Renuncia Papal, políticos a reflexionar.

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Pedro Vargas Ávalos.

El mundo se cimbró con la noticia, el pasado lunes once: Benedicto XVI, anunciaba su dimisión al solio pontificio, es decir a la silla de San Pedro.
Desde luego que en los países cristianos el anuncio fue más trepidante, y si agregamos que en ese país determinado la mayoría sea católica, la cuestión tomó niveles de conmoción. Tal es el caso de México y muy particularmente de Jalisco la tierra cristera por excelencia.
Los motivos de esa renuncia tan relevante, aunque muchos especulan diciendo un sinnúmero de argumentos, el mismo sucesor de San Pedro lo dijo: “en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad…”
La Iglesia católica se apresta entonces, desde ahora y sobre todo a partir del último de este mes en que se hará efectiva esta especie de abdicación, a nombrar al sustituto de Benedicto XVI, el sucesor de Juan Pablo II, quizás el más querido pontífice romano para los mexicanos. Nadie debe alarmarse, del cónclave elector del nuevo Papa saldrá el humo blanco y todo seguirá su curso: el catolicismo tiene mas de dos mil años y siempre ha demostrado saber salir adelante. Esta ocasión no es ni la más grave ni la más difícil, por lo que en unas semanas estaremos celebrando la asunción del nuevo guía del Vaticano.
Pero los políticos de todo el orbe, deberían tomar en cuenta para sus actividades la voluntad del Papa renunciante, quien cuando se ha sentido falto de capacidad para desempeñar cabalmente su encomienda, con franqueza lo dice y deja el cargo.
Ya una vez, recientemente, un luchador por los derechos humanos en México, les dijo a los funcionarios que si no podían con su cargo, renunciaran. El pueblo celebró la frase, pero a los aludidos parece que les entró por un oído y les salió por el otro.
Cuando vemos la inseguridad que campea en todo el país, la corrupción que impera en todos los niveles; la ineptitud de que hacen gala nuestros políticos, y la desfachatez con que se burlan del pueblo los funcionarios públicos, nos damos cabal cuenta de que hace falta gran dosis de civismo, de vergüenza, de responsabilidad, para endereza los caminos en la República, el Estado y los Municipios.
Es por lo anterior, que los políticos deberían, aunque sea una vez en su vida, reflexionar a fondo sobre la renuncia Papal. Y si no han podido o querido cumplir con sus deberes de servir a la gente, mejor dejar el lugar, y así cosechar un reconocimiento a su honradez, en vez de que suceda lo que ahora vemos: la condena general a casi todos los que, dizque siendo servidores de la sociedad, se dedican a atropellarla para en base a tales abusos, sacar provecho material reprobable por todos lados, pero muy redituable en sus bolsillos.
Pero siendo realistas, la verdad es que esta renuncia Papal, en tratándose de nuestros políticos, les hará lo que el viento a Juárez. Y si no, en poco tiempo lo comprobaremos y diremos la vieja frase: Nada nuevo bajo el sol.

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