trasformación de la leche en dulces, quesos y otras variaciones.  Hasta que ya viviendo en El Arenal, se aventuró a la elaboración de dulces y sobre todo, el aprovechamiento de cuarenta litros de leche y su rendimiento. También se dedicaba a la engorda de pollos;  les compraba el alimento con Salvador Gómez.

Lo que nunca olvida y que para él, ha sido  importante en la vida, que su mas fiel y mas entusiasta  colaboradora y siempre lo ha animado, ha sido su esposa Da. Martha Hernández Capuchino; también su cuñado  Juan de los mismos apellidos.

Luego que el mismo se comprobó que sabía hacer dulces de leche; comenzó a elaborarlos en su casa allá en El Arenal donde instaló incipiente y pequeña fábrica en la que además de jamoncillo, luego se aventuró con la cocada, la cajeta y el ate de guayaba resultando todo un éxito. Con los años, fueron creciendo los pedidos; por lo que tuvo que mudarse al Plan de los Rodríguez, instalándola y creciéndola en forma. D. Juan Aranda Flores es un orgullo para Lagos; pues los dulces del “Tío Juan”, ya están presentes en todos los Estados de la República.

Un siete de enero, en la Parroquia de la Asunción, el P. Lorenzo Dávalos, de inolvidables recuerdos para quien esto escribe, lo casó con Da. Martha Hernández Capuchino y en su matrimonio han procreado a: Manuel, quien a su vez casó con Juanita Mena. Esmeralda, Licenciada en Administración de Empresas y que casó con Ramón Mata y son padres de Kévin, Sofía y Dillan. Mauricio que casó con María de la Luz Mena; padres de Nataly y Jimena. Juan Martín, casado con Esperanza Padilla, padres de Isabel y Juan. Y Fidel, quien cuando escribí esta nota, aún estaba soltero.

Esto ha sido una breve semblanza de un laguense ejemplar; quien viniendo de abajo, gracias a su tenacidad y esfuerzo, ha construido una empresa  que ha multiplicado los empleos en Lagos y su producto “El Tío Juan”, es fiel representante laguense que ya se encuentra en todos los rincones de México. D. Juan Aranda Flores es un ciudadano  que por muchas razones; y sobre todo, por  su trabajo y dedicación, debe ser reconocido. D. Juan Aranda Flores es legítimo y verdadero aspirante a recibir los Reconocimientos de la sociedad y autoridades.

Los productos del “Tío Juan” han vuelto a pasear por las calles de Lagos, las antojadizas y sabrosas golosinas, que otrora hicieran dentro de los descomunales muros del convento, las piadosas y recoletas Monjas Capuchinas.