El Cine en Encarnación de Díaz

Ezequiel Hernández Lugo.

Cronista de la Ciudad de Lagos de Moreno.

Hablar del Cine en Encarnación de Díaz, es trasladarnos en el tiempo hacia la segunda década del Vigésimo Siglo. Tenía pocos años de haberse inaugurado la Plaza de Toros El Progreso, que D. Macario Jaramillo había levantado en el Barrio del Arenal y que fue inaugurada el 2 de febrero de 1906. Cuando D. Macario decide construirla y luego la bautiza como “El Progreso”, sus amigos le decían que mejor la hubiera llamado Plaza de Toros “El Capricho”. ¿Por qué? En la población ya existía la plaza de toros “El Rosario”, ubicada en el Barrio del mismo nombre y que era propiedad de los hijos de D. Mariano de Anda quien se distinguía por dos características especiales: Una, que D. Mariano era uno de los capitalistas mas fuertes del lugar y vivía en la casa anexa a la Presidencia Municipal que luego fue de D. Pudenciano Romo y ahora está convertida en joyería; otra, que D. Mariano es todo un caso para “Ríplay”; pues vio la luz de tres siglos: Nació el año de 1799 y falleció el año de 1900. Pues bien; para la celebración de las corridas de toros durante la Feria de la Candelaria el año  1905, D. Macario no logró rentarla a los hijos de D. Mariano; pues la renta y condiciones que le ponían a D. Macario, eran excesivas; entonces  prometió que al siguiente año, él ya tendría su propia plaza de toros. Por eso le decían, que la hubiera bautizado con el nombre de “El Capricho”.

Fue en esta Plaza de Toros “El Progreso”, donde a los albores de la Revolución Mexicana, esporádicos viajeros patrocinados por  Cigarrera del Águila, proyectaron las primeras películas. Ante la curiosa mirada del sorprendido vecindario que llenaba los tendidos, instalaban el rudimentario aparato  que habría de reflejar en un lienzo blanco estratégicamente colocado en alto y al frente a todos, aquellas películas del Cine Mudo como “Un Duelo a Pistola en el Bosque de Chapultepec”; guion basado en un duelo a pistola entre dos diputados, acaecido en ese lugar. “Don Juan Tenorio”, filmada por D. Salvador Toscano en 1899 y “El Grito de Dolores”, tomada por Felipe de Jesús Haro en 1907; sin faltar las primeras películas de Charlie Chaplin, como “Todo por un Paraguas” y “Charlot el Vagabundo”.

Ya en los años veintes, instalan el Cine Morelos; en la calle del mismo nombre;  antigua “Calle de los Mesones”, frente al Mesón de  Díaz; donde después puso la Forrajera  de D. Alfredo Muñoz. Ese lugar entonces era conocido como “La Planta”; porque ahí estuvo temporalmente instalada una planta generadora de Luz Eléctrica. En ese Cine Morelos, el cine mudo siguió divirtiendo a nuestros abuelos. En el intermedio de sus funciones, el local se llenaba con la sonoridad musical del grupo “Los Asora’os” que dirigía D. Pancho Cuevas ; o bien, “Los Aparatos”, que orquestaba D. Inés Rea. Ahí, era el preciso lugar donde los enamorados, se ponían de acuerdo con estos grupos musicales para llevarles serenata a las damas que les robaban el sueño.

Otro cine lo instalaron en el acceso que por la Calle Hidalgo tenía la ya clausurada Plaza de Toros “El Rosario”. Era una salita pequeña y fue corto su establecimiento. Luego montaron  el “Cine Cosmopolita”, aunque de breve duración; este brindaba funciones a media cuadra de la Plaza de Armas, por la Calle Hidalgo; en el local donde luego instaló su Taller de Calzado D. Benito Alba; frente a la finca donde luego D. Pedro Pérez levantó su edificio de tres plantas.

Buscando mejores espectáculos y ponerse a la altura de los adelantos de la época, la primer Sala Cinematográfica en forma, la instala una sociedad formada por los dinámicos emprendedores D. Benito Alba, D. Ismael Romo y D. Ramoncito Hernández; personajes que fueron importantes para la vida social y económica de Encarnación de Díaz. Instalan un cine en el lugar donde está el inmueble del Cine Alcázar, solo que con menores dimensiones. Para satisfacción de los empresarios y entusiasmo del Pueblo de la Encarnación, fue inaugurado con la modernidad de su tiempo, el 9 de septiembre de 1937 con la película “Blanca Nieves y los Siete Enanos”.

Veinte años después, el inmueble fue rentado al empresario leonés D. Guillermo Vera, quien al poco tiempo les compró el inmueble, adquiriendo también un poco  de terreno adjunto, agrandando la anterior sala del inmueble que conocemos. El Empresario Leonés lanzó una convocatoria al pueblo de  Encarnación, para que la misma gente eligiera el nombre  que habría de llevar; resultando con más votos el de “Cine Alcázar”. La inauguración fue solemne el 13 de septiembre de 1958 con la película “Hambre de Venganza”. Los cinéfilos salieron maravillados y sorprendidos; pues por vez primera veían una película proyectada en el maravilloso y moderno Cinemascope.  Se hizo cargo de la administración el “Maistro Correa”; un señor de oficio hojalatero, de mucha iniciativa y gran talento, originario de San Juan de los Lagos quien desde joven  echó raíces en Encarnación y aquí se quedó a vivir. Era   hermano de D. Gregorio Correa, quien casó en Encarnación y luego de andar en diversos lugares, se estableció en Lagos de Moreno forjando una gran familia. Al “Maistro Correa” le auxiliaba Raúl Guzmán; vecino de Barrio Alto; muy activo siempre y de mucha iniciativa. En breve tiempo, luego del fallecimiento del “Maistro Correa”, él se hizo cargo del Cine Alcázar.

El 20 de enero de 1965 llegué a Encarnación de Díaz a hacerme cargo de su administración y estuve al frente por diez y seis años; luego, en 1981, mi esposa lo administró. El 1º. de mayo de 1983 el Sr. Cosme Vera Morales, quien había recibido por herencia el Cine Alcázar,  lo dio en arrendamiento mercantil por espacio de diez años para su explotación  cinematográfica al Sr. Guillermo Quezada García, empresario de Guadalajara, comprometiéndose el contratante a pagar el 20 % de sus ingresos brutos en taquilla; así como 20 mil pesos mensuales por la explotación de la dulcería. El Contrato de Arrendamiento se venció el 30 de abril de 1993. Dicha cantidad estaba supeditada a las devaluaciones. Luego, el cine se cerró para siempre. Años más tarde, el inmueble fue adquirido por los Hermanos López.

Considero que a mí me tocó administrarlo en la época de Oro del  “Cine en Provincia”; las décadas de los años sesentas y setentas. Los martes y jueves, había Funciones al 2x; se proyectaban tres películas e ingresaban dos personas con un solo boleto y el público abarrotaba el aforo de su sala para poco más de ochocientos cinéfilos que ocupaban la luneta y la galería. Por respeto a las costumbres religiosas, adentrada la Cuaresma, el cine cerraba sus puertas durante dos semanas. Cuando se inició el cine de cabareteras, las funciones las programamos a las once de la noche; sin imaginarnos que los mejores promotores fueron los sacerdotes al prohibirle a la gente que asistiera al cine. Antes de las once de la noche las calles aledañas al cine estaban vacías; pero en un momento la gente llegaba por donde quiera y pronto se llenaba el cine. Para el 2 de Febrero, Día de la Candelaria, la Empresa estrenaba películas cuyos protagonistas eran los actores más cotizados del momento. Encarnación se vestía de fiesta y por lo regular, el atractivo principal de la feria, eran las Corridas de Toros. Pues los señores, dejaban la familia en el cine, mientras ellos se iban a ocupar preferentes lugares en los tendidos  de la Plaza de Toros “El Progreso”, que estaba a una cuadra del Cine Alcázar. Los estrenos se anunciaban con vistosos “combites” por las calles, en los que los participantes llevaban llamativos disfraces para la ocasión. Recuerdo el día que se estrenó la película “El Padrecito”, cuyo protagonista es Cantinflas; para su convite publicitario  se paramentó una camioneta sin redilas simulando una parte de un templo, llevando al fondo y en alto, una canasta piscadora como púlpito, y métido en ella, revestido de “Padrecito”, quien iba anunciando la película. ¡Excelente Carro Alegórico que recorrió todos los rumbos de la ciudad! Tuvimos lleno completo durante varios días.

En el Cine Alcázar, los colegios Pablo Anda y Felipe Ramírez realizaban elegantes clausuras anualmente. Aquí bajo el cobijo de sus muros, también se desarrollaron varias “Comidas de la Ausente” y su foro, fue la mejor tribuna donde se presentaban excelentes variedades y en ocasiones hacían uso de la palabra los encarnacionenses distinguidos y hasta funcionarios públicos en su oficial visita a la Encarnación. Aquí se presentaban los artistas que traía la Caravana Corona que regenteaban las Hermanas Vallejo.  Pero, desde hace años el recinto enmudeció para siempre; tal vez esperando que negocios más prósperos vengan a sustituir todo lo que en su tiempo fue un éxito. Es la ley de la vida. Es lo ineludible. Todo tiene su tiempo y lo que ayer fue, hoy es historia.

 

 

El Buey Del Cuento

Ezequiel Hernández Lugo.

Cronista de la Ciudad de Lagos de Moreno.

El domingo 20 de junio de 1982 publicó D. Alfredo Hernández Terrés: “Una de las bromas laguenses que más impacto han causado en todos los círculos sociales, es la tarjeta en que se representa la Parroquia de Lagos, en que, en una de sus dos torres creció un nopal, y que según la vitriólica leyenda, fue necesario que el Alcalde don Diego Romero, a solicitud del pueblo, mandara construir una rampa de madera  y por ella subir  a un buey para que se comiera el nopal. La tarjeta de marras tiene la leyenda y además un espejo. En esa tarjeta hay una pequeña advertencia que dice: No se crea usted de este malévolo cuento (lo del buey que se subió a comer el nopal), porque se expondrá usted a que le digan: ESTE ES EL BUEY DEL CUENTO y le enseñen el espejito.

Esta tarjeta la han recibido, entregada a mano, altos funcionarios del gobierno, desde Presidentes de la República, hasta modestos recepcionistas  y gerentes de grandes empresas, etc.

Hace pocas semanas, dos o tres, el diputado por Laredo, Texas, gran amigo del Presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, le obsequió una de estas tarjetas. El señor Reagan, que lee y habla el español muy bien, con ese gran sentido del humor  de que siempre ha hecho gala, se rio y festejó la broma diciendo: “Seguramente este soy yo”, se puso la tarjeta en una de las bolsas del saco y le dijo al amigo: “Déjame ver con quien me desquito”.

Cuando se le entregó esta tarjeta al Profr. Hank González, Regente de la Ciudad de México, riendo hizo el siguiente comentario: “Está pequeño el espejo y no se me ven los cuernos”. El Secretario de Gobernación, Enrique Olivares Santana, rio de buena gana y dijo: “Qué bueno que no traje mis anteojos de ver de cerca”. El señor Lic. Miguel Alemán Valdés, Ex Presidente de México, con esa sonrisa tan especial que tiene, externó: “Ya conozco esta bromita, es muy buena”. En el último Congreso Nacional de Periodistas de Provincia, los Presidentes Municipales que recibieron la Presea “José López Portillo”, recibieron también la tantas veces mencionada tarjeta a solicitud de ellos mismos y fue necesario pedirlas a Lagos telefónicamente, para que fueran enviadas con un propio.”

Pues el Alcalde de Lagos, también ha incursionado en varios Congresos Nacionales de Cronistas de Ciudades Mexicanas.

Para la celebración del XVIII Congreso Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas, en el propio que se celebraba en las ciudades de San Miguel de Allende y San José Iturbide, se señaló la Ciudad de Lerdo, Durango, para la conmemoración del  Centenario de esta Ciudad Durangueña; pero no pudo realizarse por la delicada salud del organizador y el cambio político en la administración municipal de aquella ciudad; por lo que Ciudad Lerdo no aceptó la sede. Inmediatamente salió al quite el Cronista de la Ciudad de Zapopan, Jalisco, el Lic.  Salvador Silva Velarde; quien con la atingencia que le caracterizaba; ya fallecido desgraciadamente; consiguió el patrocinio del Gobierno del Estado y del Ayuntamiento Zapopano, para la realización del Congreso Nacional.

Era el 11 de agosto de 1995; hace veintidós años. Luego de los protocolarios actos de inauguración, se ofreció una comida en los jardines del Colegio de Jalisco. En la mesa de honor estaban: el Ing. Alberto Cárdenas Jiménez, Gobernador del Estado; D. Daniel Guillermo Iriarte Reynad, Presidente Municipal de Zapopan; el Lic. Alfonso de Alba Martín y el Lic. José Ma. Muriá, Ex Director y Director del Colegio de Jalisco respectivamente; y los Presidentes saliente y entrante de la Asociación Nacional de Cronistas, Lics. Miguel Ferro Herrera y Salvador Silva Velarde. Un Grupo de Cuerdas con italianísimas mandolinas y un coro, daban romántico ambiente a la reunión.

Entre los preparativos personales que llevo a todos los Congresos Nacionales de Cronistas, es llevar algunos objetos que motiven a los participantes a conocer Lagos de Moreno. Así lo he venido haciendo desde el año 1990. En esa ocasión, con el apoyo del periodista Francisco Javier Gómez Moreno, Director del periódico “Expresso de Jalisco”, se imprimió considerable dotación de la conseja “El Nopal y el Buey”, impreso a dos caras con dobladillo a la mitad. La portada era una ilustración del Mtro. Alfonso de Lara Gallardo. El buey subiendo por la rampa para comerse el nopal. En la página dos, una sinopsis de Lagos de Moreno. En la página tres, la Conseja -cuyo autor estaba sentado en la mesa principal-. En la parte inferior, la pregunta: ¿Quieres conocer al Buey de la Conseja?; pues dale vuelta a la página cuatro. Allí  iba pegado un espejito.

Y fue en esa comida en el Colegio de Jalisco, plena de autoridades del Gobierno del Estado, municipales y cronistas de todos los rincones de México, en que una vez mas se difundía la Conseja Laguense a nivel nacional. Yo estaba temeroso de lo que pudiese ocurrir; no era para menos, ante la presencia del Lic. Alfonso de Alba. En el intermedio, hice uso de la palabra y presenté el libro “El Alcalde de Lagos y Otras Consejas” y al Autor de la obra,  quien nos honraba con su asistencia. Hablé de la obra literaria del Académico Laguense y de los beneficios que acarreó a Lagos en sus dos periodos como Secretario de Gobierno del Estado. Al término de mi intervención, una cerrada ovación hacia el Lic. De Alba Martín llenó todos los espacios del Colegio de Jalisco.

Aprovechando la algarabía de los comensales, me di a la tarea de entregar de mano “La Conseja del Espejito”. Quien primero la recibió fue el Ing. Cárdenas Jiménez; luego, el Presidente Municipal de Zapopan, el Lic. Alfonso de Alba y después, a  todos los comensales. Así “El Alcalde de Lagos”, llegaba, a través de los Cronistas, a todos los rincones de la República Mexicana.

Los años han pasado y todavía, algunos Cronistas de Ciudad, cuando anualmente nos encontramos, me piden la “Anécdota del Espejito”. En ese Congreso Nacional, hace ya veintidós años, presenté dos trabajos  literarios: “La Parroquia de la Asunción de Lagos” y “El Cronista de la Ciudad y los Programas de Historia Regional de la Secretaría de Educación Pública”; mismos que fueron publicados en la Memoria del Congreso.

Luego que presenté el segundo trabajo, entre los asistentes estaba la Mtra. Sofía Valencia Abundis, Diputada por Jalisco en la LVI  Legislatura Federal quien al final, me invitó a darlo a conocer en las “Mesas de Análisis en Materia Política y Legislación Cultural”, que preparaba en el Palacio Legislativo la Diputada Dulce María Sauri Riancho. El trabajo lo registré con el número 429 y lo presenté para su discusión bajo el título “La Historia Regional en los Planes Educativos para un Verdadero Rescate, Difusión y Defensa de Nuestros Valores Culturales”. Posteriormente, apareció el trabajo publicado en la “Memoria de Mesas de Análisis en Materia de Política y Legislación Cultural”. La obra fue impresa en los Talleres Gráficos de la Cámara de Diputados en el mes de agosto de 1996, a cargo y responsabilidad del Lic. Ramiro Pineda García, Coordinador General de Comunicación Social de la Cámara de Diputados.

Conozca al Tío Juan.

Ezequiel Hernández Lugo.

Cronista de la Ciudad de Lagos de Moreno..

Muchas de las actuales y variadas actividades de los laguenses no eran desconocidas en las familias de la región; pues ya se practicaban desde los años de la Colonia. Al producto que habré de referirme, la única diferencia radica que hoy, al impulso de la tecnología, ahora se industrializa y antes, al cobijo de la paciencia y preces de las recoletas Monjas Capuchinas, adobados entre recetas familiares, salían de las manos de las venerables monjas, exquisitos manjares que iban a parar a los elegantes comedores de las casonas coloniales.

Nunca les faltaron a las religiosas, la leche y la carne de las haciendas laguenses; así como flores, frutas y verduras de la estación; sin faltar el pescado de la Laguna de Perchititán. De ahí que de los fogones y anafres conventuales, atendidos por las monjas cocineras, salían exquisitas empanadas; agua del berro  renacido entre los cimientos conventuales del río, de arroz, de cebada, de chía, de membrillo o de naranja agria; así como alfeñiques, dulces, quesos, cajetas y derivados de la leche; sin faltar, el digestivo jocoque. De ellas lo aprendieron las damas laguenses; quienes las trasmitieron a sus hijas y nietas y así llegó a nuestras abuelas hasta llegar a nosotros.

Además de cocineras, entre los oficios conventuales había: Despenseras, enfermeras, refectoleras, veleras, roperas y hortelanas. Sus horas dedicadas a la oración estaban distribuidas en Mayores y Menores. Las primeras, eran los Maitines, los Laudes y las Vísperas. Las segundas,  Prima, Tercia, Sexta y Nona. Tenían también sus horas de canto, música, costura y bordado. Importante: No tenían servidumbre y nunca debemos olvidar, que eran religiosas de “Clausura.”

Pues heredero de algunos de estos quehaceres conventuales es el personaje que hoy les presento. D. Juan Aranda Flores, quien desde sus inicios, a base de sacrificios, esfuerzos, desvelos y dedicación, ha logrado construir una empresa que se inicia como familiar y actualmente, en temporadas buenas, es fuente directa de trabajo hasta para mas de cien laguenses. No tomo en cuenta, el trabajo indirectamente generado.

El Industrial laguense D. Juan Aranda Flores nació el 1º. de agosto de 1953 aquí en Lagos. Sus padres, D. Heriberto Aranda Becerra y Da. Delfina Flores, quienes vivían en la Huerta de Portugalejo, propiedad de su padre. Su ocupación era la agricultura.

Sus abuelos maternos eran D. Martín Flores Almaguer y Da. María del Refugio Gómez; vecinos del rancho El Soyate. Sus abuelos paternos, Da. Juanita Becerra y D. Juan Aranda González, el “Agricultor Ejemplar” de quien hablamos anteriormente y que considero importante recalcarlo; porque influyó en el modo de ser y actuar de su Nieto, D. Juan Aranda Flores y por qué no, en el carácter de toda su descendencia. De su abuelo aprendió, el amor a la tierra y al trabajo, la tenacidad en la ejecución de sus proyectos y coraje para llevarlos a la conclusión por increíbles que parecieran.

Como recuerdo final del abuelo agrego: “Sabía usted  que D. Juan Aranda González  fue el   primero en enviar leche de los establos laguenses, a la Ciudad de México? La enviaba congelada en bloques de hielo y en tren; además, junto con D. Abraham Vega fue de los pioneros en establecer las cremerías en Lagos. Su establecimiento estaba frente al Mesón del Gato, por la calle 5 de Mayo; antes, calle del “Reboso” o de la “Garita de Arriba”. Entre las calles del “Calvario”, hoy Agustín Rivera” y la de la ·Salida a la Encarnación, o La Villita”; hoy Luis Moreno.

  1. Juan Aranda Flores, a la usanza de su época, a los pocos días de nacido, fue bautizado en la Parroquia de la Asunción el día 15 de Agosto; fiesta principal de la Patrona del lugar. Sus primeros pasos los dio en Portugalejo; entre los sembradíos de su padre D. Heriberto e inquisitiva mirada de su abuelo. Estudio la primaria en la Escuela Francisco González León, tan solo hasta tercero,  con las Maestras Luna y la Señorita Cecilita. Algunos de sus compañeritos fueron Luis Zamora y Jaime Olveda. Pasó su juventud entre la Huerta de Portugalejo y la casa del abuelo de  la 5 de Mayo en Lagos. Sus pasatiempos eran el juego de beisbol o cabalgar por ahí, en La Forestal y Santa Elena, en compañía de José Rincón y Juan y Ángel González.

Bajo las sabias orientaciones de su abuelo, quien fue su primer Patrón, conoció los secretos de la agricultura. También trabajó en La Danesa, con D. Paco Vega. Ahí aprendió hacer helados de diversos sabores. Se aficionó a la lectura; sobre todo de libros de editoriales holandesas referentes a la producción de derivados de la leche; sobre todo, tratados  de la trasformación de la leche en dulces, quesos y otras variaciones.  Hasta que ya viviendo en El Arenal, se aventuró a la elaboración de dulces y sobre todo, el aprovechamiento de cuarenta litros de leche y su rendimiento. También se dedicaba a la engorda de pollos;  les compraba el alimento con Salvador Gómez.

Lo que nunca olvida y que para él, ha sido  importante en la vida, que su mas fiel y mas entusiasta  colaboradora y siempre lo ha animado, ha sido su esposa Da. Martha Hernández Capuchino; también su cuñado  Juan de los mismos apellidos.

Luego que el mismo se comprobó que sabía hacer dulces de leche; comenzó a elaborarlos en su casa allá en El Arenal donde instaló incipiente y pequeña fábrica en la que además de jamoncillo, luego se aventuró con la cocada, la cajeta y el ate de guayaba resultando todo un éxito. Con los años, fueron creciendo los pedidos; por lo que tuvo que mudarse al Plan de los Rodríguez, instalándola y creciéndola en forma. D. Juan Aranda Flores es un orgullo para Lagos; pues los dulces del “Tío Juan”, ya están presentes en todos los Estados de la República.

Un siete de enero, en la Parroquia de la Asunción, el P. Lorenzo Dávalos, de inolvidables recuerdos para quien esto escribe, lo casó con Da. Martha Hernández Capuchino y en su matrimonio han procreado a: Manuel, quien a su vez casó con Juanita Mena. Esmeralda, Licenciada en Administración de Empresas y que casó con Ramón Mata y son padres de Kévin, Sofía y Dillan. Mauricio que casó con María de la Luz Mena; padres de Nataly y Jimena. Juan Martín, casado con Esperanza Padilla, padres de Isabel y Juan. Y Fidel, quien cuando escribí esta nota, aún estaba soltero.

Esto ha sido una breve semblanza de un laguense ejemplar; quien viniendo de abajo, gracias a su tenacidad y esfuerzo, ha construido una empresa  que ha multiplicado los empleos en Lagos y su producto “El Tío Juan”, es fiel representante laguense que ya se encuentra en todos los rincones de México. D. Juan Aranda Flores es un ciudadano  que por muchas razones; y sobre todo, por  su trabajo y dedicación, debe ser reconocido. D. Juan Aranda Flores es legítimo y verdadero aspirante a recibir los Reconocimientos de la sociedad y autoridades.

Los productos del “Tío Juan” han vuelto a pasear por las calles de Lagos, las antojadizas y sabrosas golosinas, que otrora hicieran dentro de los descomunales muros del convento, las piadosas y recoletas Monjas Capuchinas.

 

La Manga y El Charco de Los Adobes   

Leonel Michel Velasco

Cuando El Grullo era más naturaleza, allá por los años 60’s y principios de los 70’s, al norte del poblado, atrás de la capillita, pasando la antigua cancha de fútbol de los seminaristas, cada año, en la época del temporal de lluvias, se formaba el arroyo La Manga, una refrescante corriente de agua que aprovechaban los deportistas sedientos, y desde luego, toda una aventura para niños y adolescentes. Era el arroyo más cercano a El Grullo, y que desembocaba al llamado “Charco de los Adobes”, ubicado junto a un asentamiento habitacional en ese entonces de los más indigentes, situado a las orillas en la parte noreste, rumbo a la noria de donde se extraía el agua zarca trasportada en pipones a los hogares grullenses y a los cántaros de barro cocido que la conservaban muy fresca. Algunos, por aquello de los bichos y la tierra que obviamente contenía, la sudaban por los llamados “filtros” de piedra porosa volcánica. Más hacia el este, siguiendo la corriente del vertedero de aquel charco de los adobes (hoy, a un lado de la Avenida Chayito Díaz Rosas), se conectaba con la afluencia de dos grandes arroyos El Tigre y El Colomo (donde acudían hasta más allá de la noria, gran parten de la población, unos al Colomo otros al Tigre o en la afluencia de ambos, lugar llamado “el paso”, otro la tablaza en fin en el ramal de los arroyos, varios lugares con sus nombres específicos unos a bañarse y/o lavar la ropa sucia, la propia y la ajena) que con gran caudal juntos como hermanos los tres arroyos continúan bajando hacia el sur para nutrir al río Ayuquila, otro cercano lugar de esparcimiento que rodea al pueblo y que  actualmente en alguna de sus orillas existen ya asentamientos habitacionales.

Junto con los canales de riego, El Grullo está rodeado de agua, nada en ella, situación que amortigua temblores. Además de las actuales filtraciones del canal, de tiempo atrás dentro de la población un ojo de agua, el llamado Pocito Santo, situado al noreste, en el barrio con el mismo nombre fue un lugar pantanoso, en la mayor parte del municipio la profundidad del manto friático es de entre dos a seis metros; cabe señalar que los canales de riego alteraron el curso de la naturaleza pozos y norias de los cuales se abastecían los habitantes de la población, cambiaron su calidad de agua, fuentes que desde luego ya no volverán. En la actualidad y desde hace alrededor de cuarenta años, se cuenta con el agua entubada más pura, cristalina y natural que nos llega desde la sierra de Manantlán,(ojala de esta nos dieran todas las purificadoras locales, por decreto municipal) sin embargo, es poca con la que se cuenta, pues se distribuye entre las poblaciones de tres municipios, de origen solo era de El Chante, El Grullo y El Limón.

 

El Charco de Los Adobes

Seguramente aquí al pie del cerro recibiendo el agua del arroyo de La Manga, se amasó el barro junto con pajoso de equinos y zacate, para construir los crudos y grandes adobes con los que se construyeron la mayoría de las térmicas y flexibles primeras casas, desde la que fue la “Hacienda Zacate Grullo”, de Doña Ignacia Michel hija heredera de Don Pedro Michel, construcciones a prueba de temblores que ni cimientos requerían. Con el paso del tiempo, al dale y dale, extrayendo grandes cantidades de barro, se fue conformando el Charco de los Adobes; seguramente así fue.

Siendo un estudiante de preparatoria, en una ocasión caminé corriente abajo, el arroyo La Manga, desde la otrora cancha de los seminaristas hasta el Charco de los Adobes, cavilando en un gran parque: alrededor de la cancha de los seminaristas entre la arboleda construir mesas de cemento unas de pin pon, otras propias para jugar ajedrez o tablero que a la vez utilizarían los comensales, junto con asadores de carbón, columpios y demás juegos infantiles preferentemente artesanales, propiciando la convivencia familiar el deporte y sana recreación; abarcando hasta el charco de los adobes que en aquel entonces era una belleza de lirios flotantes, patos y garzas silvestres. El parque lo imaginé continuando el periférico (libramiento) por detrás del camposanto, el arroyo la manga y el charco de los adobes hasta conectar a la carretera a GDL a la altura de la carretera a Ejutla, sin duda un proyecto muy ambicioso.

Continuando con El Charco de los Adobes, dada la publicación en este medio de una fotografía del recuerdo, donde aparece más de una veintena de chiquitines en puro calzón, junto con la alcaldesa Chayito Díaz, en 1977, uno de ellos se reconoció Filiberto González Guerrero, (con camisa blanca) quien con alegría nostálgica me refirió sus gratos recuerdos del Charco de los Adobes, siendo el punto de reunión diario donde se pasaban horas y hora más de una treintena de chamacos del barrio y otros más. Relata:

—Nadábamos que era un contento, la mayoría aquí aprendimos a nadar, competíamos atravesando el charco haciendo vereda entre los lirios, nos aventábamos clavados desde una bardita y a la sombra de un guamúchil. En una ocasión a un compañero se le ocurrió hacer una lancha con unas tabla pegadas con chapopote, y sí, sí funcionó; a mí me dieron la comisión con un apaste de sacar el agua que se metiera… empecé lento y al rato ya no me daba abasto, hasta que se desbarató la canoa y todos fuimos a dar al agua—.

— No supe quien sembró los peces (chopas, pez de temporada) que con rudimentarios anzuelos con un corcho para que flotara y una piedrita para darles peso y aventarlos… de carnada les poníamos un pedazo de lombriz que a orillas del mismo charco encontrábamos. Pescábamos sin mucha dificultad, en una ocasión un amigo ya mayorcito llevó una red y ahí desde la orilla cada que la aventaba extraía más de una docena, pronto llenamos dos baldes a lo que le dije que mejor los regresara que para mi y mi familia con unos cuatro teníamos, ya que eran de un buen tamaño—.

—Cuando llegaban las secas y el arroyo la Manga dejaba de fluir, El Charco se iba consumiendo formándose una ciénaga donde tomábamos pescado con las manos. Al secarse quedaba un extenso amortiguador de lirio, donde jugábamos fútbol todos descalzos y con un balón de voleibol, donde a cual más, queríamos ser porteros en nuestra cacha acolchonada; un señor que tenía sus tierras cerca del charco que ha diario pasaba por ahí y en ocasiones se quedaba observándonos, un día me llamo y me dio un balón propio del fútbol profesional diciéndome, que yo era el encargado pero que era para todos y, pues tuvimos que “mercarnos” nuestros huaraches ya que este no podíamos patearlo a raíz, con el tiempo supe que a este señor le decían el Prieto Figueroa; aquí también teníamos nuestro rin de lucha libre, nombrándonos como: El Santo, otros El Diablo Velasco (que en verdad era oriundo de El Grullo), El Médico Asesino, El Mil Máscaras en fin, todos los que estaban de moda en esos tiempos.—

—La Manga disminuyo su cauce llegándole solo un incipiente hilito y El Charco dejo de existir; los ganaderos hicieron sus represas arroyo arriba para almacenar el agua de lluvia y con ello dejé mi adolescencia—.

Hoy lo que fue el charco está lleno de casas, aunque es poca el agua de la manga se desliza lloriqueando al encuentro del colomo y el tigre, quienes a la fecha continúan inalterables.

Sentidas perdidas para todos aquellos que amamos más a la naturaleza, que al dinero y el progreso, en aras de ello, le hemos obligado a la naturaleza a tomar otros rumbos y muchos de ellos inesperados, impredecibles. Razón por la que existen las áreas protegidas como la sierra de Manantlan, esperemos se siga conservando inalterable.