Votar o abstenerse.

Por: Pedro Vargas Avalos.

            El domingo siete de junio se llevarán a cabo elecciones en la república; a la par de diputados federales, se votará por diputados locales, es decir por los integrantes del Congreso estatal.

            Jalisco tiene una Cámara de diputados integrada por 39 representantes populares (aun cuando esto de populares está en veremos, porque de mayoría solo son 20, y los 19 restantes, son los llamados de “representación proporcional” escogidos realmente por las cúpulas partidistas y no por el pueblo). En nuestra Entidad también elegiremos ayuntamientos, los cuales están integrados por un presidente municipal, varios regidores o munícipes, y un síndico. Esto hace más interesante la jornada, ya que los ciudadanos por lo general estamos muy interesados y ligados al  órgano de gobierno del municipio en que vivimos.

            Por lo que ve a la república, el  Congreso de la Unión se integra por dos Cámaras, la de Senadores y la de Diputados; ésta se conforma de 500 miembros, de los cuales 300 son de mayoría relativa y 200 llegan por la vía de la representación proporcional. Al respecto se ha exigido nacionalmente que se supriman estos “diputados”, que sin hacer campaña llegan ocupar una curul por la cómoda vía del elitismo político que impera en todos los partidos. El mismo presidente Peña Nieto, se comprometió durante su campaña electoral, en al menos disminuir el número de estos pseudo representantes, pero hasta la fecha eso ha quedado en promesa.

            Una novedad, es que para estos comicios ya tendremos algunos candidatos independientes, o sea, no postulados por partidos políticos. Ciertamente, son pocos los casos, y muchas las dificultades para que puedan llegar a ser electos, pero de cualesquier manera son un paso adelante en la lucha por mejorar nuestra novicia democracia.

            De los muchos organismos partidistas que buscan colocar a sus miembros, ya como diputados o de munícipes, varios de ellos la verdad es que ni deberían de existir, o al menos no gozar de subsidios públicos, pues no  lo merecen. Si preguntaran las autoridades a los ciudadanos:¿están de acuerdo en que se les financie con dinero público?, estamos seguros que reprobarían tal idea; pero nuestro sistema, muy imperfecto aún, auspicia que pululen esa clase de partidos que un día cierto personaje calificara como “partidos morralla”.

            De cualesquier manera, con todas sus imperfecciones, la democracia mexicana nos llama a sufragar este 7 de junio. En consecuencia, debemos prepararnos para cumplir cívicamente con ese deber-derecho ciudadano. Y el mejor modo de coadyuvar a la mejora de nuestro sistema político, es ejerciendo esa facultad de votar que tenemos.

            Porque de optar por la abstención, lo único que hacemos es dejar el campo libre para que los pésimos políticos que padecemos, hagan de las suyas, y se perpetúen, lo cual no lo debemos permitir. No votar es dar un cheque en blanco a los partidos políticos que han detentado el poder, pero que actualmente están descalificados por la opinión general; emitamos nuestro sufragio para evitar que prosigan cometiendo todo tipo de tropelías en agravio de la sociedad. Por ello debemos de emitir nuestro voto, para poder poner un hasta aquí a los que siempre nos han fallado, pero que cada vez que hay renovación de poderes, allí están llevando agua a su molino para eternizarse en los cargos públicos.

            En cierta forma, cada elección es una especie de plebiscito: si aprobamos a los gobernantes, votando por los candidatos del partido en el poder, aprobamos sus actos de gobierno. Si no estamos conformes en sus acciones como autoridades, reprobaremos esa conducta votando por una opción diferente a las candidaturas del partido con el mando. Por ello es tan importante emitir nuestro voto: al sufragar aprobamos a los que gobiernan o damos una oportunidad a otra opción.

            Muchísimo trabajo ha costado llegar a tener organismos ciudadanos para salvaguardar el voto; no desperdiciemos la oportunidad de dar un paso hacia adelante. Solo sufragando lo podemos  hacer, y enseguida, con los que triunfen electoralmente, exigirles que se avance más en el arduo camino de perfeccionar nuestra democracia. Urge que haya figuras como la revocación de mandato, la acción popular fácil para denunciar y castigar a los que defraudan la confianza popular, a los que saquean los fondos públicos y a los que hacen de la corrupción su modus vivendi. Todo eso, en principio, lo alcanzaremos ejerciendo nuestra facultad de votar, hoy por hoy el mejor sendero para probar que efectivamente, la soberanía popular reside en la ciudadanía.